Los jóvenes se alejan del folclor

El periodista Juan Mosquera se pregunta por qué los jóvenes se alejan del folclor y cómo se podría incentivar de nuevo el amor por lo ancestral.

Melissa Gualdrón Cañizares*
Juan Mosquera Restrepo  y Toto la Momposina.

Juan Mosquera Restrepo y Totó la Momposina.

Juan Mosquera Restrepo nació en Medellín, es comunicador social y periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Además, se ha desempeñado como cronista y columnista de opinión en El Colombiano, La Hoja de Medellín, El Mundo y Las dos Orillas. Cada medio en un momento diferente. Ha sido productor de radio, documentalista, guionista y director de televisión, trabajos suyos hacen parte de algunas antologías y compilaciones de periodismo narrativo en Colombia.

Participó como invitado en el Festival de Periodismo Gabriel García Márquez, que se realizó los pasados 28, 29 y 30 de septiembre. Allí fue moderador de un conversatorio llamado Lo único mejor que la música, es hablar de música, donde, junto a Totó la Momposina, cantadora colombiana, recordó cómo la obra de Gabo se vio influenciada por las canciones de la costa Caribe, en las que inspiró su universo macondiano.

La pérdida del sentido de pertenencia por la música tradicional, identificada en la juventud, según él, lleva a Mosquera a un profundo análisis, buscando el por qué los jóvenes se alejan del folclor y cómo se podría incentivar de nuevo el amor por lo ancestral. Juan, teniendo en cuenta su relación con Totó la Momposina, se acerca a la idea de generar en la juventud un nivel de conmoción para así involucrarlos en las tradiciones musicales del país.

¿Considera que actualmente se le da a la música folclórica el valor que merece?

Yo creo que es asunto ambivalente porque, por un lado, hay una gran corriente de rescatar las músicas identitarias, pero en un sentido muy utilitarista, es decir, es un poco ‘snob’ la mirada que hay ahora sobre la música tradicional. Eso es lo que legitima ejercicios que son muy válidos como el de Bomba Estéreo y otros más, que realmente no están haciendo tampoco música vernácula, de esta tradicional, sino que es como la progresión, pero bajo una estructura del mercado. La música realmente tradicional, lo que encarna alguien como Totó la Momposina, todavía sigue siendo un campo que se mira más desde la antropología musical. Tal vez sea más reconocido afuera, eso es algo que puede decir una persona como Totó, todavía necesitamos la validación de alguien de lejos para sentir que lo nuestro vale. Totó, que le abrió la puerta a todos los demás, no habría sido la que fue si Peter Gabriel no la hubiera puesto a pasear por el mundo en 1992.

¿Por qué cree que los jóvenes hoy  se alejan tanto de los ritmos nacionales?

La oferta predominante, que no necesariamente es la que a la gente más le gusta, hace que en las radios comerciales, la televisión, e incluso YouTube exista un gran fenómeno que se expandió y es la legitimación de la corrupción, lo que antes se llamaba ‘payola’, que es un fenómeno muy viejo, más o menos hace unos 40 años, se traduce a pagar para que suene su canción, que es considerado todavía un delito en Estados Unidos. Aquí se convirtió en una práctica común. Entonces, dentro del plan de promoción de alguien, de un nuevo artista de reguetón o no sé, tiene que poner en el presupuesto, no solo la producción de la canción, los músicos, el estudio, todo eso, sino que además tiene que reservar tanto dinero para pagarles a las emisoras para que suene la canción. Esto lo venden en paquetes de frecuencia, si quiere ser número uno vale equis millones. Por lo tanto, esa concepción de que está sonando lo que la gente quiere escuchar no es tan real. Lo mismo sucede con comprar seguidores en redes sociales, o número de vistas, cosa que el reguetón hace muy bien porque, entonces, lanzan una canción y a las cuatro horas, de manera impensable, tiene 38 millones de vistas, donde ni siquiera, pues, dándole clic con un montón de amigos van a lograrlo. Obviamente, esto ha generado una burbuja que hace que la gente crea que eso realmente es lo popular, es lo que le gusta a la gente; por lo pronto, es lo que se impone y eso distorsiona la visión de la realidad. Entonces, los jóvenes están alejados de lo identitario básicamente porque la oferta que nos inunda es una oferta, muchas veces, comprada.

