Para vivir la muerte con tranquilidad y ser eterno

Déjame decirte “mi viejo” por primera vez: siempre has sido más joven que yo; tuviste más fuerza, menos preguntas y más vida; cantabas y tocabas guitarra, andabas en motos de alto cilindraje a toda velocidad...

Ivannsan Zambrano Gutiérrez*

Carta a papá

Tu cuerpo hace metástasis. Morirás. ¿Morirás?… No, no lo harás, si crees eso estás confundido. Mi viejo, me hubiese gustado cantarte esa canción de Alejandro Fernández y decirte mi viejo. Pero la verdad es que esa canción no me gusta. Está llena de nostalgia. Déjame decirte “mi viejo” por primera vez, con cariño… aunque no sé quién es más viejo… siempre has sido más joven que yo; tuviste más fuerza, menos preguntas y más vida; cantabas y tocabas guitarra, andabas en motos de alto cilindraje a toda velocidad, disfrutaste de un mejor cuerpo; musculoso y tonificado —gracias a eso soportaste 6 infartos— y esos ojos azules o a veces verdes que te hacen e hicieron más guapo; tu emoción y tu sonrisa. Al final tuviste siete hijos, ¡hiciste posible siete “vidas”, siete expresiones de la vida! eres hermoso, y con los años te hiciste más viejo y yo te veo y me gusta lo que veo, pues, eso que veo seré yo en unos años.

Mis palabras no son mías, son del mundo, son expresión de la vida y por ende no son tuyas ni mías completamente. Nada es nuestro, ni si quiera “nuestra existencia individual”; la vida que es el Todo, es vida por sí misma y todo le pertenece a ella, en lo que nos corresponde le pertenece al mundo. Es por eso que esta carta es pública, pues nada es nuestro, todo es del mundo, además no hay nada nuevo debajo del cielo. Tu hiciste posible mi existencia y a través de esa existencia estas palabras te llegan, pero esa existencia, eso que soy “yo”, no es sino una expresión del mundo, de la vida, algunos llaman a esa vida Dios; la energía eterna y dinámica, la unidad o finalmente el Todo. Así que a través de mi todos te hablan, te agradecen y aplauden… ¿puedes verte a ti mismo? imagínate… caminas entre la multitud y todos te aplaudimos, te amamos —unos no te quieren o lo hacen a medias y es que no fuiste ni malo ni bueno, pero sí como todos, un poco de los dos, siempre somos un poco de los dos—, pero todos están ahí para despedirte, pues viviste y ahora, es hora de que sigas viviendo, pero de una manera distinta, ahora aplaudimos tu eternidad… ¿eternidad?… espera un poco, no se trata de que yo no acepte tu muerte o incluso la mía, sino de algo más profundo, pues no aceptarla significa que se está confuso y peor aún, que se “morirá” confuso, padeciendo algo que bien entendido no se sufre, se vive con tranquilidad y serenidad.

¿Morirás? No, no lo harás, si crees eso, repito, estás confundido. Viejo llevas muriendo toda tu vida, comenzaste a hacerlo desde que naciste, así que no te sorprendas, no te asombres de lo que ya sabías. Pero si nos duele la muerte y el dolor de la muerte es porque no la entendemos y la hemos llenado de miedo, lo que la hace aún más incomprensible. Déjame decirte algunas cosas sobre ella, esa a quien culpamos, señalamos y negamos, a quien decimos “vete” todo el tiempo, de la que nos alejamos, nos distanciamos debido a que nos aterroriza y nos protegemos todo el tiempo…medicamentos, cirugías, tratamientos; infinidad de cosas nos inventamos para no morir. Mi viejo, que tontos e ignorantes somos, creemos que con la muerte todo termina, todo acaba, que la muerte nos arrebata la vida, pues implica no existir, no vivir; la soledad, el silencio… Vos y muchos llaman muerte a no existir, no saber más de sí mismos y que los otros no sepan de ellos y lo haces o lo hacemos porqué así lo hacen todos… pero estamos confundidos, pues eso que llamamos muerte hace parte de la vida; todos los días para poder vivir nuestro cuerpo muere, mueren sus partes, por ejemplo, tus uñas y cabellos se caen, las células de tú piel también, entre otras y todo eso hace que sigas vivo y es que vivir es ir muriendo.

