“Quedé ‘picao’, voy por el oro en Tokio 2020”: Yuberjen Martínez

Hasta hace poco, entrenaba en un ring improvisado en Chigorodó. Ahora es el pugilista que ha logrado el mayor éxito en la historia del boxeo olímpico colombiano.

Sebastián Elías Campo Pérez (elias.campo@udea.edu.co)
Sebastián Puerta Ortiz (sppuerta@gmail.com)
Yuberjén Martínez. Foto: Leidy Salas.

Yuberjén Martínez. Foto: Leidy Salas.

Yuberjen Martínez, o “El tremendo” como le gusta que le digan, es ya el boxeador más importante en la historia olímpica colombiana. Es el cuarto pugilista en ganar una medalla en unas justas olímpicas y el primero en obtener una de plata. Lo logró en la categoría minimosca, 49 kg (108 lb), el 14 de agosto. Además, es el segundo urabaense en estar en un podio de unos Juegos Olímpicos. La primera en conseguirlo fue Caterine Ibargüen.

Luchador en el ring y fuera de él. Sus manos no solo las han portado guantes de boxeo; también conocen algunos de los trabajos más difíciles por los que un habitante de la subregión puede pasar. Tal vez el trabajo duro y sus creencias religiosas han forjado a un hombre que, como él dice, no tiene nada de ‘semáforo’ porque, a pesar de que la vida en estos momentos le sonríe, asegura que poco ha cambiado.

Con 25 años, tiene aún mucho para darle al deporte Colombiano. Lo sabe y, por eso, desde ahora se prepara para los Juegos Olímpicos Tokio 2020. Hablamos con él en su salsa y en donde ha derramado sudor para conseguir la gloria en su deporte y, de paso, ayudar a su familia a dejar atrás las dificultades económicas. Este es un round con el medallista olímpico Yuberjen Martínez.

Usted era predicador en una iglesia y dejó de serlo para dedicarse al boxeo. Además, su padre es pastor. ¿Cuál fue la reacción de él con su decisión?

La verdad, muy duro, como todo padre. Al principio, me decía que no; pero le hice entrar en razón de que era lo que me gustaba y él lo aceptó. Y desde ahí todo viene marchando bien, gracias a Dios.

¿Cómo ha hecho compatibles sus creencias religiosas con el deporte que practica?

Hago mucho énfasis en la historia de David, quien fue un guerrero de Dios. ¿Y yo por qué no serlo?

¿Cómo fue su infancia?

Yo viví en Turbo, Arboletes y Chigorodó. Mi infancia fue difícil, ya que mi padre se lesionó la cintura trabajando; entonces, tuve que empezar a trabajar. Mi mamá también empezó a trabajar. No se iban dando las cosas.

Fue artesano, lavó motos, tuvo varios trabajos para ayudar en su casa y, actualmente, es mecánico de bicicletas.  ¿Lo está ejerciendo aún?

Sí. Soy técnico en mecánica de bicicletas. De vez en cuando voy al taller y me pongo a arreglar una que otra cicla.

¿Cuál de todas esas labores que ejerció fue la más difícil?

Trabajé en una bananera. Es un trabajo rústico, por decirlo así: es haciendo canales, tirando pala. Muchas veces esa tierra cuando hay verano, se pone melcochuda; otras veces, dura. Eso es un caos (risas).

¿Cuáles son los pasatiempos de Yuberjen Martínez?

Yo hago de todo. Soy hiperactivo. Molestar a mi mamá (risas). Salgo muy poco a rumbear, solo en casos especiales.

Su nombre es poco común. ¿Quién lo bautizó así?

Me lo puso mi padre. La verdad, nunca le he preguntado por qué me pondría ese nombre; pero le doy gracias a Dios. Es un nombre que pocos conocen y muchos quisieran conocer.

¿Cómo ve hoy el ring improvisado a base de cemento, con tierra encima y rodeado de llantas en el que entrenaba en Chigorodó?

Nosotros venimos de abajo, somos personas humildes… Y cuando ese polvero se levanta, se le mete por los ojos, por la nariz y queda uno con las paticas rucias (risas). Pero, a pesar de lo difícil, en ese ring me hice. Fueron cinco años de entrenamiento.

Viajó a los Olímpicos de Río con el propósito de ganar una medalla para así darle una casa a su madre; el Gobierno se la prometió. ¿Cuándo se la entregarán?

Han dicho que para febrero estará la casa lista. Esperamos que las cosas se den, confiando en Dios de que así va a ser. Agradecido mucho con el alcalde y con la doctora Elsa Noguera por toda la labor que vienen realizando.

Solo perdió una pelea en los Juegos de Río. ¿Qué sucedió en ese combate final contra  Dusmatov?, ¿cuál fue el centavo pa’l peso que faltó para que usted ganara esa pelea?

