La Operación Orión antes, durante y después

Este mes de octubre se cumplen 13 años de un operativo militar de una magnitud que no tenía precedentes en un área urbana y cuyo objetivo era recuperar el control total de la Comuna 13.

Operación Orión
Por Juan Diego Posada y Alejandra Vergara*

La 13 es una de las 16 comunas de Medellín, está conformada por 19 barrios y localizada al occidente de la ciudad en el límite del casco urbano. El origen de este sector se remonta a la década de los setenta, cuando las laderas de la cordillera que lo atraviesa se convirtieron en asentamiento para personas provenientes del campo.

Entre 1980 y 1990, después de varios procesos políticos en el país, Medellín se convirtió en blanco de fuerzas que buscaban aceptación entre la ciudadanía. El narcotráfico y los actores armados ilegales trataron de tomar el poder donde el Estado no llegaba.

Por su ubicación, a mediados y final de los años noventa, la Comuna se convirtió en punto referente para varios movimientos que tuvieron sus inicios en las montañas. Guerrillas urbanas, Farc, paramilitares y bandas delincuenciales entraron a debatirse este territorio estratégico de la ciudad.

Una de las causas que motiva las operaciones que se hicieron durante el año 2002, es que la Comuna 13 es un corredor comercial, su conexión con el Urabá antioqueño ofrecía en su momento, y aún lo hace, un atractivo a grupos al margen de la ley para mover armamento y drogas entre las dos regiones del departamento.

Al ser la Comuna 13 un intermediario estratégico para estas actividades delincuenciales, empiezan a surgir intereses desde distintos puntos; interés del Estado para recuperar el territorio y bloquear el corredor comercial que estaba permitiendo la entrada/salida de armamento y drogas de la ciudad, interés de los grupos al margen de la ley para poder hacer uso del mismo corredor e incrementar su capacidad delictiva, y por último, interés de las autodefensas, quienes convierten la Comuna en objetivo militar, con el propósito de acabar con los grupos guerrilleros.

La historia de la Comuna 13, podría decirse ha pasado por tres momentos, antes de la Operación Orión, durante esta, y después de la misma.

Antes de Orión

La Comuna estaba dominada por grupos al margen de la ley que se disputaban la zona, desde 1999 las actividades y enfrentamientos entre Milicias Populares (MP), Comandos Armados del Pueblo (CAP) y fuerza pública por el control del territorio suscitaban miedo entre la comunidad.

En 2002, la institucionalidad empezó a adelantar una serie de operativos militares con el fin de recuperar el control sobre la zona, es así como se empieza el 24 de febrero con la primera operación, ‘Otoño’.

Estas operaciones eran trabajo conjunto de efectivos de la Policía, el Ejército, el DAS, el CTI, la Fiscalía, la Procuraduría y para el caso de la Operación Orión, la más grave de ellas, también se contó con la participación de la Fuerza Aérea Colombiana.

Según Elkin Ramírez, de la Corporación Jurídica Libertad, en un artículo para indymedia.com, durante Otoño fueron capturadas 42 personas. Cinco días después, el 29 de febrero, se llevó a cabo la ‘Operación Contrafuego’, en esta se hicieron 63 allanamientos, se capturaron 31 personas, y 5 más, que posteriormente se presentaron como milicianos, resultaron muertas.

En la madrugada del 21 de mayo en los barrios 20 de Julio, El Salado, Las Independencias y Nuevos Conquistadores, iniciaba la ‘Operación Mariscal’, la más grande realizada hasta ese momento y tercera de las seis que se desarrollarían ese año.

Robinson Úsuga, periodista y habitante del sector para la época, recuerda que “ese día (Operación Mariscal) la balacera empezó como a las dos de la mañana, y era mucha la zozobra porque imagínese uno levantarse a esa hora a tener que meterse debajo de la cama, nosotros nos metimos al baño, que era la parte más profunda de la casa”.

Durante casi 13 horas, cerca de un millar de efectivos arremetieron contra la población, dejando como saldo 155 personas detenidas, 9 personas muertas, todos civiles, entre ellos 3 menores de edad, además, quedaron heridas 38 personas más.