Nada muere, nada termina. ¿Mueren tus cabellos, tus uñas o las células “muertas” que caen de tu piel?, acaso ¿dejan de existir?, no, no mueren, siguen existiendo, piensa en eso. La mayoría creemos que muere lo que termina, así, muere la calle que termina, la gota de agua que se evapora, la línea que da inicio a esta carta y aquella que la finaliza, a grandes rasgos decimos; todo tiene un inicio y un final, pero mira bien ¿realmente la gota de agua deja de existir, la calle finaliza?, ¡no!, nada deja de existir, el agua será vapor y de nuevo agua, mis pensamientos, letras y líneas son palabras de otros hombres y seguirán siendo aún después de mí, recuerda, son del mundo, del Todo. Las calles se harán parte de otras calles… nada termina ni muere, solo entra a existir de una manera distinta mi viejo…medita sobre esto…es posible que siempre hayamos sido eternos. ¿Qué es lo que muere? Tú cuerpo no muere, no termina, como la uña o los cabellos continúa existiendo…nutrirá el suelo, la tierra, ¿muere tú alma, tú mente? ¿Tú, tú vida?

Papá no eres una vida, eres una expresión de ella, como todos los seres sobre la faz de la tierra y en caso, el universo. Cuando decimos que hay vida en un lugar (por ejemplo un planeta distinto a la tierra) no decimos que hay vida humana y menos una sola vida. Damos a entender que hay vida y diferentes expresiones de ella; seres vivos. Todos somos expresiones de vida, “partes” de ella, por eso la vida siempre existirá…ella es eterna y singular ¿cómo así? Piensa en el agua, solo hablamos de agua en plural cuando la vemos separada, con distintos colores —amarilla, verde, azul—, formas y momentos —liquida, gaseosa, solida— pero al final es el agua, solo agua y una gota de agua sobre la mesa, una gaseosa o el vapor, es la misma agua, no está separada, nosotros decimos que lo está, pero porque lo vemos y papá, no se requiere pensar mucho para saber que al final es la misma agua, una sola, no hay diferentes aguas, no hay plural, se trata de la misma agua —toda el agua del mundo y el universo— bajo formas y momentos distintos, al final H2O; así es la vida, se trata de una sola vida y todos nosotros los que decimos y los que no dicen que están vivos —los perros, los gatos, las hormigas, entre otros—, son expresiones de ella; una sola vida.

Ahora, nosotros decimos que somos conscientes de que vivimos — ¡imagínate que eso fuera real!— y entonces como si la vida fuera un objeto la protegemos y como la vemos separada de los demás objetos decimos que ella, “nuestra vida” es distinta y por eso nos protegemos de los otros y decimos que somos conscientes de que vivimos y de que vamos a morir, por tanto, nos guardamos la vida, nos aseguramos de no vivir, pues vivir es peligroso; podemos morir… y no vivimos ni dejamos que la vida fluya, que la vida sea vida. Un gato, un perro y una hormiga son más sabios, según nosotros no saben que están vivos, no son conscientes, mi viejo, ellos no están preocupados por vivir, viven, disfrutan la vida y viven la muerte, no se protegen de ella, la aceptan. Nosotros con nuestros miedos y nuestra “conciencia” de la vida, no.

Creemos que la muerte nos arrebata la vida, pero realmente somos nosotros quienes secuestramos y limitamos una “parte” de ella, esa que decimos “es nuestra”, esto a partir de ideas confusas y mutiladas, momentos y frustraciones que no dejamos atrás o peor aún, ideas que parecen bellas y prometedoras porque así lo dice la sociedad o el “ideal” de vida, pero realmente se trata de una prisión de fantasías y apariencias; “se alguien en la vida”, “supérate”, “no pierdas tiempo”, “no seas como los demás”, “haz la diferencia”, incluso la mal interpretada expresión “se tú mismo”, entre otras.

La vida no es nuestra, somos una expresión de ella. Papá, somos nosotros los que nos enamoramos de lo ajeno y lo escondemos, no lo dejamos ser, lo limitamos y golpeamos con nuestros miedos e ideas confusas, nuestros proyectos personales producto de nuestra “conciencia”, nuestra idea de que somos únicos y que tenemos que hacer de nuestra vida algo especial, la idea de que “yo” soy “yo” y “tú” eres “tú”, como dos gotas de agua que se dicen a sí mismas ser distintas, sin saber que son la misma y simple gota de agua integrante del rio y de todos los ríos y al final del mar y de todos los mares. Con nuestros miedos y preocupaciones maltratamos la vida…

