La literatura de mis ancestros

Adolfo Colombres escribió: “para la gente que solo se comunica con la voz, esta llega a tener una intensidad y significados que difícilmente podrán comprender los que han crecido en la tradición de la escritura”. Negados de ese privilegio, siempre podremos escuchar un cuento de la abuela.

Por Sara Castillejo Ditta – sorditta@gmail.com

Ángela Gregoria Caro Díaz nació en un poblado escondido entre dichos parajes, un pueblito sin mapa que se llama Caimital. A pesar de que el trasegar por la vida la empujó hasta Medellín, Ángela se encargó de dejar en cada sitio donde estuvo un pedazo de su tierra ancestral, gracias a las mágicas narraciones que heredó de su abuelo, Julián Caro, y que nos repitió a cada uno de sus 22 nietos.

En el costado occidental del sur del departamento de Bolívar hay un tramo en que el río Cauca dibuja la frontera con Sucre. Entre Achí y Montecristo el transporte es fluvial, aquellas son tierras de serranías y cordilleras sembradas de manantiales, habitadas por campesinos costeños y pescadores, también por baharequeros. La presencia armada se ha identificado en algunos sectores de Montecristo, pero antaño estos eran pueblos hermosos y tranquilos, de los que ya no esperábamos encontrar. Al menos así los recuerdan mis abuelas.

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