¡Impresionante!: El periodismo adjetivado

Los ánimos del país parecen arder en llamas cada vez que una noticia potencialmente indignante enciende la chispa. Poner la lupa sobre la realidad siempre genera una concentración de fuerzas capaz de hacer arder la piel, a veces con un foco manipulado. Desde hace unas semanas, el país convive con el vaivén de las noticias derivadas del paro de Avianca, declarado el 20 de septiembre por cerca de setecientos pilotos agremiados en la ACDAC —Asociación Colombiana de Aviadores Civiles—. El paro de los pilotos completa un mes y ya goza de una creciente impopularidad entre los grandes medios nacionales, a quienes no les ha sido difícil tomar partido —mientras informan— y adjetivar sin rodeos.

En la radio, el famoso periodista Darío Arizmendi saluda al empresario y mayor accionista de Avianca, Germán Efromovich, como “Don Efra” al inicio de una entrevista, al tiempo que califica la situación con adjetivos que van del “gravísimo” al “impresionante”; mientras tanto, uno de los miembros de su mesa de trabajo prefiere hacer énfasis en el “absurdo”. Los adjetivos se enuncian como si los periodistas fueran parte de la mesa directiva de Avianca y no lo que deberían ser: periodistas que informan. En las noticias virtuales, algunos medios asemejan el paro a una tormenta tropical a punto de convertirse en huracán y otros hacen hincapié en lo que este le cuesta a la economía nacional.

Entonces el país arde, se enciende la cólera y la gente asume opiniones como informaciones y, así las cosas, la ‘opinadera’ se atraganta con una realidad de la que le quedan las sobras. No solo pasa con los temas que paralizan al país por alguna de sus venas vitales, como el transporte, sino con sus venas en sí mismas.

Tan solo hace unos días, el 5 de octubre, siete campesinos fueron masacrados en zona rural de Tumaco, Nariño, en confusas circunstancias en las que intervino la Policía. La noticia se mantuvo en vilo en las redes informativas independientes, como un rumor difícil de creer por la gravedad de los hechos. Los dos millones y medio de dólares diarios que por esos días dejaban de volar a las cuentas de Avianca durante el paro se vieron aterrizados cuando el país impactó con su realidad: que se sigue matando contra y pese a todo, y que con impresionante frecuencia quien lo hace es el propio Estado.

Entonces, la noticia de Tumaco dejó de ser una preocupación de los medios “chiquitos” y dio la zancada a los grandes medios de comunicación que se encienden cada noche en las salas de los hogares colombianos. El ruido que generaba la masacre en redes sociales, por el hormigueo del copie y pegue de los usuarios, no pudo ser ignorado por mucho tiempo y, como si sufrieran de un daño en la señal, las notas periodísticas, los reportes, los informes especiales sobre Tumaco, empezaron a aparecer en diferido. La masacre de Tumaco se volvió tema de interés público, y con él resurgieron otros como los cultivos ilícitos, el abuso de la Fuerza Pública, la debilidad estatal, las Farc, la paz y hasta el castrochavismo —siempre necesario para ciertos intereses—, los cuales volvieron a levantar los ánimos.

Hay quienes ponen y quitan temas de la agenda pública como platos de una mesa; esa suele ser la finalidad de los consejos de redacción. Allí el tema más caliente se sirve primero para picar la lengua. El periodismo, encargado en principio de informar, siempre será un apasionante juego de poderes. Y así vivimos —no sin mucha falta de conciencia de ello— , pensándonos cada vez más informados de una realidad que se acomoda estratégicamente, como una batalla naval desecha y avala noticias a diestra y siniestra.

Pero, bueno, “tenemos los periodistas”, dirían algunos, para que nos pongan los hechos pertinentes sobre la mesa con el fin de conocerlos y con suerte comprenderlos. La mala suerte es que ante tal responsabilidad, los susodichos sucumben —no pocas veces— ante la rapidez del adjetivo, siempre dispuesto a arremeter sin hacerle justicia a la realidad o, quizá, solo a la propia… ¡Increíble!, jummmm, que solo nos quede el adjetivo frente a los hechos.

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