Imagina un hombre y su hermoso perro. El hombre dice que el perro es de él y solo de él. Por eso debe proteger al perro y para no correr riesgos lo mete dentro de una caja de hierro y la asegura con mil candados, aun así tiene miedo de que el perro se escape o alguien la haga daño, pues es consciente de lo hermoso que es su perro y de lo mucho que sufriría sin él. El perro es una tentación para los otros, así las cosas toma más precauciones; amarra al perro a una cadena de acero y a una parte de la caja, tapa los huecos de ella para que nadie vea al perro. Sin embargo, el hombre tiene miedo, se pregunta “¿y si el perro se escapa?” Él sabe que afuera el perro va a correr peligro… entonces le corta las patas al perro, esto para que no se escape, también le quita los ojos y le mutila el pelo, pues de esa forma no será una tentación para los otros; maltrata al perro—lo hace por su bien—, no se lo muestra a nadie —pues se lo roban— y él, el hombre no habla con nadie, esta solo todo el tiempo…solo cuidando de su perro. El perro es la vida misma. El hombre son nuestros miedos, preocupaciones e incertidumbres y muchas veces, eso que ahora llaman, nuestro proyecto de vida, aquella prisión fantasías y apariencias. A aquella prisión en oriente llaman Maya o Samsara y en occidente, al decir de Schopenhauer la mera representación. Al final que egoístas somos, por querer vivir no vivimos ni dejamos vivir. A eso llamamos inteligencia y muchos aplauden este tipo de existencia, de ceguera y confusión…dicen…ser alguien, vivir bien… Fallamos mi viejo, estamos errados mi viejo…

Mi viejo, morir es solo otra forma de existir. Todos sufrimos por la muerte porque no entendemos la vida, no entendemos al Todo que es la vida misma. La muerte es una ilusión, crees que te vas, pero realmente te quedas, solo que de otra forma, como el agua o tus uñas o el perro y el gato quienes sin tener conciencia de que estaban vivos vivieron y siempre fueron una expresión de la vida, sin querer ser más ni menos, al final perros y gatos.

Entonces, mi viejo, lo que deja de existir es la idea de que eres uno y distinto de los otros y es que ser uno mismo no es ni más ni menos que ser una expresión del Todo, una expresión consciente de esa hermosa relación entre el Todo y uno mismo… no esclava de las apariencias e ilusiones temporales; los engaños del mundo actual, por el contrario, integrante de la hermosa armonía universal. Eso es consciencia papá. Al final como una gota de agua en el mar; ella en él y él en ella, solo que siempre el mar es más grande y tiene todos los colores, formas y estados eternamente. La gota solo uno; el de su historia, su momento de vida siempre pasajero, pues como te dije antes, ella puede tener todos los colores y estados, pero al final siempre es agua. Ahora darás cuenta de que eres parte del Todo y entonces mejores tiempos vendrán, ya no vivirás de ilusiones, de apariencias, preocupado por cosas efímeras, por protegerte y querer “ser alguien” en ese mundo de apariencias e ilusiones; estarás tranquilo y la serenidad del silencio y de todo lo existente, será tú hermosa expresión, tú vida; la vida.

Posterior a la desaparición de tu cuerpo te expresaras en los ojos de mis hijos y la mirada de mi hermana, los gritos del recién nacido y el calor del verano, el agua del rio y la montaña que se ve a lo lejos, el amanecer de los enamorados y la lluvia que moja los prados. Serás el silencio, el mejor maestro de todos, pues sabe hacerse entender. Papá, no es poesía, la vida es energía, la energía que es materia y acción, está en movimiento, de una roca se hace una montaña y de una montaña una roca, de una idea sale otra idea y así al infinito. Ahora, en poco tiempo te fundirás en el Todo; lo visible y lo invisible serás tú. También te expresaras en nuestros actos, nuestras decisiones, pues mucho de lo que hiciste y dijiste, de otra forma lo que nos dejas, tu “influencia”, orientará o se verá reflejada en nuestros actos. Causa y efecto, efecto y causa papá. Tus errores y virtudes podrán ser los nuestros y de tus acciones se desprenderán las propias. Ciertamente nunca podremos olvidarte ni pensar que estás muerto y es que en nuestro día a día después de ti, existirás.

Serás parte del Todo, una expresión del Todo, pero no serás el Todo, pues solo hay un Todo, Dios o si lo quieres la energía que hace todo posible, la voluntad de existir. Dios es y será todas las expresiones, aquellas habidas y por haber; todas las vidas posibles y existentes mi viejo. Tú solo una de ellas. Él o ese Todo es infinito, esto significa que en él existen todas las relaciones posibles, todas las expresiones posibles e infinitas, tú eres finito debido a que solo entraste en relación con unas pocas relaciones, aquellas que hicieron parte de tu existencia; tus amigos, familiares, tus ideas, tus pertenencias. Así las cosas tú cuerpo una vez pare entra en relación con otros elementos materiales, como una uña o una célula que cae…tú alma o espíritu se hace parte del Todo y se conserva en la medida en que incide en las actividades y pensamientos de aquellos con quien estuviste relacionado. Después de leer esta carta me preguntaste que si serás consiente  de ti mismo posterior a tú “muerte”… realmente no lo sé, pero estoy seguro de algo, eso a lo que llamamos conciencia, en detalle cómo la entendemos, trae más daños que beneficios para la vida y si llegase a existir la reencarnación como lo anuncian algunas espiritualidades orientales, pues… no te acordarás de tus vidas pasadas así que no te preocupes por eso.

