El volcán de Arboletes tiene dueño

El Gobierno ha intentado comprarlo para protegerlo de la erosión costera, pero no se ha podido llegar a un acuerdo del precio con el dueño del predio.

Por Víctor Morales H – victoralfonsom36@gmail.com

Volcán de lodo de Arboletes
En el municipio de Arboletes, en el Urabá antioqueño, todo apunta hacia al volcán de lodo, desde las señales de la carretera entre Antioquia y Córdoba hasta los viejos murales que están en la entrada del mismo, donde se explican las supuestas propiedades curativas del lodo del volcán.

Aunque la Constitución Política de Colombia dice que el subsuelo le pertenece al Estado, este volcán antioqueño está ubicado en un predio privado que le impide al Gobierno intervenir en él, aun cuando existe la amenaza de la erosión costera. “Allí siempre ha habido un conflicto jurídico donde el Estado dice que no puede invertir porque es un predio privado”, asegura Diana Garrido, exalcaldesa del municipio.

Juan Carlos Tobón es el dueño del predio de 12 hectáreas donde está el volcán. El Gobierno ha intentado negociar con él en repetidas ocasiones, sin embargo no ha podido llegar a un acuerdo sobre el valor del terreno. Entre el 2013 y 2015, Catastro Departamental avaluó el predio en 1.500 millones de pesos y “el dueño estaba pidiendo 2.000 millones”, según la exalcaldesa.

Tobón, por su parte, asegura que el predio costaba  1.700 millones de pesos y que a la exalcaldesa no se le dio el precio correcto. Ante ese conflicto, “se habló de hacer dos avalúos más, pero no los hicieron por falta de recursos”, asegura Tobón.

En la actualidad se adelantan conversaciones entre Tobón, el alcalde Lorenzo Acuña y la Gobernación para tratar de establecer una alianza público-privada que permita realizar las obras para frenar la erosión y convertir el volcán en un parque recreativo.

Entre tanto, Tobón cobra por servicios de parqueadero, ducha e incluso vende el lodo del volcán en botellas de gaseosa con el argumento de generar ingresos para tratar de frenar, aunque sea de forma artesanal, la erosión marítima en la base del volcán. “El municipio nunca ha hecho ninguna inversión, han intentado, pero ninguna entidad del Gobierno ha hecho un gasto”, dice Tobón. Sin embargo, para la exalcaldesa el lugar es el mismo y Tobón “solo recibe la plata, pero no hay mejoras en el volcán”.

El volcán está rodeado de cabañas lujosas, las cuales pertenecen, en su mayoría, a personas que viven en Medellín. Sin embargo, vivir allí es un peligro por la inestabilidad del terreno, según Corpourabá.

En medio de esas cabañas y del olor a petróleo que sale del volcán, vive Sisto Manuel Silgado, el dueño de la casa que desentona entre las cabañas lujosas. “El único pobre soy yo. Toda esta gente tiene planta”, dice.

Silgado vive allí desde 1958, cuando el volcán estaba lejos de ser un atractivo turístico. En ese entonces, la gente se imaginaba que era una especie de monstruo que se devoraba cualquier cosa que cayera dentro de él. El hueco era más cerrado y profundo. Había que escalar más que ahora para llegar hasta el lodo. “En ese tiempo la tierra era de Moisés Reyes (un ganadero del municipio). La gente dice que el volcán tiene dueño, eso no tiene dueño, él apareció ahí por obra de Dios”, dice Silgado.

Reyes le vendió el predio a la Sociedad Antioqueña de Transporte, quienes comenzaron una obra para ampliar el cráter y dejar el lodo más cerca. “Eso no era así de grande, una casa que estaba ahí al lado se la tragó el volcán, se le hundieron los horcones (columnas de madera)”, cuenta Silgado.

Existen varias versiones sobre lo que motivó a la gente a meterse al volcán: que las vacas caían en el lodo y no se ahogaban, que un científico cayó por error mientras le hacía estudios y no se hundió. Que “un muchacho que es mudo salió corriendo y se lanzó, la gente gritó: ‘¡mierda se ahogó!’ Y todos estaban esperando la muerte pero él se hundió solo hasta los hombros y salió nadando, y desde ahí fue que se empezaron a meter”, recuerda Silgado.

Tobón, el dueño del predio donde está el volcán, tiene otra versión. Según él, todo comenzó cuando algunos miembros de la Sociedad Antioqueña de Transporte vieron en Europa, donde estaban negociando unos buses, un volcán turístico con características similares al de Arboletes. “Cuando regresaron del viaje le compraron a Moisés Reyes. Después de eso traían todos los fines de semana dos busetas de Coonorte con turistas”, dice Tobón.

“El volcán está en riesgo por el mar”

La erosión del mar que pone en peligro el volcán se debe a que las olas extraen la arena que está en la base del volcán, según el Centro de Atención Inmediata de Arboletes (SOS). Sebastián Valencia, comandante de la estación de bomberos, asegura que la ubicación del volcán lo pone en peligro. Está a menos de 100 metros de la playa.

Pese a su cercanía “no hay forma de monitorearlo”, según Valencia. Así lo han corroborado “Corpourabá, la Gobernación e Ingeominas (entidad encargada del servicio geológico colombiano)”.

En los últimos años, el volcán no ha mostrado signos de una posible erupción, pero el Centro de Atención Inmediata del municipio dice estar preparado para una eventual erupción o rompimiento del cráter. “Ya hemos atendido emergencias. Hay un cráter que está cerrado, ese es más líquido, más aguado; ahí se ahogó una niña cuando un tipo borracho se tiró con ella”, cuenta Valencia.

Al mencionar lo sucedido, Tobón asegura que en repetidas ocasiones ha solicitado el cierre total del volcán en horas de la noche. “Cuando comenzamos a cercar los vecinos se quejaron, entonces el inspector (de policía) de la época fue y colocó vallas  diciendo que por ahí podía ingresar todo el mundo”, dice. Añade que el problema radica en que la gente ingresa al volcán bajo los efectos del alcohol:   “Parrandean hasta las 4 o 5 y luego se van a meter allá. Ocurrió ese día, un tipo borracho se tiró con la niña, se le advirtió y mientras nos descuidamos él se tiró”.

“El volcán es medicinal”

Al fango del volcán le atribuyen supuestos sucesos curativos, dicen que es bueno para la piel, el cabello y que incluso quita los dolores del cuerpo. Silgado asegura haber visto cómo un joven fue sanado de viruela después de haberse bañado en el volcán.

El supuesto hecho ocurrió en medio de una excursión con 16 personas que venían de Medellín. La familia del joven llamó a Silgado para que lo llevara hasta el volcán. “Lo bañé, le unté lodo por todo el cuerpo. Al día siguiente lo llevamos otra vez y a los tres días estaba sequesito de la viruela”, cuenta Silgado.

El lodo del volcán es utilizado especialmente para la piel del rostro, lo que lo ha convertido en un producto apetecido por los visitantes. Para Melissa Duque, turista de Medellín, “el lodo del volcán es bueno para limpiar la piel del rostro”. Asegura haber sufrido de acné, pero que después de aplicarse el lodo por algún tiempo la infección desapareció. Y agrega: “no se puede dejar perder el volcán, que es un referente de Urabá en el departamento”.