Tomarse una cerveza en el parque, ¿mala costumbre?

Desde principios de este mes comenzó la controvertida campaña de la Alcaldía de Medellín y la Policía para regular el consumo de alcohol en los espacios públicos.

En el barrio Carlos E., un grupo de jóvenes brindaron por Medellín. Fotografía: Jorge Quinchia

En el barrio Carlos E., un grupo de jóvenes brindaron por Medellín. Fotografía: Jorge Quinchía

 Por Sara Lopera / sllopera9@gmail.com

El viernes 11 de marzo finalizaba una semana en la que diferentes medios habían informado de las nuevas medidas que tomaría el gobierno local para hacer cumplir un código de convivencia existente desde el 2002. Muchas preguntas les surgieron a los jóvenes con tales anuncios: ¿Ya no podremos tomarnos una cerveza en el parque de El Poblado? ¿Qué pasará si me la tomo? ¿Cómo así que me pueden multar? Esa misma semana, se hicieron visibles en las redes sociales otras posturas que se mostraban en desacuerdo con la prohibición que está imponiendo la Alcaldía de Medellín.

Desde muy temprano, Al Poniente –medio alternativo de la ciudad– publicaba un artículo tras otro acerca del tema. Algunos de sus titulares: “El Alcalde merece una Pilsen”, “Marihuana, birra y espacio público”, “¡Salud, Alcalde!, ¡Prendelo, Gobernador!”, todos con el factor común de interpretar esta medida como forma de limitar las libertades de los ciudadanos y de combatir un problema de fondo con soluciones superficiales.

A la Alcaldía que argumenta que la decisión se tomó por la necesidad de disminuir las más de quince mil riñas que se dan en promedio cada mes en la ciudad, en las que la mayoría las producen personas borrachas, Daniel Marín, columnista de Al Poniente, le responde en su artículo: “Llenemos de contenido artístico, cultural, paisajístico y lúdico los espacios públicos para verdaderamente recuperarlos, basta ya de ese insensato modelo coercitivo”.

Mientras Gustavo Villegas, Secretario de Seguridad de Medellín, explicaba en ruedas de prensa que el consumo de alcohol en espacios públicos es una mala costumbre que existe hace bastante tiempo y que hay que erradicar, otros reivindicaban los mismos actos como parte de nuestra cultura. La Nueva Escuela de Pensamiento Fernando González –colectivo de arte, cultura y vida, creado por jóvenes–, realizó un video el sábado 5 de marzo en el que los participantes, con cerveza en mano, brindaban por Medellín, “Alcalde, el alcohol construye convivencia, apropiación del espacio público, estamos todos tranquilos y no somos criminales en potencia. ¡Salud!, Alcalde, tomar una cerveza no nos convierte en delincuentes y somos simplemente jóvenes socializando y disfrutando del espacio, si hay un problema de alcoholismo se trabaja con educación y no con represión, ¡Salud!”

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Era viernes 11 de marzo y ya se había vuelto tendencia la etiqueta #UnbrindisporMedellín, un evento creado por la Nueva Escuela que invitaba a todos los ciudadanos a reunirse en el Carlos E. Restrepo para discutir sobre el tema mientras se tomaban una cerveza. Cuando apenas oscurecía el lugar ya estaba lleno como de costumbre, en la mitad del sendero se hacía visible el altoparlante por el que hablaba Julián Vásquez, quien lidera el movimiento, y la masa de gente que se ubicaba alrededor de él para escucharlo. Hacer pedagogía, tratar el problema de raíz y respetar las libertades de todos eran algunos de los asuntos que se estaban discutiendo hasta el momento en que Raúl Vásquez, habitante, líder comunitario y antiguo presidente de la Junta de Acción Comunal del Carlos E., se tomó el micrófono para decir que él también tenía derechos ciudadanos como todos los que se encontraban allí, y señaló que la situación que se presenta cada fin de semana en el barrio rompe con una armonía que estaban tratando de construir hacía mucho tiempo.

Y es que la zona residencial Carlos E. Restrepo no es un caso que se pueda tratar como el parque de El Poblado, el Parque Lleras o el Parque del Periodista. El lugar al que todos los fines de semana llegan montones de jóvenes a sentarse en las aceras, en los muros y, cuando ya no hay más espacio, en el piso; no es precisamente un parque; la postura tanto de quienes habitan los edificios que hay alrededor como de quienes se apropian del sendero que está rodeado de árboles, ventas de comidas y licoreras, está bastante polarizada. Por una parte, un sector de quienes habitan el lugar manifiestan que este sendero hace parte del barrio residencial y que la apropiación de los jóvenes fue algo que a ellos se les impuso; mientras otra parte de los habitantes, más todos los que llegan de diferentes zonas a “parchar”, defienden el espacio como un espacio público. Unos reclaman que las basuras, el ruido y el humo de marihuana no los dejan disfrutar del espacio en el que viven con sus familias, los otros aceptan que falta educación pero que el espacio sigue siendo para el disfrute de todos.

