La tierra prometida desde la mirada de Lox infiltradox

Esta es una agrupación de Urabá que recoge la influencia de un género contestatario, con un origen nada tropical. Resiste una región con muy poca tradición rockera.

Lina María Arias Hernández lina.ariash@udea.edu.co
Elkin Cuesta, Sebastián León y Jeison Álvarez, integrantes de Lox Infiltradox. Fotografía: cortesía.

Elkin Cuesta, Sebastián León y Jeison Álvarez, integrantes de Lox Infiltradox. Fotografía: cortesía.

Lox Infiltradox es una agrupación que inició en 2012 con el sueño de tocar un género escaso en la región; un punk agresivo y contestatario que reclamara por las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos.

Esta música, que surgió en Inglaterra en los 70 como mecanismo de desahogo para la juventud de la clase obrera, llegó a Colombia en los años 80, principalmente a Bogotá y Medellín; pero fue en esta última ciudad donde se consolidó como movimiento. Allí, ofrecía a los jóvenes marginados un grito de rebeldía contra la violencia y el narcotráfico.

Aunque el rock and roll llegó a Urabá desde la década de los 50 y hasta los 70, con los acetatos que traían los buques que atracaban en las costas de la región, su acogida fue mínima. La mayoría de los habitantes se inclinaban más por la música del Caribe y, al combinarla con ritmos tradicionales, se forjaron muchos sextetos.

Tuvieron que pasar casi tres décadas desde que finalizó esa oleada de influencias rockeras para que en la región, concretamente en Turbo, surgiera un grupo de este género. Fue a finales de 1998 con Sweet Venom. Solo tocaban ‘covers’, pero pasaron tres años y, por cuestiones académicas o laborales, los jóvenes que lo integraban tomaron rumbos diferentes. Camilo Morales, uno de ellos, intentó formar otras agrupaciones; pero esas bandas tampoco sobrevivieron mucho tiempo.

Luego, en Chigorodó, surgieron cuatro bandas: Esfinge, Código X, Sobredosis y Giros, formadas en los años 1999, 2000 y 2002. Código X tocaba desde música parrandera hasta rock. Esfinge ejecutaba ‘covers’ de Metallica y Nirvana, y de bandas de rock español. Sobredosis interpretaba temas de Korn y System of a down.

Giros sí tuvo temas propios que se basaban principalmente en las experiencias de sus integrantes. Entre sus letras, hubo una que se refería a la violencia de ese entonces. Carlos Enrique Henao, antigua voz de la banda, recuerda que ayudó a componerla. Fue sobre la muerte de otro músico. “Mi amigo y baterista de Esfinge y Código X fue asesinado por una bala perdida. Él estaba ahí en el momento en que unos paramilitares le iban a dar a otro; pero estaban forcejeando con el arma y se disparó: le dieron a él que estaba al otro lado de la carretera”, cuenta Carlos.

La escena del rock siguió su curso. Tres años después de que estas primeras bandas surgieran, varios jóvenes inspirados en los acordes de una guitarra y el estruendo de una batería decidieron producir música en Chigorodó, Turbo, Apartadó y Carepa.

En 2012, en Turbo, se escuchó por primera vez el punk de Lox Infiltradox. Su primer líder, Juan David Rodríguez (guitarrista), escribía algunas letras durante el bachillerato sin pensar que unos años después las tocaría junto a Elkin Cuesta (baterista), Niver Hurtado (vocalista) y Lisbeth Navaja (bajista).

No fue fácil para estos sacar la banda adelante en un lugar con una cultura diferente y donde los prejuicios rondan a la vuelta de la esquina, entre las iglesias y sus seguidores, las personas del común que miran por el rabillo del ojo a lo que es diferente y policías que piden requisas esperando encontrar con armas o drogas a jóvenes que solo llevan botas militares, crestas y ropa negra. “No creíamos recibir el apoyo de nadie por los prejuicios que existen sobre los rockeros. Solo queríamos tocar y que los poquitos que nos escucharan les gustara lo que hacíamos”, dice Juan David.

Encontraron, finalmente, un espacio en el Instituto para la Protección de la Niñez y la Juventud (Imupronj) en Turbo. Allí les brindaron un salón y una batería, pero hubo varias complicaciones. “No había espacio para nosotros, teníamos problemas con los horarios, a veces la batería no estaba completa o estaba encerrada en un cuarto y no encontraban las llaves. Cuando, por fin, nos dieron un salón solo para nosotros con batería disponible siempre, uno de los trabajadores de la UAO (Unidad de Atención y Orientación a Población en Situación de Desplazamiento) abría la puerta de atrás y nos insultaba hasta más no poder. Ahí tome la decisión de comprar la batería e ir a estorbarle a mi papá: él, por lo menos, nos apoyaba”, recuerda el líder de la banda.

