Vicente Córdoba, un “dinosaurio” informativo de Urabá

Locutor empírico, periodista, comunicador. Vicente Córdoba es la voz de las noticias en la región. Historia de una vida frente a los micrófonos.

Liseth Zúñiga Batista (liseth2193@gmail.com@LisethAndrea21)
Vicente Córdoba. Foto: Liseth Zúñiga Batista.

Vicente Córdoba. Foto: Liseth Zúñiga Batista.

“…Doce del día dieciséis minutos. Ya volvemos con más en Radio Noticias del Litoral…”. En la buseta, todos escuchaban la voz potente y resonante del pasajero, quien sostenía un celular en su mano derecha y un computador portátil sobre las piernas. Sin duda, era Vicente Bladimir Córdoba Mena, locutor y periodista de Radio Litoral, en el municipio de Turbo.

Su pasión por narrar los deportes, las canciones y una que otra cuña radial han sido sus motivaciones. Lo descubrió en 1973, a los 11 años. Estaba de vacaciones donde su mamá, en Turbo, y en la escuela San Martín vio cómo los locutores de la época, Gil Antonio Pacheco Vargas y Juan Bautista Ortiz, narraban un partido de baloncesto en la emisora Ondas del Darién.

Al año siguiente, regresó a Quibdó, la ciudad donde nació y donde vivía con su papá, un funcionario de la Procuraduría. Pero por las venas ya le corría ese ímpetu por las comunicaciones: “Empecé a escuchar las noticias en las emisoras Brisas del Citará y Ecos del Atrato. La radio era mi compañía, todo el tiempo ensayaba y hacía locución en el colegio. Me volví un locutor empírico, tuve la oportunidad de incursionar en la radio desde que estaba en octavo de bachillerato, hasta la fecha”, cuenta Vicente.

Ecos del Atrato tenía un espacio dominical para niños llamado Mundo Infantil. “Yo fui un día a decirle al cura, que era el dueño de la emisora, que me gustaba la locución y, atrevidamente, le dije que yo era mejor que muchos de los que tenía ahí. Y el padre me dijo: ‘¡Sí! Tráigame un casete para escucharlo’. Se hizo el concurso para escoger locutor; quedé como locutor del espacio dominical junto a Carlos Arturo Buenaños Palacios. Sin embargo, a mi compañero lo dejaron en ese horario y a mí me ubicaron de lunes a viernes a las 5:00 de la tarde, horario donde cambié el tiempo de recreo por idas a la biblioteca para prepararme, y una hora de clases todas las tardes, porque salía a las seis, pero yo me iba más temprano para la emisora”.

Todero

Durante dos años combinó las clases de Fundición y Mecánica, que recibía en su colegio, con la emisión de los ‘tips’ de Guinness World Records y la programación musical en la emisora: “No me pagaban. Me gustaba y siempre me emocionaba cada vez que en la calle decían: ‘¡Te escuché!, ¡qué bien!’. Ese era mi pago. También me gustaba la narración deportiva; pero ahí no tenía espacio. Fue cuando decidí ir a Brisas del Citará, la emisora de la competencia, donde me permitieron ir al estadio y hacer camerinos en las trasmisiones. Así empecé con todo el cuento de la narración que me encanta”, puntualiza.

Terminó el bachillerato. Vicente siguió motivado con la locución y las comunicaciones. Decidió volver a Turbo donde había dos emisoras: Radio Prosperidad y Ondas del Darién. Se presentó y dejó sus datos en Radio Prosperidad; pero fue en Ondas del Darién donde lo contrataron en 1979. Le pagaban el mínimo de la época, alrededor de $3.450 mensuales más un adicional de $600 por dominicales y festivos.

La emisora le permitió comprar espacios y decidió hacer dos programas: uno de vallenatos y otro de deportes. “Así tuve la oportunidad de quintuplicar mi sueldo”.

