Dos hitos de las letras colombianas

Por Diego Guerra - dieguelo21@hotmail.com

Obra negra

El viejo Fernando González

“Señal de sabiduría es cuando el hombre, teniendo un alma fogosa, logra dominarla y hacerse a un exterior flemático”, así reza una de las reflexiones de Fernando González en su libro Pensamientos de un viejo. A pesar del título, González no es aún un anciano cuando publica su libro; por el contrario, apenas cuenta con veintiún años. Sus palabras, constituyen los hallazgos existenciales, espirituales y racionales de un joven con un pensamiento inquieto y sensible, ampliamente influenciado por la filosofía, la literatura y la vida misma.

Esto último es, precisamente, lo que encuentra el lector que se acerca a este libro. Con un estilo a veces fabulador y a veces aforístico, esta obra, cien años después de su aparición en 1916, sigue atrapando indistintamente a jóvenes y adultos que encuentran en ella una forma de sabiduría que se mantiene vigente con el paso de las décadas.

“Yo siempre he creído que el hombre al filosofar solo trata de apaciguar su interior, justificando sus acciones y modos de ser”. Y es que los temas principales de estos pensamientos son inevitables a la naturaleza humana: el amor, el conocimiento, la muerte, la justicia, el bien, la belleza; todos ellos son abordados por medio de personajes también comunes entre los hombres: el niño, el loco, el vago, el enamorado, el maestro, el poeta, el mendigo de la llaga, todos ellos capaces de desplegar un conocimiento nostálgico y feliz al mismo tiempo.

No hay que ser un viejo para conseguir ahondar en estas cuestiones; sin embargo, el mérito de González, viejo y sabio desde muy joven, se halla en haber puesto en práctica una disciplina interior (del pensamiento y del espíritu) que otorga a sus ideas una suerte de plenitud, fascinante e inquietante cien años después, y todavía muchos más.

La sexta edición de Pensamientos de un viejo acaba de ser publicada por el Fondo Editorial Universidad Eafit y la Corporación Otraparte en su colección Biblioteca Fernando González.

El oscuro Gonzalo Arango

“Mis libros no tienen ese aroma que santifica las almas e ilumina los claustros sombríos de la virtud”, afirma Gonzalo Arango, el profeta de la nueva oscuridad, como él mismo se proclamaba. Su obra lleva la marca de la transgresión, busca ruido y silencio al mismo tiempo; luz y obscuridad.

Obra negra representa casi una síntesis de Arango: un enfado vehemente, una indiferencia silenciosa, pero también un hedonismo tranquilo y una esperanza casi mística en las posibilidades estéticas. En esta obra, no solo aparecen algunas de las características del nadaísmo y del estilo personal de Arango, sino que, además, aparecen los rasgos de una sociedad marcada por los preceptos sociales y artísticos.

Obra negra es un anuncio a Medellín, a Colombia, a la vida, el anuncio de la antibelleza, de la cual Arango es profeta y la oscuridad su mayor signo. La antibelleza que anuncia Arango está asociada a un renacer, a una destrucción, a una aniquilación airada y brutal, pero, en últimas, a una forma de belleza, creadora, comprometida con el hombre, la vida y el mundo, trascendente como la literatura misma; al fin y al cabo, “esta belleza no tiene la culpa de ser así”.

No obstante, la tierra prometida de este anuncio, de esta belleza que es antibella a la vez, es la vida en sí misma, que se impone ante cualquier camino, incluido el Nadaísmo. Es allí donde Arango, paradójico, se consolida como profeta: “Nunca diré por última vez que me gusta más vivir que escribir, la vida que la literatura”.

 La tercera edición de Obra negra acaba de ser publicada por el Fondo Editorial Universidad Eafit y la Corporación Otraparte en su colección Biblioteca Gonzalo Arango.

Reseñas publicadas en la edición 79 de De la Urbe