El nudo del terror en Antioquia

Los municipios de Antioquia cercanos al Nudo de Paramillo son los más golpeados por el terrorismo. Según las estadísticas de la Policía Nacional esta es la zona del departamento donde más casos se presentan.

Juan Diego Quiceno y Sergio Castrillón
diegoquicenom@gmail.comsergio.castrillon9@gmail.com
Zona de Paramillo vista desde Briceño. Fotografía por: Juan David Tamayo

Zona de Paramillo vista desde Briceño. Fotografía por: Juan David Tamayo

El terror es una emoción que para los diccionarios se hace simple: es un miedo muy intenso. Hasta ahí nada comprometedor para la vida ―casi todos tenemos alguna fobia―, pero desde que el terror se juntó con la violencia, y esta a su vez con objetivos políticos y económicos, ya no es una cuestión de diccionarios.

El código penal colombiano, artículo 343, define al terrorismo como un delito en el que se provoca y mantiene a la población en un estado de zozobra y terror mediante actos que ponen en peligro la vida, la libertad o los bienes de las víctimas, valiéndose de medios capaces de causar estragos. Además, el terrorismo es como una gran bolsa negra porque incluye otros delitos desde homicidio hasta daño a la propiedad ajena.

Antioquia es el departamento colombiano con las cifras más altas de terrorismo en los años recientes y los municipios cercanos al Nudo de Paramillo son los más afectados, según registros de la Policía Nacional.

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Los colores más oscuros indican más casos

El Nudo de Paramillo une a Antioquia con Córdoba, amarra las culturas y ata lo urbano y lo rural. Además, allí surgen fuentes de inspiración para artistas. “Una tarde a orilla del Sinú, un ensueño de amor tuve yo, y en la espuma pintada de azul, reventaban mis versos de amor. Esa tarde mi amor navegó, por las aguas del bello Sinú…”, versa con sentimiento el cantautor Miguel Emiro Naranjo Montes, mientras su voz se acompaña con el ritmo legendario del cordobés: el porro. Porque hablar de Córdoba es hablar de porro y del río Sinú; sus aguas recorren 16 municipios de Córdoba, atravesando el departamento de sur a norte, e irradiando en sus riberas una fertilidad solo comparada con las del Nilo, Tigris y Éufrates. Su origen, sin embargo, no está en Córdoba. El Sinú, esas legendarias aguas que han inspirado canciones y amores, nace en tierras antioqueñas, en el Nudo de Paramillo.

Esa zona, precisamente, es la predilecta por actores armados. Este parque natural nace en 1977. Su extensión de 460 mil hectáreas lo hace la décima área protegida más grande del país y el 4% de todo el territorio nacional. Su ubicación entre Córdoba y Antioquia es estratégica: su inmensa riqueza natural influencia directamente las regiones Caribe, Andina y Pacífica. Es el punto de nacimiento de los ríos Cauca, San Jorge, Río Sucio y el Sinú.

En esas montañas habitan comunidades indígenas como las Embera Katio, y afrodescendientes de los municipios de San José de Uré, El Bagre y Zaragoza. Ellos, ocupantes históricos, han convivido con grupos externos que han visto en esta geografía una zona apta para el tráfico de drogas, por lo que se ha convertido en uno de los principales corredores del narcotráfico del noroccidente colombiano. Según datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) entre 2001 y 2012 los cultivos de coca en el Nudo de Paramillo aumentaron en 295%, al pasar de 805 hectáreas en el primer año a 3.182 hectáreas en el último. En 2015 aún permanecían 772 hectáreas de coca sembradas.

Bandas criminales como “los paisas”, “los rastrojos” y “el clan del golfo” hacen presencia allí. Además, los frentes 5, 58 y 18 de las Farc se han movido históricamente por la región, y también el ELN y el EPL. Los Bloques Sinú, San Jorge y Mineros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) estuvieron en esa zona hasta su desmovilización en 2005 y 2006. Y en 2009, el Gobierno colombiano crea la Fuerza de Tarea Conjunta Nudo de Paramillo y con ella llegan al territorio las brigadas 24,17,18 y 16 del Ejército de Colombia, la Policía Antinarcóticos, la Sijín e informantes.