Combinar periodismo y comunicación

El tiempo cambió y llegó la inconformidad, vendieron la emisora y los nuevos dueños no permitían la compra de espacios por los locutores. Las condiciones laborales se volvieron desfavorables. Dejó ese empleo e incursionó en las comunicaciones. En 1987, empezó como secretario auxiliar de la Secretaría de Deportes de Turbo, hasta 1990, cuando fue nombrado administrador de la Unidad Deportiva. Desde ambos cargos, ejercía como comunicador.

Al mismo tiempo, en Ondas del Darién empezó un noticiero y el nuevo director, William Martínez, lo llamó: “Era la oportunidad que siempre había esperado –recuerda Vicente–. En las mañanas, mientras estaba en la Unidad, organizaba las noticias, iba al mediodía, las presentaba y, como no tenía jefe, por las tardes iba a entrevistar funcionarios. Grababa, entonces, con una grabadora de casete y, entre la noche y la mañana, descargaba y hacía las noticias”.

“En Urabá y el Caribe, Todelar es noticia con Vicente Bladimir Córdoba”, recuerda con su voz potente. Todos los mediodías empezaba el noticiero con ese cabezote. “Así pasé todo el tiempo: entre noticiero, trasmisiones deportivas, entrevistas y jefe de prensa en todos los eventos deportivos del municipio”. Hoy cree que esa trayectoria le ha permitido pulirse en el periodismo y en su gusto por redactar, porque también enviaba a medios nacionales los reportes de todas las actividades deportivas que se realizaban en el municipio.

En 1995, asumió la jefatura de Comunicaciones de la Alcaldía. Combinaba las dos labores; pero su noticiero ya no era en Ondas del Darién, sino en Turbo Estéreo. No hacía reportería y convocó a otros locutores para llenar el espacio de dos horas. Como estrategia de comunicaciones, abrió un espacio en las noticias donde la comunidad se quejaba de la administración y él contactaba al funcionario encargado para que atendiera las inquietudes de las personas en el noticiero.

“Es importante que la gente sepa de la voz de quien sabe del tema, del experto y no del alcalde solamente. Hoy en día, hay comunicadores del alcalde y no de las Alcaldías; tienen el complejo de Adán: todo es histórico. Estando en la Alcaldía, me topé con muchos colegas periodistas que creen que por serlo se eximen de la ley, no quieren hacer filas, cumplir con los paz y salvos, en fin. Somos periodistas, sí, pero seguimos siendo personas normales, comunes y corrientes”, dice Vicente.

Las amenazas, la autocensura y la mordaza económica

Vicente Bladimir Córdoba junto a su hijo menor, David Alejandro Córdoba, quien narra fútbol e imita a su papá en la locución de noticias. Foto: Liseth Zúñiga Batista.

Vicente Bladimir Córdoba junto a su hijo menor, David Alejandro Córdoba, quien narra fútbol e imita a su papá en la locución de noticias. Foto: Liseth Zúñiga Batista.

Después de salir de la oficina de Comunicaciones en 1998, continuó de lleno con las noticias; pero en 1999 tuvo que irse de Turbo: “Me amenazaron. Cuando hacía el noticiero en Turbo Estéreo criticaba al alcalde de turno. Recibí una llamada, pero no presté atención. Después, a los 15 días, me encontré con un amigo que me dijo: ‘Vicen, lo de la llamada es cierto, ¡ponte pilas con eso!’. Me tocó irme. Gracias a los contactos que uno hace en el medio, me fui para Los Córdobas a crear empresa. Pero me di cuenta que no nací para eso porque me fue peor que a perro en misa. Monté una emisora y, a pesar de que era el único locutor, no era rentable. Competía con un megáfono que tenía el enemigo político de mi amigo. La competencia se iba para allá y no pautaba en la emisora mía”, cuenta Vicente. La emisora no le daba lo suficiente para vivir. Recuerda que tuvo que vender minutos con un teléfono de EDA.