Con Mariscal se buscaba terminar con las intervenciones y retomar el control de una vez, pero en el momento de ejecutar la operación se dejó libre la periferia de la Comuna, por la que alcanzaron a huir muchos de los milicianos, más tarde se pensaría de esta que fue una “operación fracaso”.

La siguiente fue la ‘Operación Potestad’, realizada el 15 de junio, y en la que resultó un civil muerto.

Hasta el momento todas estas operaciones se habían realizado durante la presidencia de Andrés Pastrana, y la alcaldía de Luis Pérez, la ‘Operación Antorcha’, realizada el 20 de agosto, fue la primera que se hizo bajo la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, en esta resultaron heridas 37 personas.

Durante Orión

El 16 de octubre, por orden directa del nuevo Presidente se dio inicio a la ‘Operación Orión’, un operativo militar de una magnitud que no tenía precedentes en un área urbana y cuyo objetivo era combatir la zona hasta que se pudiera tener certeza de que se había recuperado el control total sobre la misma.

Según cuenta Juan Esteban Velásquez, vicepresidente de la Junta de Acción Local (JAL) de la Comuna 13, “Orión fue un anillo, autodefensas por un lado y Fuerza Pública por otro para lograr encerrar a la población y que no se permitiera la huida de nadie”.

Un habitante del sector, que pidió reserva de su nombre, cuenta que “a eso de las 02:00 a.m. las autodefensas atacaron la periferia, sacaron a toda la gente que vivía en la parte alta y le prendieron fuego a todos esos ranchos, ellos suponían que todas esas casas eran escondederos de la guerrilla. Después de todo eso fue que se metió el Ejército”.

El combate inició entre las 03:00 y las 4:00 a.m., cuando varias tanquetas de la Policía, apoyados por helicópteros artillados irrumpieron en los barrios Belencito, El Corazón, 20 de Julio y Las Independencias II, y fueron recibidos con granadas por los milicianos.

Ramírez informa que durante los combates murieron 4 militares, 6 civiles y 6 milicianos, se registraron más de 200 heridos, además fueron realizados alrededor de un centenar de allanamientos, y capturadas o llevadas a centros policiales y militares alrededor de 450 personas, 169 de estas fueron vinculadas formalmente a investigación por distintos delitos, solo a 82 se les puso medida de aseguramiento y posteriormente 56 fueron debidamente acusadas.

Velásquez, recuerda que se vio algo muy particular y fue que “luego de comenzada la operación los CAP fueron los primeros en cambiar de bando, y empezar a señalar a los guerrilleros”.

Los combates duraron dos días en los que se presenciaron no solo disparos, sino también desapariciones, ejecuciones por parte de todos los bandos involucrados, heridos que no podían ser atendidos apropiadamente y personas atrapadas dentro de sus propias casas, después de terminada la disputa, la intervención Estatal continuó aproximadamente una semana más, con allanamientos y detenciones.

Después de Orión

Posterior a la Operación Orión, la Comuna quedó al control de las Autodefensas (AUC), como comenta Julián Marín, trabajador social e integrante de ACJ-YMCA Medellín, quien dice que “el objetivo de Orión era tomarse el sector para liberarlo de la guerrilla pero en realidad lo único que hizo fue permitir la estabilización de los grupos paramilitares”.

De esta forma entonces el control territorial en la Comuna 13 quedó bajo el mando del Bloque Metro y de Carlos Mauricio García Fernández, alias “Doble Cero”. Tras una serie de enfrentamientos entre este Bloque y el Bloque Cacique Nutibara a lo largo del territorio nacional, “Doble Cero” es asesinado y el Bloque Cacique Nutibara, al mando de alias “Don Berna” se hace al control de la zona.

Así los habitantes de la Comuna, cuentan, entraron en una especie de lapso de tranquilidad, incluso llegaron a pensar que la “pacificación” que había tratado de hacer el Estado con Orión había funcionado, pues no se veían los muertos, ni se sentían las balaceras.

Sin embargo, Velásquez dice que lo que se hizo con Orión fue “transformar la violencia de la Comuna, se pasó de la violencia del ruido a la violencia del silencio, antes la escuchábamos porque eran enfrentamientos armados, después pasaron a ser desapariciones, y gente muerta pero no por balas”.

