Siete cabezas: la historia de un Apocalipsis interior

Este jueves 19 de octubre llega a salas del país el segundo largometraje del director de “El Páramo”, Jaime Osorio Márquez.

Por Iván D. Álvarez Tamayo
La película Siete Cabezas se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Varsovia, que se realiza desde 18 hasta el 20 de octubre de 2017. Imagen tomada del boletín de prensa de la película Siete Cabezas.

La película Siete Cabezas se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Varsovia, que se realiza desde 18 hasta el 20 de octubre de 2017. Imagen tomada del boletín de prensa de la película Siete Cabezas.

¿Usted sabe que el apocalipsis no habla de algo que va a pasar? Habla de algo que ya pasó, y que va a pasará una y otra vez, hasta que el hombre deje de existir… ¿Qué tiene que ver Marcos en esto? Marcos es el hijo del hombre y la bestia al mismo tiempo, dos cuerpos en uno, la batalla entre el bien y el mal, y esa batalla va a continuar hasta que uno de los dos se sacrifique. 

El fin de la vida y la tranquilidad, la llegada de la muerte y el caos, los problemas de la naturaleza a causa de los humanos y la naturaleza de los problemas humanos; esta arriesgada propuesta promete sumergir al público colombiano en una experiencia visual y personal que experimenta con géneros poco explorados por los cineastas nacionales: el drama y el suspenso psicológico.

Precisamente saliéndose de la corriente, Jaime Osorio alcanzó la fama internacional hace seis años. El éxito de su opera prima “El Páramo” se debió, entre otras razones, a la impactante mezcla entre el terror y la locura a la que se enfrentan un grupo de soldados enviados a recuperar una base hostigada por la guerrilla. Por su parte, en Siete Cabezas, continúan la oscuridad y la perturbación que caracterizaron su primera obra, pero el terror da paso a una más profunda exploración psicológica. “No me interesaba hacer otro ejercicio del mismo género. Sí, quería hacer algo inquietante, pero no dentro de los parámetros del terror formateado y normal. La ambivalencia de Marcos entre lástima y terror era algo que quería explorar”, explicó Osorio.

Marcos

Desorden de identidad de la integridad corporal, así denomina la psiquiatría a lo que padece Marcos, personaje principal de esta historia, quién a pesar de su timidez es el encargado de transmitir al espectador la visceral e intensa carga de su drama interno. Alexander Betancur, para quien Marcos representa su primer protagónico en el celuloide, nos describió a este peculiar guardián de la vida.

“Marcos, por el matoneo que sufrió desde niño, se aísla trabajando como guardaparques en un resguardo en el que no va a encontrar a nadie. Estaba allí por la tranquilidad, por la soledad, siempre con el conflicto entre el bien y el mal. No es que sea malo con los demás, su conflicto es consigo mismo. Es de una familia cristiana, entonces desde pequeño tiene su conflicto mezclado con las creencias de la familia. Cuando la gente se vuelve fanática de la religión, empiezan a ver en el otro al demonio. Es alguien que se considera a sí mismo un granito de arena para el apocalipsis, así que el título del filme es un pequeño abrebocas del personaje”.

De ahí que uno de los riesgos que planteaba el guion escrito por el propio Jaime Osorio, era atrapar al espectador a través de un personaje profundamente encerrado sobre sí mismo, motivo por el cual este realizador se involucró desde el principio en la escogencia del intérprete.

“Siempre parto de que sea un buen actor, pero esta vez también partí desde lo físico. El personaje de Marcos tenía que tener una fortaleza física por su trabajo y por lo que queríamos que generara: inquietud y temor. Pero por otro lado, tenía que ser una persona profundamente frágil, para que el espectador pudiera sentir empatía y compasión, así que escoger un actor de quien pudiera dar por sentada su capacidad actoral y me permitiera concentrar en lo físico no era fácil, hasta que encontré a Alex”, afirmó.

Sin embargo, el mismo Alexander reconoce que parte del personaje es resultado del trabajo conjunto con Osorio.

“Comenzamos trabajando desde lo corporal, desde la mirada, desde el cómo se relaciona, desde lo psicológico, desde la voz. Cierta timidez, cierta prevención, el no mirar directamente a los ojos, Marcos siempre está escondiendo algo con su cuerpo, no mira directamente, no se relaciona bien. Todas esas características son el resultado del trabajo junto a Jaime”.