Ahí juegan muchos factores como la preparación. No tuvimos mayores fogueos como, quizás, los tuvo Cuba, Venezuela, México, Uzbekistán, Rusia. La preparación de nosotros fue aquí. Hicimos mucho con poco. Solo tuvimos el campeonato clasificatorio donde tuvimos cuatro peleas, en el cual me coroné campeón; y ese fue el mayor fogueo con el que llegué a los Olímpicos. Otro factor es que estaba bastante cansado. Yo hablaba con el profe’ de que ya me sentía mermado, ya no sentía la misma fuerza con la que empecé en la primera pelea. Además, el contrincante llevaba dos peleas menos. Creo que eso lo favoreció bastante.

¿Cómo vivió la experiencia de esos Juegos Olímpicos? ¿Hay una mayor presión para los deportistas en ese certamen?

Sí. Hay una presión bastante grande, una responsabilidad. Hay que saber manejar eso, es lo más importante para poder hacer las cosas bien.

En este improvisado ring de boxeo entrenó hasta hace poco el medallista olímpico Yuberjen Martínez. Fotografía: Sebastián Campo.

En este improvisado ring de boxeo entrenó hasta hace poco el medallista olímpico Yuberjen Martínez.
Fotografía: Sebastián Campo.

¿Por qué Abelardo Parra, quien fue su entrenador, no lo acompañó a los Juegos Olímpicos?

Esto es por etapas. Primero, estamos con el entrenador municipal; luego, pasamos a manos del entrenador departamental, que es Abelardo; y, después, pasamos al entrenador nacional, que selecciona a los deportistas de alto rendimiento. En este caso fue Rafael Iznaga.

¿Cómo cambió su vida al ganar una medalla de plata en los Juegos Olímpicos?

Mucho, ya que los medios y todo el mundo me apetece, todo el mundo me conoce, después de que nadie sabía quién era yo. La verdad, me ha cambiado mucho la vida.

¿Tiene miedo de que en algún tiempo muchos olviden que fue usted quien logró esta medalla para el deporte y para el boxeo colombiano?

Muy poco, Dios da y Dios quita.

Yuberjen, muchas personas salieron a reclamar como propia su medalla. ¿A quién verdaderamente le agradece el apoyo que lo llevó a ser medallista?

Primero, a Dios; a mis familiares y a cada uno de mis entrenadores porque ellos también hicieron parte de eso, estuvieron apoyándome.

¿Será que lo ocurrido con Yuberjen Martínez en Río ayudará a impulsar el talento urabaense?

Sí. Pienso que es un aporte que doy para que la gente no vea la mala imagen de Urabá como muchos lo piensan, sino una hermosa como lo es esta región.

En estos momentos, usted es el boxeador más importante de la historia olímpica de Colombia, ¿qué se siente cargar con ese peso en sus hombros?

Es algo maravilloso. Me he convertido en un ídolo. He hecho historia y eso me llena de emoción.

Aprovechó muchas de sus salidas en los medios para pedir que se mirara mucho más a Urabá. ¿Cuáles son las principales necesidades que, según usted, tienen los deportistas de la región?

Escenarios. La región carece mucho de escenarios y de implementación porque aquí hay mucho material humano que nos esmeramos bastante por salir adelante. Esta es una población que muchos no conocen y que otros conocen solo por la violencia, y no es así.

¿Ha pensado en dar el paso al boxeo profesional?

Todavía no. Pienso seguir en el amateur porque quedé ‘picao’ y he pensado ir a Tokio 2020 por esa medalla dorada.

Entonces, ¿a trabajar estos cuatro años por lograr ganar la medalla dorada?

Por supuesto que sí.

¿Qué sintió al estar al lado de deportistas como Mariana Pajón, Óscar Figueroa o Caterine Ibargüen?

Es un orgullo saber que son colombianos. Al igual que yo, son guerreros y luchan a diario para cumplir sus sueños. Me sentí muy honrado por estar al lado de ellos.

¿Quién es el deportista a quien más admira?

Admiro mucho a Caterine y al profesor Antonio Mendoza.

¿Por qué quedarse en Urabá luego de convertirse en un personaje tan importante en el país?

Es mi región. La amo.

¿Pero no cree que en otras ciudades tendría más oportunidades?

Sí. Pero esta es mi región, aquí nací y aquí moriré.

Los Olímpicos le dieron la posibilidad de conocer muchos lugares, ¿qué fue lo que más le gustó?

Podría decir que conocer otras costumbres, otros dialectos. Eso siempre me ha llamado la atención.

Entrevista publicada en la edición 4 de De la Urbe Urabá