El evento terminó con el encuentro de todos estos actores que discutían en forma vehemente pero respetuosa acerca de los derechos que tiene cada uno y hasta dónde llegan. Llegaron tres cajas de cerveza Club Colombia para regalarle al que quisiera hacer un brindis por Medellín y por esta protesta, luego todo siguió en su normal transcurso. Simón Murillo, habitante del Carlos E., manifestó que en su barrio muy pocas veces se ven riñas protagonizadas por ebrios, también porque la Policía se encarga de desocupar el lugar en la medianoche. Más bien el problema son todas las basuras que después de una noche, como la del viernes 11 de marzo, quedan tiradas por todo el sendero, y que jóvenes y familias no puedan compartir y disfrutar el mismo espacio.

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Al siguiente día, sábado 12 de marzo, otros lugares públicos fueron apropiados por el arte y la música. El Parque del Poblado a las 10:00 de la noche era un escenario lleno de alegría: saxofones, guitarras eléctricas, malabares, trompetas, baile y mucha cerveza. Se le puede llamar armonía a la manera en que cientos de personas, de diferentes clases, extranjeros y locales, compartían el mismo lugar, lo disfrutaban y creaban cultura a partir de la convivencia. ¿Acaso no es en este tipo de espacios en los que nos construimos como ciudadanos a partir de la conversación y el encuentro con el otro? ¿Juega la cerveza un factor negativo o positivo en este caso? ¿Cuántas riñas habrán ocurrido esa noche? El hecho es que en todo el lapso de tiempo que duró el espectáculo artístico ningún policía se acercó al lugar –habiendo un CAI a pocos metros–, pero en redes sociales han salido varios testimonios como el del cantautor Solo Valencia, a quien le realizaron una contravención el mismo sábado por llevar una cerveza en la mano en el Parque del Poblado en horas de la madrugada.

Todas estas experiencias dan a entender que el tema de los espacios públicos no se ciñe únicamente a las riñas callejeras y a la violencia de las personas en estado de embriaguez, sin duda hay otros temas igual de importantes: la disputa entre lo público y lo privado, el estado en que quedan los lugares cuando todos se van, la incomodidad de otros ciudadanos por no compartir los mismos hábitos. También queda en evidencia que quienes salen a tomarse una cerveza a un parque no son obligatoriamente quienes producen riñas, y que esta medida no asegura una solución de fondo al problema, pues en Bogotá donde se implantó la misma restricción, no ha disminuido la cantidad de riñas y en el Chorro de Quevedo siguen vendiendo Poker pero ahora en bolsas para que los policías no molesten.

Es cierto que el Estado debe velar por la integridad del espacio público y que prime el interés general en ellos. “El debate está entonces en qué entiende el Alcalde por integridad e interés general versus lo que entiende la ciudadanía por los mismos conceptos, esto es en lo que no parece haber un consenso”, opina Tiffany Botero, politóloga de la Universidad Nacional, quien además explica que beber en espacios públicos es una práctica en la que se sitúan personas de clase baja, media e incluso media-alta como una alternativa ante el alto costo de las bebidas alcohólicas en establecimientos o las ventajas de sociabilidad, cultura y paisajismo que ofrecen espacios como Ciudad del Río o el Parque del Poblado.

Es contradictorio que hace poco el alcalde Federico Gutiérrez tomará la decisión de que a los clásicos antioqueños pudieran entrar nuevamente la hinchada del DIM y del Nacional, porque prohibir la entrada de una de las dos no era en lo absoluto una muestra de estar viviendo el fútbol en paz, y que ahora con este tema tome una postura totalmente distinta. Prohibir es darle la espalda al problema y es reducirnos las libertades que como ciudadanos tenemos, sin la mínima seguridad ni siquiera de que la estrategia vaya a dar algún resultado. Por eso, colectivos como la Nueva Escuela del Pensamiento Fernando González, Al Poniente y muchos jóvenes que se han unido al desacuerdo con dejar de tomar cerveza en los espacios públicos, le dicen a la administración: ¡Ey, Alcaldía de Medellín no cuenta con vos!

Brindis por Medellín en el barrio Carlos E. Restrepo.


Fotos: Jorge Quinchía

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