La cantidad de actores y los intereses que los enfrentan ha provocado que los municipios antioqueños más cercanos al Nudo de Paramillo -Toledo, Ituango, Tarazá y Valdivia- sean los municipios con más atentados terroristas en 2014 y 2015 de toda Antioquia, a ellos se suman San Andrés de Cuerquía y Anorí. Todos estos municipios son tristemente conocidos en la historia del conflicto armado colombiano. El caso de Ituango es diciente. En los últimos treinta años su cabecera municipal fue atacada siete veces en las tomas guerrilleras, y hasta 1996 el frente 18 de las Farc controló este territorio. Este largo dominio hizo correr la voz de que en el municipio se privilegiaba a la insurgencia, lo que costó caro cuando al final de los noventa incursionaron los paramilitares, quienes persiguieron a todos aquellos sospechosos de algún nexo con la guerrilla.

Entre 2011 y 2012, cuando el gobierno colombiano mantenía conversaciones secretas con las Farc para instalar una mesa de diálogo, se presentaron 22 acciones guerrilleras en la región de Paramillo, según la FIP (Fundación Ideas para la Paz). De esas, 22 (73%) se desarrollaron en municipios antioqueños. Ituango concentró el 45% de las acciones, debido, en gran medida, a la presencia del frente 18 de las Farc.

Asesinatos en municipios vecinos al Nudo

El primer gobierno de Juan Manuel Santos comenzó en el 2010. Su llegada a la presidencia estuvo marcada por el apoyo del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, quien desde 2002 implementó la política de Seguridad Democrática, con el propósito de fortalecer el Estado y la lucha frontal contra las guerrillas izquierdistas, en especial contra las Farc. Santos llegó a la Presidencia ondeando la bandera de la Seguridad Democrática. Y Álvaro Uribe llegó a la presidencia en 2002 prometiendo mano dura luego de un fallido proceso de paz con las Farc.

Desde su primer día como presidente, en el acto de posesión, Santos dio muestras de que su gobierno iba a apostar a una salida negociada al conflicto con las Farc. Desde que se confirmaron los acercamientos de ambas partes en el 2013, la agenda pública colombiana giró en torno al éxito o fracaso de este nuevo proceso de paz. Nada extraño considerando que desde el gobierno de Andrés Pastrana, a finales de los noventa, la vida pública colombiana, sus elecciones y los temas que acaparan la atención y la prensa, giran en torno a las Farc, al ELN, y a la promesa de su fin por cualquier medio.

El Estado colombiano es el de más gasto militar en la región debido a la amenaza que representan las guerrillas armadas que funcionan al interior del país. Desde la llegada de Álvaro Uribe Vélez al poder, Colombia viene bajando sistemáticamente su tasa de homicidios: en el año 2015 el país registró una tasa de 24.03 asesinatos por cada 100.000 habitantes, cifra alta, aunque sorprendentemente baja si se considera que comenzando el siglo XXI Colombia tenía una tasa de 66 muertos por cada  100.000 habitantes.

Para el 2015 Colombia presentó 11.585 asesinatos, sin embargo solo se conocen datos acerca de las circunstancias del hecho de 2.765 casos. De ese universo,  solo el 14.40% es producto del conflicto armado colombiano. Ese año  dejó  a Briceño, municipio en el área del Nudo de Paramillo, como el de la tasa más alta de asesinatos en el país, con una cifra cercana a los 15 muertos por cada 10 mil habitantes.

Estos gráficos muestran las tasas de homicidios por cada 10 mil habitantes de los municipios antioqueños cercanos al Nudo de Paramillo desde 2008 hasta 2015.

¿Una nueva era?

