El lado oscuro del turismo en Jardín

La principal actividad económica del municipio, es, al mismo tiempo, una amenaza para la preservación del patrimonio ambiental y cultural. ¿Se puede hacer turismo sostenible?

Por Manuela Ángel Cañaveral - manu.340@hotmail.com
Foto: Manuela Ángel Cañaveral.

Foto: Manuela Ángel Cañaveral.

El turismo es la “industria sin chimeneas” que deja al año cerca de 5.000 millones de dólares de ingresos en Colombia. Es el negocio en el que muchos sectores procuran, por algún lado, morder una jugosa tajada. Tanto es así que, desde hace algunos años, se promociona que para la diversión, variedad, conocimiento y descanso “la respuesta es Colombia”. Sin embargo, hay un ángulo oscuro, representado en explotación sexual, tráfico de drogas, daño al medio ambiente, contaminación, hacinamiento y competencia desleal. Esto es lo que, para muchas personas, se traduce en el lado poco amable del turismo y que, dicen, Jardín ya lo está padeciendo.

Ubicado entre verdes montañas, Jardín hace parte, desde 2007, de la Red de Pueblos Patrimoniales de Colombia. En el departamento comparte este honor con Santa Fe de Antioquia y Jericó. En el país, la red la conforman otros 14 pueblos como Mompox, Girón, Buga y Villa de Leyva. Esos 17 municipios hacen parte del grupo más amplio de 44 que han sido declarados Bien de Interés Cultural Nacional por poseer algún legado histórico, cultural o arquitectónico que represente al país, su cultura y su gente.

Jardín ingresó, inicialmente, por la majestuosidad del parque El Libertador y por la Basílica Menor de La Inmaculada Concepción, que fueron denominados Patrimonio de la Nación entre 1984 y 1985. Desde entonces, inició una carrera turística, primero, a nivel departamental,  y luego, nacional e internacional, tanto que hoy lo promocionan como uno de los municipios más hermosos de Colombia.

Y es que la tranquilidad del pueblo, además de su biodiversidad en fauna y flora, su riqueza hídrica y la posibilidad de practicar diversas actividades, hace de estas tierras un gran atractivo. Pesca, canopy, rappel, parapentismo, camping, avistamiento de aves, cabalgatas, visita a museos y a lugares religiosos, así como a sitios naturales, caminatas ecológicas y conciertos musicales son solo algunas de las más buscadas por los visitantes. Pero en muchas ocasiones, tales actividades han traído consigo problemáticas evidentes para el municipio en las que se ven afectados, principalmente, sus propios habitantes.

María Isabel Vélez Peláez es la secretaria de Turismo de Jardín y explica que “el turismo es un beneficio económico que puede ayudar al desarrollo cultural de los territorios porque favorece la creación de expresiones culturales y esto contribuye al crecimiento de las comunidades y del municipio. Pero, también se tiene que hablar del turismo visto desde la otra parte, desde otro ángulo: siempre será otra realidad por falta de reglamentación, de orden y de controles. En muchas partes, se entiende el turismo como una plaga porque es desfavorable para las comunidades. Uno de los problemas principales del turismo es el deterioro de la sociedad. Pero, uno aún mayor es el impacto ecológico que se da cuando el turismo es hecho en masa, como se viene presentando en Jardín”.

Marcela Restrepo es la persona encargada del Punto de Información Turística de Jardín, ubicado al frente de la Alcaldía municipal, en una esquina de parque. Lleva en una libreta un improvisado registro de las personas nacionales y extranjeras que se acercan a preguntarle algo sobre cómo movilizarse por el pueblo. En 2015, según sus registros, llegaron alrededor de 4.537 visitantes, de los cuales 516 venían de otros países. Y hasta abril de 2016, más de 356 extranjeros y 1.333 nacionales se acercaron a esa caseta, teniendo en cuenta que en el registro no figuran todas las personas que llegan, se hospedan o adquieren alguno de los servicios que se prestan en el municipio. Estas cifras son aún mayores, cuando la funcionaria de Turismo asegura que solo durante la pasada Semana Santa el número pudo superar las 4.500 personas.