Jaime

Poco a poco, Jaime Osorio Márquez ha ido posicionándose como uno de los directores colombianos de mayor proyección. El éxito de “El Páramo” le significó tener un agente en Hollywood, al que incluso se ha dado el lujo de rechazarle algunas propuestas de grandes productoras norteamericanas, “me han enviado muchos guiones, pero no he trabajado con ellos porque no me ha interesado lo que me han mandado: películas de terror muy normales, muy formateadas”.

Asimismo, Alexander Betancur reconoció la admiración que le despertó la forma de trabajo del cineasta caleño luego de trabajar conjuntamente en Siete Cabezas.

“Jaime es un gran director, por algo es el único que trabaja el género en el país. Es un muy buen director de actores. Muy meticuloso. Con él se trabaja como la filigrana: ahí, poco a poco, no te deja pasar una; pero te escucha, te deja proponer. Me llamó la atención la intensidad que tiene para trabajar. Me cuadró ensayos todos los días, reuniones todos los días, me puso tareas, me pasaba información sobre el desorden del personaje. Llegué a rodar con la seguridad de haber hecho un trabajo anticipado. Es muy disciplinado, eso me gusta mucho. Es de esos directores que se preocupan por el cine. De hecho algo me queda de él como una prédica: hay que ensayar, hay que llegar al rodaje con el personaje, no a ver qué pasa. Fue un trabajo muy bonito, edificante para mí como actor”.

Por otro lado, aunque Osorio afirma que no busca dejar mensajes con sus películas, sí reconoce que en ellas está todo lo que le interesa, lo que reflexiona y su visión sobre Colombia y el mundo.

“Digamos que tengo algo de social. Soy consciente de la desigualdad social de Colombia, pienso que es el problema más grande del país y la base social del conflicto. De eso se trató El Páramo. Los problemas no son los que se señalan tan fácilmente: la guerrilla, el narcotráfico. No son el enemigo número uno de una sociedad predeterminada. Hay un cimiento que genera todo eso y es la inequidad social. En Siete Cabezas no toco el tema porque es el paso siguiente: el pesimismo, la desazón. El problema ya no es cómo nos relacionamos obreros y patronos, cómo nos tratamos los humanos. El problema ahora somos los humanos. De lo que se trataría ahora no es de mejorar las condiciones de los humanos, sino de la biosfera. Somos 7.000 millones y en 20 años seremos más de 9000. Entonces el problema es entender que lo que le sucede a la biosfera, y a las otras especies, no es menos importante que lo que nos pase a nosotros. Ahí soy un poco pesimista sobre el ser humano”.

El Chingaza

Esa pérdida de esperanza se refleja en una experiencia visual ofrecida por un tesoro ecológico nacional. El Parque Nacional Natural Chingaza fue el escenario escogido para narrar esta penetrante historia. Las húmedas, friolentas y nebulosas condiciones climáticas de este refugio de vida no solo complementan la trama psicológica, además, marcan una continuidad con “El Páramo”, algo que confirmó el propio Jaime Osorio.

“No lo había considerado pero en ambas hay una línea común: la idea de encerrar a los personajes en espacios abiertos. Se trata de indagar profundamente en los personajes, que se expongan y que lo que salga sea lo peor, no encontrar muchas cosas buenas adentro. En Siete Cabezas, el parque natural representa un refugio de vida, mientras el mundo humano se destroza y se desmorona, y Marcos es el guardián de este refugio, de la vida. El camino va del refugio de la vida, al caos”.

Además, el manejo de la lluvia, la noche, el frío, la oscuridad y especialmente la neblina amplifican las emociones transmitidas al espectador.

“La neblina contribuye a encerrar a los personajes en sí mismos. Existe la posibilidad de que haya un mal exterior, alguien o algo ocultándose. Pero lo que hace finalmente es confrontarlos a ellos mismos, es decir, la maldad termina estando dentro. Los personajes van a buscar la fuente de la enfermedad, qué es lo que está mal, van al lugar más virgen a buscar esa respuesta, van a buscar la fuente de la muerte y ¿Qué es lo que se encuentran? A ellos mismos”, concluye Osorio.