El 24 de junio del 2016, los habitantes de Ituango celebraron un hecho que parecía abrir una nueva etapa para el municipio. Los militares retiraron las trincheras que desde años atrás los protegían de las tomas que organizaciones guerrilleras como las Farc intentaban. Las fotos de los uniformados cargando los bultos que antes detenían las balas en las esquinas del parque municipal se hicieron virales, sobre todo por el contexto en el que se daban: Ituango había vivido los últimos meses más tranquilos de su historia en medio de un cese de hostilidades que el Estado y las Farc habían acordado producto de las negociaciones de paz. Sin embargo, al día siguiente dichas trincheras fueron reinstaladas por el ejército en puntos diferentes del pueblo, siendo el cambio una simple coincidencia. Pese a eso, la reacción al hecho demostraba que los habitantes del golpeado municipio miraban su futuro con optimismo. No eran los únicos.

El cese de hostilidades representó un cambio en la vida de los habitantes cercanos al Nudo de Paramillo. Si bien es cierto que la guerrilla no es el único actor en la región, su influencia sí es mayor en la población civil que la de los otros actores dedicados principalmente al narcotráfico. El cese de combates del Estado y las Farc representó un alivio tan significativo, que en el plebiscito celebrado el dos de octubre para refrendar o no dicho acuerdo, en todos los municipios antioqueños cercanos a esta zona (Ituango, Valdivia, Tarazá, Dabeiba, Mutatá, Toledo, Briceño y Cáceres) ganó el Sí.

Terrorismo en el tiempo

Desde que en 2010 asumió la presidencia Juan Manuel Santos los reportes de terrorismo entregados por la Policía Nacional aumentaron paulatinamente hasta que en 2012 y 2013 llegaron a su pico más alto. Ese aumento de casos de terrorismo en el país puede deberse a la lucha del gobierno contra las grandes bandas criminales que tomaron fuerza tras la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, en 2007, y el inicio de los diálogos de paz en La Habana el 3 de septiembre de 2012.

Al mismo tiempo que el Estado colombiano desplegaba sus fuerzas para contrarrestar las Bacrim entre ellas también habían confrontaciones. El “clan del golfo”, procedente de Urabá, luchaba por el control del negocio del narcotráfico con “los rastrojos”, afincados en el Valle del Cauca. Ambos bandos delincuenciales tienen redes en diferentes departamentos hasta tal punto que la lucha se libraba en casi todo el país y como siempre ha ocurrido en Colombia, la población civil se encontraba entre estos tres grandes bandos.

Actos terroristas cometidos en Colombia y Antioquia desde 2010 hasta 2015

Naturalmente Antioquia no estuvo al margen del conflicto, después de todo el “clan del golfo” procede de allí y despliega sus raíces por todo el Departamento. Entre 2012 y 2013 ocurrieron 189 reportes de actos terroristas y en diciembre de 2013 la Policía Nacional desplegó la operación “Corazón Colombia”, la ofensiva más grande desde la persecución del Cartel de Cali en los noventa. Más de 2.000 hombres fueron enviados a los municipios donde el “clan del golfo” tiene presencia, incluyendo el Nudo de Paramillo, con el objetivo de acabar su estructura criminal.

Con unos pocos reductos de “los rastrojos”, la amenaza latente del “clan del golfo” y el desescalamiento del conflicto armado con las Farc en 2014 comenzó a decaer el número de reportes de terrorismo en Colombia. Paradójicamente durante los dos años más álgidos del conflicto con las Bacrim Antioquia ocupó el segundo lugar en reportes, pero desde el 2014, aunque las cifras son menores, lidera la penosa tabla de departamentos con más casos de terrorismo. Adicionalmente la característica rural del terrorismo, el 60% de los reportes son en zonas rurales, hace más complejo el actuar de  las autoridades en Colombia; entre 2014 y 2015 sólo se presentaron 17 capturas por terrorismo.

Eso significa que, aunque la situación en el departamento ha mejorado, aún falta para que las poblaciones, donde la presencia del Gobierno brilla por su ausencia, convivan tranquilas sin el temor a que en cualquier momento sus casas, carreteras, sueños y anhelos exploten.