Diccionario revitalizado de palabras cansadas

Son veinticuatro crónicas y doce ensayos que, a modo de diccionario, dan cuenta de una serie de palabras que narran la vida de la ciudad. Cada una es ambientada por un ensayo y dos crónicas.

Por Daniela Jiménez González / @danielajg18
Patricia Nieto y Jorge Mario Betancur (Editores) (2015). De las palabras. Crónicas y ensayos. Medellín: Secretaria de Cultura Ciudadana.

Patricia Nieto y Jorge Mario Betancur (Editores) (2015). De las palabras. Crónicas y ensayos.
Medellín: Secretaria de Cultura Ciudadana.

En el principio, las palabras llegaron como barquitos de papel arrastrados por la corriente. Venían de un largo viaje, un recorrido que las había dejado marchitas por el uso y arrinconadas en los bolsillos. Cargaban el peso que trae consigo la ciudad y sus calles, en donde las personas las han usado a su antojo por años.

Arribaron de sorpresa a la mesa de un café en donde las esperaban un grupo de cronistas. Cada palabra eligió a un narrador. Ellos no tuvieron derecho a escoger. A partir de ahí nació una relación de persecución y búsqueda, en un ejercicio que exigió que cada escritor se replantease las certezas sobre el significado de cada una de estas palabras. El reto, desde siempre, fue reencontrar en estos conceptos los diversos matices de Medellín: recorrer de nuevo sus barrios, repasar las anécdotas, volver a los lugares y a las personas para escribir historias reales que permitieran darle a cada palabra un nuevo sentido.

Los cronistas se reunieron cada semana para darle forma a sus historias. Allí, en discusiones de colegas y de amigos, las edades desaparecieron para dar paso a un encuentro en el que se conjugaron la trayectoria de escritores versados en el oficio con la vitalidad y entusiasmo de los cronistas jóvenes.

Así, las historias que nacen de este ejercicio de laboratorio y experimentación conforman el libro De las palabras. Crónicas y ensayos, una obra de circulación gratuita editada por Patricia Nieto y Jorge Mario Betancur y auspiciada por la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín en convenio con la Fundación Casa Teatro El Poblado.

Son veinticuatro crónicas y doce ensayos que, a modo de diccionario, dan cuenta de una serie de palabras que narran la vida de la ciudad. Cada una es ambientada por un ensayo y dos crónicas y, entre esta selección que compone el libro, se encuentran palabras como “respeto”, detallada en el recuento de la trágica caída del Space, uno de los edificios más emblemáticos de El Poblado. O “violencia”, que se transforma en música, a la manera de una banda de punk que le canta a los barrios de su ciudad en medio de las adversidades. Pero “violencia” es también la experiencia de vida de un fotógrafo que documentó y fue testigo de la guerra disputada en Medellín. Incluso encontramos palabras como “política”, en el relato de un joven universitario que persiguió hasta su muerte un cambio en la sociedad.

Pero en la obra, las crónicas y los ensayos no son oponentes. Por el contrario, conforman una intensa armonía en donde las crónicas, con su ritmo y versatilidad, son situadas en un contexto histórico por la experticia de los ensayistas, algunos de diferentes países.

Sin embargo, este no es un diccionario tradicional ni tampoco una cartilla o manual de convivencia. En el libro, las palabras no cumplen con una categorización esquemática ni van presentadas en orden alfabético. Quien lee, puede hacerlo en distinto orden, teniendo múltiples posibilidades de ingreso. La obra inicia con la palabra “felicidad” bajo el relato conmovedor de Elena Poniatowska: “(…) felicidad, amor, te quiero, porque eres sabio y no te gusta nombrar nada, aunque la felicidad está allí, al acecho, con su nombre feliz que se queda en el aire, encima de nosotros (…)”. El cierre, en cambio, es dedicado a la palabra “esperanza”, reconstruida por la voz de tres mujeres, cada una desde una apuesta estética y una visión diferente.

Las ilustraciones del libro, realizadas por Marlon Vásquez, constituyen una narración con imágenes, un juego con los colores que complementan la lectura de los textos y despojan al libro de la linealidad. Destaca, además, los cuidados en la forma y el diseño, donde la paginación rompe con la disposición típica. Desaparecen los números y llegan nuevamente las palabras, desde la página uno hasta la trescientos cincuenta y tres.

El encanto del libro está en la proeza de recuperar un conjunto de palabras, antes estigmatizadas, que cobran la vida que parecía habían perdido en el trajín del andar cotidiano. Es, además, una reivindicación de las buenas historias; también, un retrato de una ciudad emocional que se debate, cada día, entre la tranquilidad, la agitación y la indiferencia de sus habitantes.

Reseña publicada en la edición 76 de De la Urbe