Se cree que algunos de estos desaparecidos podrían estar enterrados en La Escombrera, una montaña de escombros que se ha creado con los años en las laderas de la comuna 13 y, que se sospecha, las MP y AUC usaban como fosa.

Pese a que se han hecho denuncias, y han sido muchos los años de lucha de familias de desaparecidos y habitantes del sector para que se hagan las respectivas investigaciones y excavaciones para saber si sus seres queridos se encuentran allí lo que se ha hecho ha sido poco.

La razón para eso, dice Marín, podría ser el imaginario que se ha construido alrededor de Medellín y cómo esto dejaría la reputación de la ciudad, “¿qué imagen le dejaría a ‘la ciudad más innovadora del mundo, al mejor vividero de Latinoamérica’, una excavación y posiblemente una posterior exhumación de cientos de cuerpos en La Escombrera?”, comenta.

Con el paso de los años, la intervención del Estado se ha visto pero a nivel de infraestructura y no socialmente como se esperaría, distintas obras han sido construidas y han sido muy importantes para el sector, sin embargo, dice Velásquez “han querido vendernos estas intervenciones como reparación por Orión, promover el desarrollo territorial es una obligación del Estado, y no puede ser visto como un favor que nos están haciendo”.

Marín, concuerda con esto y comenta “¿Cuándo dicen que con todas estas obras de infraestructura nos están reparando, se refieren entonces a que si no hubiéramos pasado por lo que pasamos, no seríamos merecedores de ninguno de estos tipos de inversión?”.

En noviembre de 2003 el Bloque Cacique Nutibara se desmoviliza pero a pesar de esto la violencia continúa, pues desaparecen como grupo organizado pero continúan habitando en la zona.

Durante la transición de gobierno entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, las cosas cambian nuevamente. Los combos que se armaron después de los procesos de desmovilización empiezan tener más protagonismo, y con ello resurge el narcotráfico y la violencia, estos “combos” adquieren el nombre de Bacrim.

Velásquez aclara sobre esto que “seguían siendo los mismos muchachos de las autodefensas pero con otro nombre”.

“Es una violencia distinta pero sigue siendo violencia, Medellín no ha cambiado, hoy los grupos delincuenciales siguen existiendo y nadie hace nada, ellos son los que tienen el dominio territorial, las plazas de vicio, están vacunando tenderos, comerciantes, tal como se hacía en los años noventa”, agrega Velásquez.

Según él, la desaparición forzada sigue latente en la comuna, a la gente “la matan de otra forma”, y se ha convertido en violencia silenciosa donde nadie se entera, nadie dice nada, y no se escuchan disparos.

Marín agrega que “Tal vez los actores y la connotación del conflicto hayan cambiado pero la violencia sigue estando presente, donde antes se presentaban connotaciones políticas ahora se ven connotaciones económicas y territoriales”.

Durante años, ha habido quienes se han empeñado en decir que este fenómeno de violencia es algo propio o exclusivo de la Comuna 13, pero sus habitantes creen que es algo que pasa en todas las comunas de Medellín, y que este imaginario es parte del legado de estigmatización que dejó Orión sobre la comuna.

Tanto Julián como Juan Esteban creen que el Estado se equivocó desde un principio y que lo que necesitaba la Comuna 13 no era nada distinto a lo que necesitaban otros sectores de Medellín, intervención social; que fue un error haber hecho operaciones militares y no haber respondido después a las necesidades reales de los habitantes de la Comuna, una de las más pobres de toda la ciudad.

“La paz es un tema de inversión, de darle más a los que no tienen”, dice Velásquez y agrega que le gustaría ver el día en que en Medellín se empiece a invertir de arriba hacia abajo, que se traten primero los sectores más vulnerables y pobres de la ciudad, que se haga un acompañamiento real y lo más importante que la reparación se haga primero desde lo social y psicológico.

Mientras eso no pase, agrega, “vamos a continuar diciendo que la Operación Orión fue el atropello más grande que le han hecho a una comuna de Medellín, y nos dejaron peor que como estábamos”.

*Alumnos de Periodismo III (Judicial).

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