Para hacer más bella la paz

Vale la pena escuchar estas voces, las del guerrillero raso, el que, como dice Atahualpa, “de tanto ir y venir, hizo una huella en el campo”.

Texto y fotografías:
Carlos Orlas
Estudiante de Ciencia Política
carlosandresorlas@gmail.com
La ZVTN parece irse adecuando para ser un vividero de farianos que homenajean a sus camaradas en cada acto cultural y en todo tipo de pancartas

La ZVTN parece irse adecuando para ser un vividero de farianos que homenajean a sus camaradas en cada acto cultural y en todo tipo de pancartas

Hace meses, antes de la presentación oficial del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), tuve la oportunidad de visitar como corresponsal de AMA (Alianza de Medios Alternativos) a la guerrillerada concentrada en la zona veredal de Carrizal, en Remedios, Antioquia. Entonces muchos excombatientes tenían la idea de quedarse ahí para cuidarse las espaldas [la vida] entre ellos, vivir como una familia y proteger la “franja amarilla” que han delimitado de manera artesanal en la Serranía de San Lucas (la única serranía que vierte aguas limpias tanto al Cauca como al Magdalena, corredor biológico de especies como el jaguar).

Vale la pena escuchar estas voces, las del guerrillero raso, el que, como dice Atahualpa, “de tanto ir y venir, hizo una huella en el campo”.

Teo, el político

Es el enlace político con lo que llaman “los civiles”. Tiene la elocuencia de un hombre que, además de haber leído, ha templado su ser en los trajines de un conflicto social y armado cuyas raíces siguen hundiéndose en lo agrario: “Me puse Teófilo por Teófilo Forero —me explica—, el compañero que en su momento dio un debate muy duro con un sector socialdemócrata del partido que condenaba la lucha armada y terminaba trabajando al lado del enemigo, dando dedo y todo eso. Él era muy lúcido”.

Teo es oriundo de Envigado. Tiene unos cuarenta años, veinticinco de ellos en la insurgencia. Su padre fue obrero de Cervunión en Itagüí y él, desde joven, participó de algunas incursiones subversivas en el barrio San Pío de Itagüí con los epelos, como se refiere a los otrora integrantes del Ejército Popular de Liberación. Cuando le pregunto si puedo mencionar su nombre en una crónica, me responde: “Hermano, es que mi acción ya es la política abierta, de cara a todo el pueblo”.

Me revela entonces su nombre de pila: Gustavo Adolfo Palacio Zuluaga. Y con su nombre, vuelve a lo suyo, a su discurso:

“En la guerrilla nunca dejamos de hacer política ni de luchar por la paz. Ahora queremos apostarle a la construcción de paz desde acciones pequeñas como el cuidado de la naturaleza. Queremos involucrar en ello a ingenieros agrónomos, ambientales y forestales, para que nos ayuden a mantener e incluso a ampliar esa franja amarilla que nosotros hemos trazado para proteger la biodiversidad que hemos podido reconocer en tantos años recorriendo Serranía de San Lucas.

Nosotros cogimos un baldado de pintura amarilla a base de aceite y empezamos a demarcar esa franja para proteger miles de hectáreas de selva que son el corredor biológico de especies como el jaguar, la danta, los manatíes. Y allí quedó vedada cualquier tipo de intervención humana que alterara este hábitat.

En un año de guerra se destruyen hectáreas que tardan ochenta años en recuperarse. Y nosotros tenemos algo de culpa, pero un solo bombardeo del Ejército provocaba un desastre apocalíptico en términos de la biodiversidad destruida en pocos minutos. Queremos restaurar el territorio a partir de la reforestación con especies nativas y otras de rápido crecimiento.

Lo otro es que esta zona es una reserva de oro, pero no vamos a entrar a criminalizar al campesino que vive de miniar. Imagínense cuánto oro hay que, en la mera construcción de este campamento, con dos paladas de la retroexcavadora, se sacaron algunos castellanos, apenas en la superficie. Entonces: ¡cuánta gana le llevarán a esto las multinacionales! Nosotros queremos que los campesinos puedan hacer otro tipo de minería porque ellos, a pequeña escala, también contaminan. Para eso debemos generar alternativas dignas.

La idea nuestra es involucrar a los campesinos en el cuidado de la biodiversidad y dimensionar al ecosistema como víctima la guerra.

Ahora, sabemos que nuestro enemigo no ha cambiado y siempre ha sido nuestro enemigo de clase, a muerte. Ellos siguen pensando en exterminarnos. Las veinticuatro horas del día que vivíamos en la selva estábamos expuestos a morir. Ahora también lo estamos, pero protegidos de mucho pueblo.

Kaimán, el poeta

—Kaimán con k —me dice—. Porque el otro es el animal.

Costeño, nacido en los Montes de María, lleva unos treinta años en la guerrilla. Con una pinta no muy militar, de boina y gafas, me recuerda a León de Greiff: Porque me ven la barba y el pelo y la alta / pipa / dicen que soy poeta… cuando no porque / iluso / suelo rimar —en verso de contorno difuso— / mi viaje byroniano por las vegas del / Zipa.

K. anda con su libretica escribiendo unos versos muy enamorados. Y muy patrióticos. Y rebeldes.

—Kaimán, ¿para qué la poesía en tiempos de guerra? —le hago la pregunta de Hölderlin, el poeta alemán.

—Porque en la guerra se necesita algo de humanidad —me responde.

—¿Y en tiempos de paz?

—Para hacer más bella la paz —responde entre sonrisas.

—En medio de la guerra, ¿te quedaba tiempo para leer, escribir, para arrebatarle versos a la muerte?