¿Cuál cree que podría ser una estrategia para acercar la juventud a la música tradicional?

Yo creo que hay que contar historias, buscar conmover. Lo mismo que le sucedió al proceso de paz, o cualquier asunto, ya no hay que fabricar estrellas, gente inalcanzable, como lo hacía el pop, el rock de los ochenta y noventa; y otro tipo de géneros. Creo que, por ejemplo, cuando uno se acerca a una persona como Totó, y se da cuenta de que esa señora podría ser su abuelita, uno recoge un amor más grande, se da cuenta de que ella es una leyenda y, al mismo tiempo, una persona cercana, cálida, que puede ser de los suyos. Lo que nos hace falta es conocer y reconocer personas como ella, o como otras muchas que, casualmente, son mujeres, las que han llevado la herencia de lo identitario. Hay algo, por ejemplo, muy valioso que no hablamos en el conversatorio, pero que lo estábamos hablando antes con ella y es que, la memoria del dolor en Colombia la tienen las cantadoras. Uno ve el acto de perdón que pidieron las Farc en Bojayá y había una cantadora, el viaje de las víctimas a La Habana, y una cantadora, conmueve lo que no logran los papeles. Entonces, esa manera del juglar contemporáneo, que es el ancestral, logra tocar la piel y conocer las historias de vida de ellos ayudaría mucho.

¿Actualmente el Gobierno tiene algún programa que impulse la difusión de la música folclórica?

Hay estupendos programas de la Radio Nacional que lo pueden hacer, y que de hecho lo están haciendo; programas muy hermosos como Del canto al cuento, que hace Alberto Salcedo Ramos y que tiene una audiencia cada vez más grande, pero todavía hay que apoyar más la difusión, yo creo que hay más programas que no están tocando la puerta del que lo produce, sino la estructura. Desde el Gobierno, se apoya algo como Batuta, que se parece a la Red de Escuelas de Música de Medellín. Es un esquema para tener a los muchachos ocupados y enseñarles música, ¿pero qué música les enseñan? Música clásica, error. Es decir, está bien, es maravilloso, pero eso no es lo que nosotros somos, entonces nos hace falta que esos programas estén más enfocados al territorio, el problema de la mayoría de esos programas es que están pensados desde un escritorio, falta un poco más de tierra debajo de los zapatos.

¿Por qué cree que los jóvenes, para el caso de Totó La Momposina, por ejemplo, identifican las canciones, pero no a la cantante?

Yo creo que es porque es música ancestral, cantos que han estado en la siquis de la nación. Sucede con eso lo mismo que pasa con la música ‘de plancha’, que llaman. Uno no sabe por qué canta La maldita primavera, seguramente la mamá la ponía cuando estaba en la cocina y eso se quedó. Igual esta música, que es la música con la que bailaban sus papás, o con la que se enamoraron sus abuelos. Sonó en la casa de alguien y todo eso se queda. Los primeros siete años de un ser humano son definitivos, incluso, en los primeros tres uno es una antena recibiendo todo tipo de estímulos que se quedan, y muchas veces se manifiestan a los 30 o 35 años, lo que viene de atrás siempre lo tiene que enseñar un mayor. Uno hereda el gusto musical de su hermano, su papá, su tío, el abuelo, siempre hay alguien que llegó antes que uno, que es el que le va a enseñar el gusto por algo, y creo que ahí fue donde todos estuvimos expuestos a El pescador, por ejemplo, canciones que son lo que somos nosotros.

*Estudiante de Reportería y Redacción I.