Es sorprendente que nos toque esperar tanto para ser eternos, para poder ser  parte del todo. Te harás infinito, eterno. ¿Has escuchado la canción de Celia Cruz “Yo viviré”?, allí ella dice “…oye mi son, mi viejo son tiene la clave de cualquier generación, en el alma de mi gente, en el cuero del tambor, en las manos del conguero, en los pies del bailador, yo viviré, allí estaré, mientras pase una comparsa con mi rumba cantaré”, esa canción mi viejo te muestra que Celia —o quien escribió esa canción— supo de lo que estoy hablándote, que nadie muere y que tú vivirás en nosotros expresándote en nuestras expresiones, como lo hace ella en las comparsas, en el baile y en la gente. Dirás que no eres famoso y eso es cierto, pero eres famoso para quienes te conocimos y nos relacionamos contigo, recuerda, siempre fuimos y seremos relaciones; tus amigos y enemigos, tus hijos y tus amantes, a través de todos ellos te expresaras constantemente, para mí en tanto hijo tuyo, caminaras en mis pasos, veras en mis ojos, hablaras en mi voz y cantaras en la voz de Vicente Fernández, Sandro y todos esos otros que siempre cantas. Te harás parte del Todo, como también lo destaca La Orquesta Guayacán en esa alegre canción titulada “Un vestido bonito”, allí dice “…mi gente no me entierren, yo prefiero que me cremen y que tiren mis cenizas al Atrato por favor, el rio se evaporiza, después se vuelve aguacero, el agua a la licorera y al instante ya soy ron”, y es de esa forma, pues lo que queda de ti, tus acciones, tus mensajes, tu cuerpo, tu vida, se relaciona con otras cosas y se convierte en otras cosas, de tu cuerpo puede salir ron, de tus pasos mis pasos, de tus palabras las de cualquiera de nosotros, y ¿das cuenta? No has muerto.

No te preocupes por nosotros, déjanos con nuestra idea de “conciencia” que de a poco a poco, o al final vivimos —a pesar de nosotros mismos—, y como vivimos, te alcanzaremos, también moriremos, también seremos eternos. Acepta el camino que es solo tuyo, por primera vez disfrutaras solo de ti mismo en la ascensión a la eternidad. Bébete lo eterno y se uno con el Todo.

Sé que te duele el cuerpo y supongo que crees que el dolor anuncia la muerte. Se suele creer que cuando algo nos duele todo está mal, en casos extremos la muerte se acerca. Sabemos que el dolor nos recuerda que estamos vivos, de esta forma, cuando te enfermas te das cuenta que debes proteger la vida, aprender o seguir aprendiendo a vivir, así las cosas el dolor no habla de la muerte, sino de la vida y aparece para recordarnos realmente que la vida no es tuya, ni mía, no es de Pablo o de María, sino que ella hace parte de algo mayor y que sí o sí seguirá su rumbo, así las cosas, la muerte, que es sólo un paso a la eternidad, es inevitable. La sensación de dolor es pasajera, muchas veces te ha dolido el cuerpo y después ha dejado de doler. A veces no te duele el dolor del cuerpo, sino el dolor de creer que se acerca la muerte, pero por lo que te dije anteriormente la muerte no existe, pues nada realmente muere o finaliza. Creemos que alguien muere cuando posterior a su muerte no lo vemos como no vemos la gota de agua que se evaporiza y no damos cuenta de que quien muere existe, solo que de forma distinta, esto no lo vemos porque vemos más a través de nuestros miedos y confusiones que guiados por el pensamiento y la verdad.

Mi viejo, no te aferres a la mal entendida idea de vida, esa vida que dice “esta es mi vida”, deja que la vida, el Todo sabe que para vivir se debe morir. Piensa en que puede hayas estado muerto todo el tiempo —la mayoría lo estamos—, pensado que estabas vivo y protegiendo la vida… y quienes están muertos solo reproducen la muerte, ahora, estarás más vivo que nunca, pues de ti, después de ti en esta tierra, solo se desprenderán cosas buenas. Y lo que hace bien sin crear mal es la Vida misma.

Te amo y te amaré a través de todo lo existente y por existir. A través de los otros y de mí. Gracias por existir y continuar haciéndolo; ser eterno.

Tu hijo, Ivannsan

*Ex profesor catedrático de la UdeA, estudiante de Doctorado en Humanidades en la UAM México