—En las postrimerías del conflicto, he tenido tiempo para el amor, para organizar mis ideas en favor de las búsquedas del pueblo. Somos un puñado de hombres y mujeres convencidos de que esta lucha rendirá sus frutos.

—Kaiman, en un libro que se titula Cristo con un fusil al hombro, Kapuściński narra que los guerrilleros que liberaron Mozambique del colonialismo portugués iban con fusiles para combatir al opresor y a la vez con libros para alfabetizar a su pueblo cuya mayoría era analfabeta. ¿Qué piensas?

—Ah, qué bonito eso. Yo creo mucho en la lectura, hermano, porque cuando armo un cerebro, armo un místico con fusil.

Zuleima, la militante

Es tímida, hermosa, de San Vicente del Caguán (Caquetá). La gran mulata con rasgos entre indígenas, ribereños y campesinos. Cuando la vi por segunda vez llevaba puesto el uniforme militar que muchos todavía se ponen de vez en cuando con toda naturalidad. Tiene dos hijos y, aunque es una mujer de pocas palabras, me compartió algunas acompañadas de sonrisas, silencios, dulzura y mucha convicción.

“Acá somos muchas mujeres y nunca nos han tratado como inferiores ni nada de eso. Ni como si solo sirviéramos para tener hijos, cocinar y quedarnos en la casa. Las Farc es una familia y ahorita que definamos bien lo del partido político seguiremos siéndolo para luchar por una vida con decoro para los campesinos. Ellos son nuestra base social. Dejamos las armas, pero no dejamos el espíritu revolucionario con el que nacimos”.

Fumando espera. Muchos guerrilleros fuman y charlan en circunstancias para ellos inusuales, custodiados por ONU y Ejercito, y esperando con incertidumbre un subsidio del Gobierno, hasta para comprarse sus cigarros

Fumando espera. Muchos guerrilleros fuman y charlan en circunstancias para ellos inusuales, custodiados por ONU y Ejercito, y esperando con incertidumbre un subsidio del Gobierno, hasta para comprarse sus cigarros

Agustín, el rapero

Nació en Ituango, municipio del nordeste antioqueño. Tiene veinticuatro años. Su abuelo, su padre y algunos tíos pertenecieron a la guerrilla. Su madre y otros familiares salieron desplazados del pueblo por amenazas de los paramilitares. La familia se asentó en la Comuna 3, Manrique, pero Agustín, porque lo sentía como un destino, ingresó a las Farc-EP y no quiso huir a la ciudad.

Canta rap porque un día vio a otro compañero, se inspiró, le pidió pista y se improvisó unos versos. Sus letras hablan de la ciudad, los jóvenes, el campo, el hambre:

Esto es pa los jóvenes que viven en cantidad / Encerrados por el humo que contagia la ciudad / Y como no tienen dinero porque el gobierno lo niega / Ellos meten marihuana acompañándose a ciegas.

Su misión se les agota y piensan que su vida es bella / Solo miran hacia el cielo y ven una linda estrella. / Niños llegan desplazados y piensan en un buen vivir / Y su madre en su conciencia sabe que van a sufrir / Ella todos los domingos se va para misa en bus / Y se arrodilla en ese templo a pedirle a su Jesús: / Que ilumine a sus hijos, que tengan un buen trabajo… / Y como no tienen apoyo solo miran hacia abajo.

[…]

Solo porque eres pobre no te dan valoración, / yo te invito gran amigo que hagamos revolución

Yo doy como el árbol fino…yo hago parte de las Farc, el ejército del pueblo, / déjate hablar de mi causa / solo mira pa delante, deja atrás todos tus vicios y serás un militante…

Miras tu querida madre brillar como un diamante, / ella llora de alegría porque soy un militante. / Ahora el barrio sigue contagiado y todos hacen hasta rumba y se quedaron con las ganas de mirarte en una tumba, / cogerás un nuevo rumbo y así nadie te ataja, lucharás por nuestro pueblo y por todas las clases bajas.

Para toda esa juventud perdida en las ciudades sepan que yo desde aquí, llevo oportunidades, / Para que tengan vivienda, para que haya educación, para que reine la paz y triunfe la revolución.

Andrea, poeta a dos manos

No se dejó entrevistar en cámara. Sin embargo, me compartió un poema que escribe a dos manos con su hija, un poema “al natural”. Esas palabras así, escritas como se puede o como le suenan o como le nacen, me recordaron a Pessoa: “Obedezca a la gramática quien no sabe pensar lo que siente”.

Este es el poema de Andrea, que, en el más bello instinto de la pluralidad, firmó como Andreas:

Tierra amada

Andando por los caminos de mí amada patria Colombia

Conocí tus secretos, viví entre tus entrañas

Brazos abiertos de espesa montaña que abrigaste mis noches brindándome el descanso después de la larga jornada.

¡Manto verde como la colcha de la vieja Mamá!

¿Cuántas noches fuiste testigo de mis angustias, sueños, alegrías y parrandas?

¿Cuántas noches y días fuiste trinchera en la Batalla donde sin clemencia la guerra te arrebataba el silencio plácido que brindas en tus entrañas, con bombas, cohetes y metralla?

Y aun así tú fuiste esa Vieja Mamá: abriendo tus brazos, recibiendo a tus hijos, aquellos que nacieron entre Helecho y Palmas.

¡Tierra Amada!

Hoy te pido perdón por haberte herido

Cuando por ignorancia mutilaba y daba muerte a tus especies que en tu seno guardabas como aquella madre que celosa cuida de sus hijos: protegiéndolos del perverso que no duda en maltratarlos.

Te abrazo hoy con cariño expresándote desde mi alma:

—Que haré de ti un gran monte verde

Tibio nido para todos

Como la colcha de la vieja Mamá.