¿El tiempo del ELN?

Tras la firma del acuerdo para la terminación del conflicto entre las Farc y el Gobierno el 23 de junio, la segunda guerrilla más antigua del país da señales contradictorias sobre su disposición al diálogo.

Por Laura Cardona* – laulccp@gmail.com

ELN

La paz inició su papel protagónico entre el Gobierno y el ELN el 30 de marzo, cuando desde Caracas (Venezuela) daban a la opinión pública la agenda que marcaría la ruta de la negociación. Algo más de tres meses después de iniciada la fase pública, el proceso está congelado y la paz, que decían “estaría completa” cuando el ELN se uniera, quedó en puntos suspensivos.

Además de algunas voces que decían que la agenda no era clara, de otros que desconfiaban de la disposición del ELN y unos más que sostenían la fragmentación interna del grupo, fue el secuestro de la periodista colomboespañola Salud Hernández-Mora, en el municipio de El Tarra, Norte de Santander, lo que hirió la mesa de negociación. Y con dicho secuestro, el ultimátum que el presidente Juan Manuel Santos puso al ELN el 27 de mayo, después de la liberación de la periodista: “No se activará una mesa de negociación para un acuerdo de paz hasta que no libere a todos los secuestrados”.

En la agenda acordada entre el Gobierno y el ELN no hay un acuerdo que estipule el fin del secuestro como una obligación para iniciar las conversaciones; sin embargo, para la opinión pública el secuestro no deja de ser una violación al DIH y a los derechos humanos. Esa es la razón del ultimátum presidencial, según el exguerrillero, columnista, fundador de la ONG Nuevo Arco Iris y hoy director de la Fundación Paz y Reconciliación, León Valencia : “El Gobierno se apoya en que la opinión pública rechaza mucho el secuestro, entonces cuando sale el escándalo del ‘cambiazo’ en Chocó [el exgobernador de ese departamento, Patrocinio Sánchez, fue liberado a cambio de la retención de su hermano, Odín Sánchez] y después, cuando sale el secuestro de la periodista, el Gobierno se siente obligado a reclamarle al ELN”.

El 28 de mayo, la periodista María Jimena Duzán le escribió una carta al comandante del ELN, Nicolás Gabino , en la que criticaba su posición frente al secuestro. Gabino respondió el 13 de junio: decía entender el flagelo del secuestro, pero su carta mostraba un sentimiento de ofensa frente al ultimátum de Santos: “Valoramos muy desafortunado que luego de lo acordado el 30 de marzo, que generó grandes expectativas, el presidente Santos de manera intempestiva y unilateral, haya colocado nuevos impedimentos para avanzar. Ello es claramente violatorio de lo acordado […] Aquí caben varias preguntas: ¿si estos condicionamientos los hubiésemos hecho nosotros, cómo hubieran reaccionado los creadores de opinión?, ¿es lícito y está bien hecho que solo una parte pueda colocar exigencias por fuera de la mesa de diálogo?”.

No deja de ser cierto que la decisión del Gobierno no inspira confianza en un proceso en que las partes son por lógica enemigas. Si incumple la letra firmada de la agenda, ¿cómo puede avanzar un proceso de paz? No obstante, hay un punto que el grupo guerrillero debe tener en cuenta a la hora de juzgar qué hacer frente al secuestro; tal punto fue expresado en una carta abierta que 34 organizaciones y 38 académicos y líderes políticos hicieron pública el 16 de junio: “Consideramos nosotros y nosotras que tienen ustedes una equivocada posición remediable. El problema no es cuándo se negocia el tema del secuestro con el Gobierno. El tema es que para la sociedad colombiana y para la humanidad esa es una práctica inaceptable. Si el ELN tiene a la sociedad como referente para su negociación, como lo ha dicho en innumerables ocasiones, no puede seguir siendo sordo a la demanda de la misma para poner fin, de una vez por todas, a ese repudiable comportamiento”.