“Lo paradójico del caso es que, siendo obligado a salir del municipio por los que denominé ‘sapos del alcalde’, podía viajar cada 15 días para ver a mi familia, sin ningún percance; aprovechaba lo barata que era la comida y les llevaba mercado. También pude resolver mi situación y así regresar a Turbo con tranquilidad”, explica Vicente.

En el 2000, volvió a tener un noticiero en Urabá. Esta vez en Caribe Estéreo. Hoy, sobre esa época de amenazas, dice que lo más grave no es que un periodista tenga que abandonar la región por la presión de un grupo armado, asegura que no han dejado de existir y que “con ellos se ha aprendido a cohabitar, a pesar de los diferentes actos de violencia”. Lo más grave, dice, es que “se vea limitado nuestro trabajo por la simple razón de no caerle bien a un político o empresario. Esa mordaza perjudica al periodismo como profesión”.

Tráfico de noticias, la guerra del centavo

En Urabá, la situación de los comunicadores y periodistas en ejercicio no ha sido fácil. Además de las presiones de grupos armados o de algunos sectores de la política, también han enfrentado una precaria situación económica.

“El comerciante ha creído que pautar en las emisoras o medios es hacer un favor. ¡Por Dios! Hemos llegado al colmo de tener que salir a ‘llorarle’ a un empresario para que paute en este u otro programa. No me ha tocado, por fortuna; pero sí he visto a muchos que inician esa carrera. O somos periodistas o somos negociantes. Pero el empresario de los medios de comunicación es el culpable directo del declive de la labor periodística”, dice Vicente sobre la guerra de centavos en la que se han tenido que enfrascar muchos periodistas de la región.

No es profesional, pero asegura que se ha capacitado y que por eso insiste en que lo primero que debe buscar un periodista es ser respetuoso con sus audiencias. Desde 2006, coordina Radio Noticias del Litoral y hoy asegura que, a pesar de que en muchas ocasiones las noticias en Urabá dependieron de lo que publicaran El Colombiano, El Mundo y uno que otro noticiero nacional que se sintonizaba en la radio, la labor siempre se ha hecho.

Ahora su sueño es trabajar en prensa escrita. En 2014, creó un medio llamado Contravía. “Me empecé a sentir limitado en la emisora; acá puedo decir lo que pienso. Los noticieros se han vuelto una máquina de publicidad, ajena a lo que debe ser un medio de comunicación. En Colombia, hay muy buenos periodistas; lo que no hay es buenos medios de comunicación”.

Entonces, además del noticiero y de su periódico –que nació con la idea de que fuera mensual pero ahora solo circula ‘cuando puede’–, en la radio conduce también Debatiendo por el Litoral que, como él lo define, “es una apuesta muy arriesgada”, ya que ni la emisora ni él ganan algo por la realización de ese programa. Sin embargo, asegura que la sintonía es muy alta. “Empezó a principios de diciembre de 2011 con mi compañero Edgar Genes. Es un programa donde opinamos de lo que pasa con los funcionarios de las Alcaldías y los invitamos para que hagan parte y la comunidad pueda preguntar. Somos responsables del programa y no tenemos pauta porque pierde total independencia”.

Su voz corre por el Urabá y llega hasta el Darién chocoano; incluso, según cuenta Vicente, le han ofrecido instalarse en esa región. Eso, por ahora, no está en sus planes; pero está convencido de que “el buen periodista siempre encuentra de dónde hacer noticia” y cree que para serlo, “además de ser buena persona, debe ser osado y con mucho compromiso. De nada sirve que alguien sea periodista porque no había nada más que hacer: será mediocre; al periodista le debe gustar el oficio. Ojalá, y en un futuro, se pueda unir un ‘dinosaurio’ como yo con la experiencia suficiente y un grupo de egresados a montar empresa para comunicar, informar y educar de la mejor manera a la sociedad y a Urabá que me hizo periodista”.

“…Doce del día veinte minutos. Regresamos con la información en Radio Noticias del Litoral…”.

Texto publicado en la edición 4 de De la Urbe Urabá