¿Cómo es la regionalización que queremos?

La Universidad de Antioquia debe ser coherente con las vocaciones regionales, debe analizar el contexto y promover programas que dialoguen con las dinámicas propias de los diferentes territorios del Departamento.

“Tener comunidad académica en las regiones”. Esa fue la idea que expuso en abril el rector de la Universidad de Antioquia, Mauricio Alviar, en una entrevista para De La Urbe. Dijo que ese sería el punto de partida de un propósito más ambicioso: promover un esquema de descentralización que permita superar la lógica de que los programas académicos que se imparten en las sedes y seccionales son “llevados” de Medellín a las regiones.

Ese mismo objetivo se expresa en el Plan de Acción Institucional 2015-2018. “Este nuevo modelo de regionalización supone crear paulatinamente comunidades académicas lideradas por profesores de planta, la creación y desarrollo de grupos de investigación y el impulso a procesos culturales que den línea a las posibilidades de desarrollo territorial. Se trata de transformar las realidades regionales desde las mismas regiones”, dice el documento que no es otra cosa que la hoja de ruta que guiará hasta dentro de dos años las decisiones administrativas en la Universidad.

El propósito de fondo, de acuerdo con el mismo Plan, es que, con ese nuevo esquema de descentralización, la regionalización universitaria se transforme en “un motor del desarrollo territorial (…) debe asumir el liderazgo del Sistema de Educación Superior en Antioquia como estrategia para contribuir a la formación del talento humano de las regiones”.

En ese contexto, la Seccional Urabá tiene una posición prioritaria. Así lo reconoce el Plan de Acción que propone para esa región, junto con Bajo Cauca, aumentar el número de profesores vinculados y crear estructuras académicas que permitan el trabajo interdisciplinario. Urabá tiene ese lugar, no solo porque fue aquí donde surgió el actual modelo de Regionalización, hace ya poco más de 20 años, sino porque sus perspectivas de futuro y también sus problemas siguen exigiendo la presencia activa de la Alma Mater.

Ahora bien, como lo reconoce el propio rector, cumplir esos objetivos pasa primero por la necesidad de crear comunidad académica. Un reto que, por más relevancia que tenga en los planes estratégicos o en los discursos, se contradice con la realidad a la que se enfrentan los estudiantes ya matriculados y aquellos que apenas piensan en la Universidad de Antioquia como una alternativa.

Algunos de los primeros experimentan las difíciles condiciones de infraestructura de una sede como la de Jesús Mora, en Turbo. Insuficiente en espacios y equipamiento, con dificultades de salubridad y con inundaciones constantes que impiden el desarrollo de las actividades propias de cualquier establecimiento universitario.

Otros, también parte de ese grupo de los ya matriculados, encuentran en la Ciudadela Universitaria de Apartadó un espacio en condiciones óptimas para las actividades académicas, pero sin vida universitaria más allá de las clases. La Seccional, en su conjunto, se queda corta en la construcción de ambiente universitario. El deporte, la cultura y la interacción por fuera de las aulas parecen reñir con la regionalización.

La situación para quienes conforman el segundo grupo, el de aquellas personas que apenas se proponen ingresar a la institución, tampoco plantea un panorama muy claro en la vía de construir esa anhelada comunidad académica. Por lo menos, eso es lo que se desprende del más reciente proceso de admisión: en Urabá, una región que supera los 500 mil habitantes, se ofertaron seis programas académicos; de ellos, solo dos serán presenciales y los cuatro restantes se desarrollarán en modalidad virtual. La ecuación es idéntica en Occidente, Magdalena Medio, Segovia y Amalfi.

Entonces, las preguntas que surgen son: ¿se pueden construir comunidades académicas sin estudiantes?, ¿es posible fortalecer comunidades académicas en las regiones cuando en un municipio, como Apartadó, buena parte de las aulas de la nueva Ciudadela permanecen vacías mientras cientos de personas continúan esperando a que se ofrezcan los programas de sus preferencias?, ¿habrá comunidades académicas en contextos donde esperar o trasladarse a otras regiones no es una opción y, por tanto, las personas deben acoplarse a ofertas cada vez más limitadas?

Por supuesto, la Universidad de Antioquia debe ser coherente con las vocaciones regionales, debe analizar el contexto y promover programas que dialoguen con las dinámicas propias de los diferentes territorios del Departamento. Debe ser un referente de transformación desde lo local en las regiones.

Pero, en esa misma vía, todo ese proceso de reformulación del modelo de Regionalización que ahora se propone también debería ser la oportunidad para reflexionar sobre lo que implica que la Universidad, en muchas de las regiones, sea casi la única posibilidad de acceso a la educación superior para miles de personas. También para escuchar las voces de cientos de estudiantes y egresados que han encontrado en las aulas de las sedes y las seccionales un espacio para cualificarse para el trabajo; pero, en muchas ocasiones, no el escenario para desarrollar y enriquecer sus propios proyectos de vida.

Editorial edición 03 De la Urbe Urabá