¡Que no se nos acabe el tiempo de vivir ocupándonos en querer hacerlo!

Ojalá existiera un hoy en el que los respiros tuviesen el valor de un buen momento vivido espontáneamente y no el precio de un momento anhelado.

Por Ivannsan Zambrano Gutiérrez, docente Facultad de Educación.  U de A.

…A todos los que no tienen tiempo…

Imagen tomada de: www.nueva-acropolis.es

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Para ser “alguien” en la vida hay que aceptar, y lo estamos haciendo, que lo que pase hoy si no está programado tendrá que esperar. Si hoy toca a la puerta el amor o si aún sigue esperando sin ser atendido, que aguarde, si un encuentro fortuito nos puede alegrar la vida, ya vendrán otros, si un viaje inesperado nos alimenta la existencia, habrá que dejarlo para después, y es que hoy todo está planeado, debe estarlo, todo hace parte de un proyecto de vida personal; “mi proyecto, mi futuro”, algo innegociable, único, valioso, pero sobre todo, obligatorio.

Vivir en la tranquilidad del ocio, la quietud, y la lentitud hoy no es lo prioritario, descansar tampoco; “por ahora no”, de eso se trata la vida, o la búsqueda de la mejor vida en la sociedad actual, ese es el proyecto moderno y capitalista, esa es la demanda del mundo de hoy, y si se quiere “ser alguien” hay que cumplirla. No tener tiempo hoy en día, es la manera de reconocerse y ser reconocido como alguien prospero, prometedor, ideal. “Ya habrá tiempo” sostienen muchos, pero hay —es una obligación— que ganarse ese tiempo, hay que buscarlo, trabajarlo, conseguirlo, planearlo, idearlo y para eso está el hoy, de eso depende el mañana. Todo mañana será mejor, hoy solo debemos trabajar por ese mañana que vendrá… Hay que aprovechar, utilizar, explotar el hoy, pues, mañana no sabemos, y si algo queremos saber es que ese mañana será como lo queremos o nos hacen quererlo, lo planeamos o ya debe estar planeado,  de lo contrario mejor no saber nada. El sueño, o talvez la esperanza de un tiempo de descanso y disfrute nos alimenta, y nos dice que el tiempo del mañana será mejor…

Las ocupaciones del hoy nos inundan, nos llenan la vida, nos la orientan y encauzan. Hay variedad de ellas, unas obligatorias, otras necesarias, unas más, perseguidas, y algunas pocas, deseadas, —para estas últimas hay que pedirle tiempo al tiempo—. Pero siempre hay algo que hacer, algo que se debe hacer, que no se puede aplazar, que debe ser así, pues así es nuestra vida, nuestro proyecto…ocuparnos, organizarnos, planearnos, así nos quiere la sociedad, así conseguiremos el mañana, así “triunfaremos”. Y todos nos consumimos en el hoy, todos nos aplaudimos estar ocupados, pues, quienes se ocupan se garantizan el mañana, quienes se ocupan se garantizan la existencia; la buena existencia de un mañana. Detenerse en el hoy no es una opción, parar y respirar tampoco.

Pero el hoy no perdona, el tiempo vivido, se ha ido, y con él se fue lo que no se hizo… se lleva consigo un poco de vida, un pizca de energía, un trozo de existencia, un  tiempo de vida amorosa, de amistades encontradas, de respiros suscitados en el encuentro fortuito, en el encuentro de encuentros y allí de profundas y extensas conversaciones, de roces sinceros y profundos de piel, de expresiones afectivas no programadas, de sonrisas inesperadas, de caricias incontables, infinitas, inoportunas, rebeldes, pero necesarias.

Sin embargo… No llegaremos al mañana con la misma energía que hoy, no amaremos mañana como podemos hacerlo hoy, no hay sorpresa en la entrega planeada; la sorpresiva fuerza de la vida radica en su espontaneidad. El tiempo del hoy cuesta, no es gratuito, vale miles de latidos, movimientos y respiraciones, todo eso tiene su impacto en el cuerpo de la vida individual y colectiva, aquel se desgasta, se deja en el camino, se pierde poco a poco…no llega al final, al final de lo planeado siendo lo mismo.  Ese espacio es el hoy desgastado, explotado y utilizado por un mañana…que triste vivir del mañana.  Con el hoy del cuerpo, que no es otra cosa que la vida misma, se paga el tiempo, con él se paga la existencia. Hoy pagamos con tiempo —también del cuerpo— el mañana… como lo sostuvo una vez Pepe Mujica, ¡una lastimosa paradoja!

 Hoy para lo único que no hay tiempo es para dejar correr el tiempo, dejarlo solo, olvidarlo, despreciarlo, que se vaya, que no acose, que deje de lastimar y presionar. Al tiempo que lastima, hiere y hostiga la gente lo quiere, lo desea, lo anhela. Quiere más tiempo. Tiempo y ocupación inmediata, esa es la sociedad de hoy, esos son los futuros “alguien” del mañana pagado por el hoy.

Pero eso no es vida, es ocupación, esclavitud, sacrificio, engaño…si hemos de hacer algo hoy por el mañana, que ese algo no nos arrastre la vida, que no se la lleve toda, que no nos deje sin aliento, sin tiempo, sin energía, sin amistad, sin amor. Que ese algo, no se lleve consigo el tiempo del ocio, de la quietud, del detenimiento y la contemplación, y sobre todo, el tiempo de nosotros mismos, el tiempo para darnos cuenta que no somos, o no podemos sola y únicamente ser un proyecto, un objetivo, una vida programada.

Ojalá existiera un hoy en el que los respiros tuviesen el valor de un buen momento vivido espontáneamente y no el precio de un momento anhelado. Pagado hasta el cansancio, el cansancio de no tener energía para vivirlo. Ojalá hubiese un hoy que no fuese del mañana, que en sí mismo obligará a vivir el presente, y de esa forma la vida con el otro, del otro, con más intensidad, entrega y alegría, si no hay mañana ¿qué nos queda?, el otro; extasiarnos del otro.

Ojalá no se nos siga olvidando que hay que resistirnos a la vida del mañana por la vida del hoy, ese momento único e irrepetible donde nos hacemos humanos en el roce de la piel como sostendría Sábato, y no, en todo caso, en el tiempo del Facebook, del Whastsapp, la web. Ojalá tengamos tiempo para pensar el tiempo, el tiempo del otro, a través de cual nos gobierna el otro; la sociedad, y nos demos cuenta que ese no debe ser nuestro tiempo, nuestro reloj, nuestra cárcel.

Ojalá no olvidemos que el tiempo del hoy es lo más propio, el tiempo de mi crecimiento, mi enriquecimiento, mi plenitud, mi encuentro, el necesario y ético encuentro conmigo mismo. Ojalá no le pidamos a la vida más tiempo, sino menos, y talvez de esa forma lo valoremos más. Ojalá no nos alcance el tiempo, y al final lo dejemos ir, que nos quedemos sin tiempo, solo con la existencia del hoy, y entonces, ojalá nos entreguemos al otro y a nosotros mismos, no al mañana, al futuro, al proyecto de vida. Y que nos ocupemos, si, y mucho, pero de nosotros mismos, de mi formación en la quietud y la contemplación, en el pensamiento, en el trabajo sobre mí mismo, en el conocimiento interior, en el disfrute de la vida al lado del otro, a quien amamos, estimamos, a quien deseamos, a quien anhelamos. Ojalá aún nos quede tiempo para eso…

Ojalá nadie descanse… a su debido tiempo.