Carta abierta al gobernador de Antioquia

Señor gobernador, nuestra invitación es a que, más allá de las disputas políticas y de enunciar los errores que se cometieron, su administración reconozca que hay procesos que deben continuar.

Señor gobernador electo. Hace cuatro años la educación no era vista como un pilar fundamental para el desarrollo de la región de Urabá, y si lo era para unos cuantos funcionarios, pocas acciones concretas eran ejecutadas desde los entes gubernamentales para contribuir a que se convirtiera en un motor de transformación.

La realidad a la que hoy se enfrentan los jóvenes en Urabá, y lo sabemos como estudiantes, es por lo menos esperanzadora, pues, en el Gobierno de Sergio Fajardo, se intentó hacerle frente a algunas problemáticas relacionadas con el acceso a la educación. Aunque los resultados no fueron los esperados, fue un avance que por lo menos nos preguntáramos públicamente por las falencias particulares de la región y por los motivos que, por ejemplo, llevaron a algunos de nuestros colegios a ocupar los últimos lugares en el país.

Pero según estadísticas del Icfes y del Ministerio de Educación, los resultados de las pruebas Saber 11 de 2014 no fueron alentadores. El avance en todo el departamento, al analizar el número de estudiantes que ocuparon los puestos 1 a 400, es decir, los primeros lugares, fue de apenas un 1 por ciento en comparación con los resultados de 2010.

Por su parte, los dos municipios certificados de Urabá no presentaron avances en materia de calidad. En Apartadó apenas el 26 por ciento de los estudiantes ocupaban los primeros lugares de los listados en 2010, la cifra se mantuvo igual en 2014. El caso de Turbo es más decepcionante. En ese municipio el número de alumnos que se ubicaron entre los puestos uno y 400 pasó del 16 al 12 por ciento entre 2010 y 2014. Es un hecho, en términos de calidad, en lugar de avanzar se retrocedió.

Pese a esas cifras, lo sucedido en los últimos cuatro años ha llevado a que algunos imaginarios cambien, entre otras cosas, porque desde la Gobernación se ha cumplido con el deber de garantizar más y mejores espacios para el fomento de la educación. Dos nuevas sedes de la Universidad de Antioquia en Turbo y Apartadó, y la adaptación de una más en Carepa, además de seis parques educativos entregados o en construcción, así lo ratifican.  El discurso de su antecesor, el gobernador Fajardo, defiende la idea de que “la calidad de la educación comienza por la dignidad de los espacios”, y estamos de acuerdo.

Sin embargo, usted dijo apenas una semana después de ser elegido que “Antioquia la más educada es un cascarón vacío”, y los resultados en calidad de alguna manera le dan la razón. Pero entonces, ¿cuál es su propuesta para llenar ese cascarón de contenido?

Los aspectos a mejorar saltan a la vista: el acceso a los colegios en las áreas rurales sigue siendo limitado, igual que el pensamiento de algunos jóvenes, quienes consideran que estudiar una carrera universitaria está fuera de sus posibilidades económicas e, incluso, unos cuantos no saben que la U. de A. existe y que tienen derecho a acceder a ella.

Por otra parte, la oferta de programas académicos es restringida y quienes no tienen los recursos suficientes para estudiar por fuera de la región se ven obligados a matricularse en programas que no son de su preferencia. Ese aspecto va en detrimento de la calidad y facilita la deserción.

Además, los habitantes de municipios como Vigía del Fuerte, Murindó y, en general, los que están por fuera del Eje Bananero, parecen excluidos de cualquier posibilidad de acceder a la formación universitaria por la distancia que los separa de las sedes universitarias.

Mucho se ha hablado de la “deuda histórica” de Antioquia con Urabá. Una zona con indicadores de calidad de vida inferiores a los de casi todas las demás subregiones. De acuerdo con cifras del Dane, el 53,1 por ciento de sus habitantes tienen necesidades básicas insatisfechas y se trata de la región más desigual del departamento en cuanto a la distribución de la tierra.

En medio de esa realidad, el discurso sobre la importancia de la educación apenas viene tomando fuerza y, por eso, creemos necesario que esa idea no solo se mantenga sino que se fortalezca. Estos procesos suelen ser lentos, por eso se requiere compromiso y constancia de las autoridades departamentales, y disposición para trabajar de la mano con las administraciones municipales, los colegios, los profesores, los estudiantes y, en general, todos los estamentos involucrados.

Si el gobierno saliente ubicó como pilar fundamental la educación y las cifras han demostrado que falta mucho camino por recorrer, ¿qué pasará en Urabá si su administración no incluye este aspecto como prioridad en sus líneas estratégicas?

Por eso, señor gobernador, nuestra invitación es a que, más allá de las disputas políticas y de enunciar los errores que se cometieron, su administración reconozca que hay procesos que deben continuar, como la construcción de una cultura de la legalidad y la dignificación de la infraestructura educativa. Pero que, además, se tomen los correctivos necesarios para que en cuatro años Antioquia y Urabá no concluyan que su “pensando en grande” fue insuficiente para llenar el cascarón.