Primer requisito: competencia lectora

Esta prueba evita preguntar datos específicos, asuntos de memoria que privilegien a quienes tuvieron educación privada. Es la capacidad de seleccionar información e interpretarla lo que cuenta en este examen.

Por Laura Cardona
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Examen de admisión 2016-2. Foto: Alma Máter.

Examen de admisión 2016-2. Foto: Alma Máter.

En un par de meses, cuatro mil nuevos cupos semestrales de la Universidad de Antioquia tendrán nombre. Estamos hablando de cuatro mil admitidos a los que el próximo año se les identificará con facilidad por su tendencia a caminar en grandes grupos, de más de cinco, hasta ocho o diez, y por la felicidad en sus gestos: han pasado a la Universidad, todos son ganadores. Entre comentarios, con frecuencia, se escuchará la pregunta: ¿En qué puesto quedaste? Unos semestres después ese dato no tendrá importancia, pero seguirá siendo un punto de referencia para medirse entre sus compañeros. El examen de admisión es el primer método entre estudiantes para demostrar inteligencia.

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Profesor Víctor Villa. Foto: Juan David Tamayo.

Profesor Víctor Villa. Foto: Juan David Tamayo.

Víctor Villa fue profesor antes que profesional. En 1966 se graduó de dieciséis años como normalista, y su conocimiento en el modelo pedagógico de Escuela Nueva lo llevó a veredas donde era el único profesor cercano para muchos niños del campo. Entre él y sus compañeros siempre estuvo presente la idea de estudiar Educación en la Universidad de Antioquia, pero Villa nunca llegó a presentar el examen de admisión. Villa fue uno de los primeros graduados de la Facultad de Educación de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ya en su época de estudiante participaba de la discusión del examen de admisión de la Universidad. Hizo parte del Grupo Unificado de Admisiones Universitarias —GUAU—, conformado por la Universidad de Medellín, de Antioquia, Pontificia Bolivariana y Universidad Nacional-sede Medellín, quienes planteaban cuestiones como: si el Gobierno gasta recursos para las pruebas ICFES en grado once, ¿por qué no usarlas para definir el ingreso a la universidad pública y, en consecuencia, eliminar el examen de admisión? Villa ha sido profesor del pregrado de Letras: Filología Hispánica, jubilado desde 2010 de la Universidad de Antioquia y desde hace dieciséis años hace parte del Comité de Competencia Lectora, creadores del examen de admisión en esta temática. En algún momento de su vida, su hermano menor, un hombre brillante extracurricularmente para él, perdió el examen de admisión de la Universidad de Antioquia. Décadas después, la experiencia le ha permitido construir una explicación: su hermano perdió el examen porque las preguntas eran de memoria. Las preguntas que en los años setenta le negaron un cupo al hermano del profesor Villa, hoy cumplen otro objetivo: evaluar conocimientos curriculares y extracurriculares. Es decir: que personas diferentes tengan las mismas posibilidades de pasar el examen de admisión. ¿Cómo? La Competencia Lectora evita preguntar datos específicos, asuntos de memoria que privilegien a quienes tuvieron educación privada. Es la capacidad de seleccionar información e interpretarla lo que cuenta en este examen. Esta capacidad, según Villa, no se olvida con el tiempo y se forma en el ser humano con su experiencia, con la historicidad que marca a un individuo. Según él, “si a la universidad, básicamente, se viene a leer y escribir, los lectores competentes que selecciona el examen de admisión son los indicados para emprender programas académicos de nivel superior”.

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Los sábados, David Estiven Morales es un habitante frecuente del Campus Universitario. Con movimientos corporales de colegial y voz de adulto, habla de su interés por la Astronomía y las emociones que le provocan tornar la mirada hacia el cielo. Pasa cada sábado en la Universidad de Antioquia estudiando con una profesora que lo motiva para que presente, por tercera vez, el examen de admisión. La voz de David no pierde tranquilidad al contar que ha participado en dos exámenes diferentes (el cambiado por el acuerdo 480 en 2015 II y en 2016-I, el examen regular, después de la derogación) y que ambos han resultado en fracaso. A pesar de que estudió un preuniversitario y de que las preguntas son, aparentemente, saberes necesarios, David cree que el método ideal para decidir el ingreso a la Universidad debería ser la determinación de estudiar.

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El método, el filtro, la clasificación… El examen es la puerta de entrada a la educación superior para los estratos 1, 2 y 3. El que no pasa deberá buscar becas o préstamos para ingresar al mundo profesional. Por eso, el examen de admisión es una fibra sensible que levanta polémica. Al respecto, en la Universidad de Antioquia se han generado varios cambios en el reglamento (el último, el acuerdo académico 480 de 2015, hoy derogado); se han hecho movilizaciones, como el paro de estudiantes en 2015-II (que logró la derogación anterior) y, fuera de lo legislativo, la opinión pública constantemente discute este tema.

Profesor Selnich Vivas Hurtado. Foto: Juan David Tamayo.

Profesor Selnich Vivas Hurtado. Foto: Juan David Tamayo.

Después de cada examen de admisión, hay miles de jóvenes que reciben uno de los No más trascendentes de sus vidas. Un No que genera emociones en padres y familiares, como fue el caso del profesor Selnich Vivas Hurtado, con su hija. Vivas es escritor, profesor de literatura alemana y poesía minika (cultura amazónica) en el pregrado Letras: Filología Hispánica, y en uno texto suyo, publicado en redes sociales y titulado “No pasé”, explica las discrepancias ideológicas que tiene con el examen de admisión y la educación en Colombia. El examen no puede ser, argumenta Vivas, un instrumento masificado, con solo preguntas de selección múltiple y con el azar como confidente. Agrega, incluso, que no debe haber filtro y que la decisión de formarse en una universidad debería ser la pasión por el conocimiento y que todos deben poder ingresar y vivirla desde las clases, las conversaciones, la música, el teatro, el cine. Hay un pero en su propuesta: ¿Qué pasa con el límite de cupos? Es el argumento constante para entender el uso del examen de admisión: son muchos estudiantes, poco espacio y menos profesores: no hay recursos. Para el profesor Vivas, la consecuencia es diferente: “Cuando hay cupos limitados, estamos diciendo que nuestra educación se basa en el privilegio y no podemos trabajar en una sociedad nueva, en una sociedad que quiere construir la paz, al pensar la educación para los privilegiados”.

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Los semestres avanzan con voracidad. Las posiciones que el marcador del examen de admisión dejó en primer semestre cambian y La Tabla —cuadrada, enumerada— registra que quien iba primero no sobresale tanto, quien iba segundo renunció a la academia, quien iba tercero… sigue allí, y quien era decimosexto ahora es primero. Los números danzan y eligen a su estudiante. Al final, con diploma al lado y un posible cupo en el mundo laboral, la pregunta continúa ahí: ¿cuál será la siguiente medición?

Informe publicado en la edición 80 de De la Urbe