Medellín se ahoga en su Valle

Entre marzo y abril de este año, Medellín estuvo en alerta roja por la contaminación en el aire y, aunque se tomaron medidas inmediatas, la ciudad sigue perdiendo la batalla contra la polución.

Por Juan Diego Posada
       jdposadap@hotmail.com
Independientemente del fenómeno que se presentó en marzo de este año, la atmósfera de Medellín luce sucia en las mañanas. Fotografía: SIATA

Independientemente del fenómeno que se presentó en marzo de este año, la atmósfera de Medellín luce sucia en las mañanas.
Fotografía: SIATA

Es cada vez más cotidiano para los habitantes de Medellín observar, en la mañana, una especie de capa gris entre y sobre la ciudad. Basta con mirar hacia el cielo, subir a una de las estaciones del metro o ver la panorámica desde un edificio alto del centro o de El Poblado, los miradores de la vía a Santa Elena u otros barrios ubicados en las laderas.

Esta capa o cúmulo grisáceo, que muchos miran pero pocos observan, no es normal en las condiciones climáticas características de la ciudad: no es en realidad un síntoma de lluvia o de frío, como se suele asociar, aunque esté llena de aire frío. Es contaminación.

Desde 1998, con el Programa de Protección y Control de la Calidad del Aire, la municipalidad ha mostrado su preocupación por las condiciones ambientales que presentan Medellín y, en especial, su casco urbano. Aunque, históricamente, el clima se ha caracterizado por ser “templado”, el deterioro del aire y de otros aspectos del campo ambiental es evidente: lentamente la “eterna primavera” se ha ido acabando.

El ente encargado de la medición del aire, a nivel internacional, es la Organización Mundial de la Salud (OMS), que posee registros en sus bases de datos de tres mil ciudades en 103 países. Según la OMS, los niveles de contaminación se miden por el material particulado (PM por sus siglas en inglés) y se clasifican entre PM 10 y PM 2,5. Para que una ciudad pueda tener un aire respirable, estas partículas deben circular en un número menor a diez por ciento en el ambiente. Cualquier ciudad que sobrepase la cifra, se considera una ciudad con aire contaminado.

Fotografía: Juan David Tamayo Mejía.

Fotografía: Juan David Tamayo Mejía.

Estas partículas son imperceptibles al ojo humano. Mientras la PM 10 se encuentra en el aire y circula, la PM 2,5 es tan pequeña que puede pasar a través de los alveolos y entrar en los pulmones, convirtiéndose en una de las mayores causas de enfermedades respiratorias del mundo.

Según el informe de la OMS, Medellín y Bogotá se encuentran entre las diez ciudades más contaminadas de América Latina. Incluso, la base de datos del 2014 de esta organización registra a Medellín con un porcentaje de 26 por ciento y a Bogotá con 24 por ciento de microgramos por metro cúbico de PM 2,5. Esto representa un incremento del 16 por ciento y 14 por ciento respectivamente, con base en el diez por ciento de medida regular.

El hecho de que estas partículas lleguen a la ciudad se debe a varias condiciones ambientales y de infraestructura. Medellín es un valle rodeado por montañas, donde la circulación del viento se ve afectada por la geografía. Durante el día, la contaminación generada por las industrias, el parque automotor y las personas, se mezcla con los aires provenientes del norte que pasan por encima del Valle. Esto se debe a, que el sol, en su función de dinamizador, activa procesos tales como la fotosíntesis en las zonas verdes dentro de la ciudad. El resultado de dichos procesos es la liberación de los contaminantes, lo que permite que suban a la atmósfera para mezclarse con el aire que entra del norte y que se encarga de arrastrarlos. Así, el aire circula y, por tanto, la contaminación se va.

Caso distinto se presenta en las noches, cuando el sol ya no está. Ante la imposibilidad de liberar los contaminantes por medio de su energía, la contaminación que se genera en las horas de la noche y la madrugada se queda estancada en el valle en forma de aire frío, pues no hay energía para subir a la atmósfera y mezclarse con los vientos calientes del norte. A este efecto se le llama inversión térmica y se traduce, básicamente, en la nube gris que los medellinenses encuentran en la mañana.

Autos, buses y motos

La mayor causa de contaminación en Medellín es el crecimiento del parque automotor. Según cifras del Área Metropolitana, entre 2005 y 2015, se pasó de tener 478.000 vehículos a 1’347.736, entre carros particulares, motos, buses, camiones y taxis. Un incremento del 80 por ciento.

En cuanto a las motos, las que mayores índices de crecimiento registran en la ciudad, pasaron de ser 139.000 a 710.186 en el mismo periodo: un aumento anual del ocho por ciento. Entre estas, las motos cuatro tiempos son las que más contaminan, por su cantidad, después de los camiones. Tan solo las motos aportan 255 toneladas al año de PM 2,5, y los camiones, 611. Son precisamente las motos cuatro tiempos las únicas que no tienen una restricción de movilidad en la ciudad como el Pico y Placa.

Santiago Ortega, magíster en Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional, explica que Medellín ha sido y sigue siendo una ciudad industrial y “dependiente” del automóvil: “El hecho de estar en un valle, cerrado con los carros y los buses, es como estar en un garaje con todos adentro”. Y agrega: “Hay que apostarle a la ciudad compacta, a que todos vivamos cerca, que todo esté cerca, la ciudad tiene que crecer hacia adentro, pues el crecimiento hacia las laderas lo que hace es incentivar el uso del automóvil”.

Desde el año 2011, Medellín ha tratado de adaptar el concepto de una ciudad más pequeña con el plan BIO 2030. Esta iniciativa, liderada por la Alcaldía, el Área Metropolitana, el Centro de Estudios Urbano Ambientales y la Universidad Eafit, busca posicionar el río como gran centro metropolitano de actividades y hábitat, eje ambiental y de espacio público.

Fotografía: Juan David Tamayo Mejía.

Fotografía: Juan David Tamayo Mejía.

Sin embargo, la población sigue yendo hacia las laderas. Según cifras de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), actualmente habitan la ciudad 2’534.011 habitantes y se espera que para el año 2030 sean 2’844.610.

Aunque el cuidado del aire en Medellín se ve reflejado en los planes de ordenamiento territorial, las dos crisis en menos de un año dejan en entredicho lo planteado en estos. Eugenio Prieto, director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, reconoce que las condiciones del aire en la ciudad no son las mejores, debido a la cantidad de contaminación que se genera y la poca articulación entre los entes privados, públicos y sociales para contrarrestarlo. Además, explica, el tema del aire debe ser tratado en el orden de “la salud pública”, para lo cual se adelantan estudios epidemiológicos con las universidades.

“Hemos diseñado desde el Área rutas de corto y largo plazo. En el largo plazo están relacionadas con el transporte y las industrias y, en el corto, con las contingencias ambientales recientes. Queremos incentivar la tarifa única en el transporte público, la modernización de las empresas y la movilidad alternativa”, comentó Prieto a De la Urbe.

No solo debe pensarse el problema del aire como una condición ambiental, sino también como una causa de enfermedad. Hoy, Medellín no cuenta con un aire de calidad para respirar y parece no haber condiciones para que el problema disminuya. Si bien gran parte de la responsabilidad de esta situación recae en las instituciones públicas (y las medidas insuficientes para el control del transporte en los vehículos particulares, control de gases y otros contaminantes), la situación también es un llamado al ciudadano de a pie, pues el aire no es público o privado, es de todos.

Informe publicado en la edición 81 de De la Urbe