Por ley, cada vez que llega un extranjero o foráneo a un sitio turístico, como Jardín, debe registrarse en la base de datos de Fontur (Fondo Nacional de Turismo) que se alimenta mensualmente, con el fin de tener datos y cifras concretos de los visitantes y las actividades que allí realizan. La regulación frente al turismo, que en ocasiones se ve corta para el control de los problemas que se presentan en estos atractivos turísticos, está plasmada en la Ley General de Turismo, o Ley 300 de 1996, que, al mismo tiempo, hace las veces de promoción y reglamentación.

“Es aquí donde entran los municipios a tomar cartas en el asunto, adecuando la ley a cada territorio. Siempre basados en ésta se hace la reglamentación del desarrollo de las actividades para cada uno de los territorios. Es que es una actividad que no se puede ejercer sin controles”, comenta la Secretaria de Turismo.

Basura, el problema que pesa toneladas

Una de las problemáticas más grandes que afronta el municipio es el impacto ambiental, reflejado en la gran cantidad de residuos sólidos que se acumulan. Lugares como fuentes de agua, ríos, cascadas, caminos rurales y senderos ecológicos terminan siendo los más afectados.

Según Ángela Patricia Jaramillo, gerente de las Empresas Públicas de Jardín (EPJ), en temporada baja se pueden recoger al mes hasta 86 toneladas promedio de basura. En agosto de 2015, se recogieron 66 toneladas; pero en mayo, mes del cumpleaños del municipio y en el que se celebró Semana Santa, fueron cerca de 102 toneladas.

La alta cantidad de residuos marcan a Jardín como un gran generador de basuras en el Suroeste, comparado con otros municipios de una mayor área y cantidad de habitantes, comenta Jaramillo. En ese sentido, no solo son las crecientes cifran en toneladas de basura que se recogen, sino el agotamiento y destrucción de los sitios naturales emblemáticos por el gran número de visitantes que reciben.

Otros “males”

Como si fuera poco el daño ambiental, las autoridades han identificado también el encarecimiento de los alimentos, la vivienda y los servicios, el desplazamiento de algunas personas del sector rural o dentro del mismo municipio, la llegada de nuevos residentes con recursos económicos que genera una especie de “burbuja inmobiliaria” o crecimiento urbanístico desbordado.

Juan Rendón, director de la Umata, narra cómo el campo se ha visto afectado también por el galopante turismo. “El sector agropecuario, en algún sentido, se ve violentado por el turismo porque las tierras ya son más rentables si no son utilizadas como zonas turísticas. Además, las políticas agrarias están desfavoreciendo la vida en el campo, lo que se convierte en una verdadera problemática en Jardín. La falta de mano de obra para trabajar en el campo y la falta de un relevo generacional genera que, por ejemplo, muchos de los productos agrícolas que se utilizan en los restaurantes, o que se venden en las legumbrerías, sean traídos de Medellín, lo que hace que tengan costos más altos que si se produjeran aquí”.

Ese es, de acuerdo con Rendón, un problema alarmante para Jardín, un municipio con aproximadamente 13.478 habitantes (según el Dane para 2015), ya que entre las actividades base de su economía se encuentra, además del turismo, el cultivo de café, plátano, banano, caña de azúcar, trucha, curuba y la ganadería. Pero esa vocación agrícola ha sido desplazada.

Hay que tener turismo sostenible

Foto: Manuela Ángel Cañaveral.

Foto: Manuela Ángel Cañaveral.

Vicente García es administrador de empresas turísticas, especialista en productos turísticos y profesor de la Universidad de Antioquia. Dice que el turismo debe ser sostenible y llevar a las comunidades más beneficios que daños. Explica que toda actividad turística trae consigo perjuicios que solo la planeación y la educación puede ayudar a equilibrar.

