Diálogos de paz, cotidianidad en guerra

Desde el fin del cese al fuego unilateral por parte de las Farc, volvieron las acciones armadas en medio de las cuales se ha desarrallado casi todo el proceso de paz.

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Después de un mes del fin al cese unilateral al fuego por parte de las Farc los ataques han aumentado considerablemente. Mientras tanto se sigue negociando en La Habana.
Fotos: Fedayin17 y Presidencia de la República.

 

Por Jacobo Ortiz / @eldelarasta en Twitter

La gente del corregimiento de El Mango en el municipio de Argelia, Cauca, tuvo suficiente. Es una población que vive asediada por la guerra, el frente 60 de las Farc hostiga constantemente la austera estación de Policía del caserío, y es que ésta es una de las poblaciones más afectadas de uno de los departamentos más heridos por el conflicto armado en Colombia.

El martes 23 de junio los pobladores, armados con retroexcavadoras, derribaron los bultos de arena que sirven de protección a los policías con la intención de retirarlos de su pueblo, ¿la razón? No quieren seguir estando en la mira de la guerrilla y consideran que por la presencia de los uniformados tienen que soportar el calor del conflicto.

Este caso es uno de varios que despiertan las alarmas alrededor del conflicto en las últimas semana. La quema de buses en Antioquia, los derrames de crudo y el ataque al helicóptero Black Hawk de las fuerzas militares en Norte de Santander son algunos ejemplos que muestran el recrudecimiento de la guerra.

Todo parece apuntar a que el fin del cese al fuego unilateral es un determinante clave para explicar esta agresiva oleada de las Farc. Una investigación de la Fundación Paz y Reconciliación revela que durante los cinco meses de pausa en el accionar guerrillero hubo una significativa reducción en los ataques armados, con relación a otros años.

Pero esto no quiere decir que las acciones cesaron totalmente. La Fundación resalta 12 violaciones de la tregua, una de ellas dejó 10 militares muertos en Buenos Aires, Cauca. Por su parte, el Ejército hostigó a la guerrilla en 79 ocasiones.

A pesar de estos hechos, el informe deja clara la disminución en el accionar del grupo subversivo: “Se pasó de posibles 895 acciones armadas, que se realizaron en promedio en los primeros cinco meses del año 2011 a 91 acciones en los cinco meses de tregua entre finales de 2014 y 2015. Es decir, se presentó una reducción cercana al 90%”, señala el balance.

Aunque esos resultados son bastante positivos, la idea de un cese al fuego bilateral parece todavía un tabú, lo cual es preocupante tras casi tres años de diálogos. Esta situación hace ver el desescalamiento del conflicto como algo todavía lejano.

“Un cese bilateral es lo mejor que le puede pasar a este proceso de paz, pero es inviable políticamente, el presidente Santos va a tener presiones de sectores como el uribismo y el costo político de hacerlo ahora es muy alto, es posible que se de en unos cinco o seis meses, pero en este momento es imposible”, apunta Ariel Ávila, subdirector académico de Paz y Reconciliación.

Entonces, esa posibilidad parece improbable si se tiene en cuenta la sensación de inseguridad que se ha producido alrededor de los diálogos, “la confianza en las partes en medio de la negociación está dañada pero es recuperable, el problema es el apoyo popular al proceso y recobrar eso es muy difícil, negociar en medio del conflicto es algo que no está claro para la población”, señala Ávila.

La opinión de las Fuerzas Militares permanece en el escepticismo, teniendo en cuenta la ofensiva reciente de las Farc, “tanto el gobierno de Santos como la guerrilla deben mostrarse más serios a la hora de negociar, es impensado que se hable de paz allá mientras acá tumban helicópteros y arremeten contra la población civil”, opina Juan Carlos Feria, sargento retirado del Ejército.

Feria resalta el escepticismo que aún existente en las altas esferas de las Fuerzas Militares. “En el Ejército muchos no le ven futuro a estas negociaciones, sobretodo con lo que pasó en el fallido proceso del Caguán, eso tanto para nosotros los militares, como para el país fue una burla muy grande”, asegura.

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