La posición de ELN frente al secuestro es un error político y un motivo de desconfianza para los colombianos, uno más de la lista. Para León Valencia, el problema es que la guerrilla tiene un error de apreciación y piensa que la negociación se reduce a dos partes: ellos y el Gobierno. Y no: la opinión pública también hace parte del proceso, se moviliza al estar en contra el secuestro y es movilizada por opositores que no tardan en aprovechar la coyuntura.

La resolución de este obstáculo, comenta Valencia, puede ser cuestión de tiempo: se trata de comprender la política nacional y de asimilar las lógicas de la vida pública: “Las FARC llegaron a La Habana con posiciones muy radicales y fueron comprendiendo, en medio de las negociaciones, que existía la opinión pública y que tenían que ponerle mucho cuidado. Hoy las FARC son más realistas, lo mismo pasará con el ELN”.

El secuestro de Salud Hernández-Mora y los dos periodistas de RCN que fueron a reportear su desaparición, activó otras críticas de la opinión pública, como la posibilidad de una fragmentación en el interior del ELN frente a la decisión de la paz. La principal razón para tal sospecha es que el grupo no tiene un sistema de mando vertical (como el de las FARC), sino que goza de una horizontalidad en la cual el Comando Central no tiene el poder de dictar órdenes.

Sin embargo, en enero de 2015 se llevó a cabo el V Congreso ELN 50 años: Raíces, luchas y esperanzas junto al pueblo. Allí, según está escrito en la revista oficial del ELN (Simacota), la organización, como unidad, aceptó la dejación de armas como una posibilidad para cumplir con sus objetivos sociales. Además, el Comandante Central, Nicolás Rodríguez Bautista, dice en dicha revista: “Con base en las nuevas realidades [el V Congreso] realizó los ajustes necesarios y más que cambios, hay continuidad en materia de paz y trabajo de masas; considerando los últimos desarrollos de las luchas populares, se requiere de un salto que permita que sus organizaciones se posicionen, como sujetos políticos en la vida del país”.

A este respecto, Víctor de Currea-Lugo , profesor, periodista y conocedor del ELN, agrega: “Creo que [en el ELN] hay voces disidentes y tendencias como en toda organización, pero no creo que eso le permita a uno decir que está fragmentado. Al contrario, es la verticalidad militar, de dar una orden y que se ejecute como tal, la que da ese tipo de cosas”.

Estas voces disidentes han dejado a los negociadores con las manos atadas, pues, comenta León Valencia, una de las condiciones que pusieron para aceptar ir a la mesa fue no hacer gestos unilaterales. Es decir, el ELN está en una nueva negociación interna, aspecto que no deja de ser común en un proceso que busca el fin del conflicto armado.

Por eso la crítica que más surge frente a este cúmulo de acontecimientos es la audacia política del ELN; cualidad necesaria para conquistar una sociedad desencantada por la guerra. Una a la que el ELN le debe demostrar la importancia de su papel político en un país que anhela que la paz deje de ser una utopía.

En palabras de Currea-Lugo: “Es una incapacidad mediática. Ha habido una idea de que tener una razón o unas convicciones es suficiente, y la famosa frase popular de que no solamente hay que poner el huevo, sino que hay que cacarearlo, se les ha olvidado a las insurgencias, y al mismo gobierno de Santos, mientras que [el expresidente y senador] Uribe lo tiene claro”.

La audacia política se hace importante hoy que el proceso está congelado. Es la cualidad para sobrellevar momentos álgidos ante la opinión pública la que puede activar este proceso. Más allá, es entender que, aunque hay una negociación que debe hacerse con el Gobierno y aunque la sociedad sea un punto fundamental de la agenda de negociación, la apuesta política del ELN ya empezó y cada acción generará una reacción en la población colombiana.

*Estudiante de Periodismo
Análisis publicado en la edición 79 de De la Urbe

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