¡Escucha lo que te digo!

Su debut frente al público fue en la Universidad de Antioquia, en un evento llamado Lunada universitaria, en 2012. Solo tenían canción y media para tocar, y los nervios al cien, igual que sus ganas de mostrarse. Los estudiantes los miraban raro por su forma de vestir, de tocar y por lo poco que entendían de las palabras que salían de la voz desgarrada del vocalista. Sin embargo, sintieron que lo hicieron muy bien.

Luego, con un repertorio más completo, tocaron en un evento llamado Terror night, en Chigorodó, en octubre de 2012. Allí tuvieron una mayor aceptación entre los jóvenes rockeros que poguearon al ritmo del punk. Desde entonces, siguieron tocando en los eventos regionales y ganando seguidores. En 2013, volvieron a ser invitados a la Lunada universitaria y a un evento contra la privatización de la educación.

“Trabajas para otro, por ti son sus riquezas, tu sueldo no te alcanza, pero no les interesa. Sostienes tu familia, tus hijos y tu esposa. Tienes varios empleos y no tienes casa propia”. Éste es un fragmento de la canción Pendejo uno de los  primeros trabajos compuestos por Juan David Rodríguez. Ha logrado ser la canción más reconocida de la banda entre la comunidad rockera urabaense. Está inspirada en los trabajadores explotados. Lo irónico es que la canción expone cómo, tanto el trabajador como el jefe, piensan que el otro es el “pendejo”.

Finalizando 2013, Lox Infiltradox ya habían logrado su objetivo: ser la primera banda de punk en Urabá con reconocimiento entre los jóvenes y tocar en todos los eventos de rock como una de las bandas más aclamadas entre el público.

La metamorfosis de un sueño

La banda tomó otro rumbo en 2014, con la salida de Niver Hurtado y la llegada de Jeison Álvarez como reemplazo en las voces. Este joven, estudiante de Gestión Cultural en la Universidad de Antioquia, no solo cantaba; también compuso canciones junto a Juan David.

Tomaron como ejemplo bandas guerreristas y sus letras agresivas. Principalmente, Los Muertos de Cristo, un grupo español que escribía inspirado en las violaciones a los derechos de los trabajadores y contra la explotación de las empresas en su país durante los años 80. Lox Infiltradox tomaron estas letras y las alinearon a las situaciones de los bananeros y los camioneros. Hicieron ‘covers’ de esa agrupación y escribieron letras sobre las injusticias sociales que azotan a Urabá.

“Caminando por las calles de esta gran región, la muerte está rondando con desesperación, asesinando inocentes, cercenando las familias, sembrando el terror pues la sangre es su comida”, dice una de las canciones de Lox Infiltradox, dedicada a los jóvenes que no tienen nada que ver con la guerra entre pandillas, pero que han sido asesinados en ‘limpiezas sociales’.

En ese nuevo proceso, lograron salir a tocar fuera de Urabá. Viajaron a El Carmen de Viboral, Copacabana y Guaduas (Cundinamarca) a tocar en bares y festivales. Sin embargo, poco después, por razones académicas, se desvinculó Lisbeth Navaja. Sebastián León, un estudiante de Licenciatura en Música, ocupó su lugar como bajista. Pero en 2015, desertó Juan David Rodríguez, dejándole el liderazgo a Jeison, pero con la condición de que sus letras no fueran tocadas.

Entonces, Lox Infiltradox se quedaron sin guitarrista ni segunda voz, y sin muchas de sus canciones. El grupo entró en una pausa. Dejaron de tocar en público. Sin embargo, “seguimos el proceso con las canciones que ya teníamos y, en la actualidad, compongo de manera individual. El baterista es la segunda voz y el bajista pasó a ocupar el lugar de Juan. Estamos sin bajista”, explica Jeison.

En agosto de 2016, regresaron a los escenarios. Fue en el evento Con rock vamos al parque, apoyado por la Alcaldía de Apartadó. El objetivo de sus integrantes es continuar. “Urabá es una tierra que ha sufrido muchísimos cambios, ha estado bajo dominios guerrilleros y paramilitares, dejando una marca en la región. Queremos que en nuestras palabras se muestre que hay jóvenes que hacen arte para que no haya más silencio. Más que crear un impacto local, buscamos crearlo a nivel nacional para que se vea que, en una región tan abandonada, hay gente que no tiene miedo de decir las cosas tal cual son”, dice Jeison.

Ahora están gestionando los recursos para hacer su propia maqueta musical y aspiran grabar un primer disco para lograr reconocimiento nacional para su punk de marca urabaense.

Historia publicada en la edición 04 de De la Urbe Urabá