“La primera cosa de la que se tiene que hablar, para hablar de turismo sostenible, es del turismo de masas, un mal muy grande, que es lo que hoy se está viendo en Jardín, lo que ha generado en otros municipios de Antioquia problemas irreversibles, principalmente por la gran cantidad de personas que llegan. Sabemos que sí se puede hacer turismo sostenible y sustentable; pero lo más importante es hablar desde lo económico, ya que se debe educar para que el interés particular no esté sobre el interés general o común del municipio”, dice García.

Entonces, el turismo ideal es el planificado, pensado para mitigar los daños; pero aprovechando los efectos positivos que trae consigo esa actividad que impacta la sociedad a nivel económico, cultural y ambiental. Eso significa planear el futuro de Jardín, teniendo en cuenta su calidad de sitio atractivo; pero reconocer lo que trae consigo esa práctica que, bien llevada, puede constituirse en un motor de desarrollo para sus residentes y en una gran experiencia para los visitantes.

Así lo piensa el agente Camilo Álvarez, policía de Turismo, quien con unas semanas de ejercer el cargo en el municipio, comenta la importancia de ser conscientes de los impactos y no caer en los errores en los que han caído otros sitios: “Si en Jardín no se controla, pasará como en Santa Fe de Antioquia, donde los precios, por ejemplo, ya son tan altos que es muy difícil que cualquier persona pueda visitarlo. Además de que llegó tanta gente de otros lados que se sobrepobló y, en ocasiones, colapsa”.

El reto es ordenar la actividad para que los habitantes del pueblo y los propios turistas sobrevivan a la música de los negocios a todo volumen, que forma un popurrí de bulla a veces insoportable; a los tumultos, a las calles y las aceras llenas de sillas y de mesas que hacen difícil caminar; a las basuras y a los grupos de personas montados a caballo tomando fotografías con sombreros alones, carrieles jericoanos, ponchos y botellas de aguardiente en la mano, simulando la mal entendida cultura campesina.

“Acabar con la ilegalidad en algunos hoteles, exigir muy buena prestación de servicios, que el visitante respete el lugar que va a visitar y que Jardín crezca positivamente. Ese es el gran reto que tenemos”, dice el agente Álvarez.

“Revisando cada cama, cada colchón, rompiendo sábanas y toallas en mal estado es la forma como se está trabajando desde la Secretaría de Turismo, en conjunto con la Policía de Turismo, para trabajar por la prestación de buenos servicios”, dice la secretaria Vélez. “Yo sé que el turismo bien hecho en Jardín sí se puede hacer”, concluye.

Pero, entre los demás asuntos pendientes, además de mejorar las condiciones del servicio en los hoteles, está la señalización turística, la formación y capacitación de guías, atacar el trabajo infantil, la educación en idiomas extranjeros y la prevención de problemáticas como la explotación sexual.

Se trata de encontrar una alternativa al turismo desbordado que tantas dificultades ha generado en otros lugares de Colombia. Pero, de acuerdo con el profesor García, se debe insistir en la educación para que los visitantes sean conscientes del respeto que deben tener por el lugar al que llegan y los jardineños reconozcan la riqueza natural y cultural de su municipio, poniéndole valor y no precio a su tierra.

Ley general de Turismo
La Ley 300 de 1996 define el turismo como “una industria esencial para el desarrollo del país” y establece que “el Estado le dará especial protección en razón de su importancia para el desarrollo nacional”. La Ley fue promulgada para fomentar y, a la vez, controlar la actividad turística en Colombia.
Por ello, la normatividad también se refiere a los mecanismos que deben implementarse para mitigar los impactos, proteger el medio ambiente y garantizar la preservación del patrimonio cultural.

 

Red Turística de Pueblos
Patrimonio
La red está conformada por Barichara, Honda, Ciénaga, Villa de Leyva, Santa Fe de Antioquia, Jericó, Aguadas, El Socorro, Guadalajara de Buga, Guaduas, La Playa de Belén, Monguí, Salamina, Santa Cruz de Lorica, San Juan de Girón y Santa Cruz de Mompox.
Reportaje publicado en la edición 03 de De la Urbe Suroeste