Héctor se fue a trabajar y nunca regresó

A Héctor Múnera, vendedor de cuadros, lo desaparecieron en 1999 junto a dos amigos en Maceo. El crimen fue cometido por paramilitares al mando de Ramón Isaza. Su madre todavía lo busca.

A Héctor Múnera lo desparecieron, junto a dos amigos en Maceo. El joven se ganaba la vida vendiendo cuadros decorativos. Los paramilitares, al mando de Ramón Isaza, cometieron el crimen. Foto: Cortesía.

A Héctor Múnera lo desparecieron, junto a dos amigos en Maceo. El joven se ganaba la vida vendiendo cuadros decorativos. Los paramilitares, al mando de Ramón Isaza, cometieron el crimen. Foto: Cortesía.

Por: Ana María Martínez*
anamartinezh95@gmail.com

María del Carmen Gómez aún espera a que a su hijo regrese algún día. Hace 15 años salió a trabajar y no lo ha vuelto a ver. Héctor Múnera tenía 19 años cuando desapareció en Maceo, donde fue a vender cuadros con dos amigos.

El viernes 19 de noviembre de 1999, Héctor salió de su casa en Manrique por la mañana y le prometió a su mamá regresar al día siguiente, cuando hubiese terminado de vender los cuadros. Pues al quedar sin trabajo y no conseguir algo estable, se propuso, junto con dos amigos, conseguir dinero. Compraban afiches de paisajes que ellos adornaban con instalaciones eléctricas, enmarcaban en metal y luego salían a venderlos a cualquier pueblo de Antioquia.

En esa ocasión irían a varios municipios del Magdalena Medio, pero terminarían el recorrido en Maceo para descansar y regresar la mañana del sábado a Medellín. Doña Carmen, al ver que su hijo no regresó durante la mañana de ese día, esperó unas horas más creyendo que los chicos se habían entretenido durante el viaje y no se preocupó hasta las diez de la noche. Aún así se fue a la cama segura de que regresaría al otro día, pero pasaron dos noches más y él no regresó.

“Al martes fui a las casas de los amigos y nadie me dio razón, entonces me fui para Maceo”. Conocía el pueblo porque nosotros habíamos vivido allá, solo que cinco años antes nos vinimos para acá (Medellín). Pregunté si habían visto tres muchachos pero todos respondían que no. Pregunté en todas partes”, agrega doña Carmen.

Las amenazas

Al regresar a Medellín no pudo ir a la estación de Policía a notificar sobre la desaparición porque alguien mandó a que la amenazaran de muerte, a ella y su familia, si hablaba. “Yo tenía otros cinco hijos y mi esposo no me ayudaba a criarlos. No los podía dejar solos. Entonces no hice nada y me dediqué a cuidarlos y trabajar para ellos”, dice Gómez.

En Maceo, por esos días, actuaban la Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, un grupo paramilitar creado en 1978 en San Luis, Antioquia, por Ramón Isaza, alias “el Viejo”. Este grupo se enfrentó en sus comienzos a la guerrilla de las Farc, que también operaba en esa zona, y a comienzos de los ochenta se alió con en narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha alias “el Mexicano” y para los noventa con las estructiras de Carlos Castaño Gil en su deseo de unir todos los grupos paramilitares bajo el nombre de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Luego de la amenaza, doña Carmen no desistió de la idea de encontrar a Héctor. No recibió apoyo de sus hijos ni de su esposo y por eso decidió buscar a la novia de una de los amigos del hijo, quien en sus primeros meses de embarazo le dijo que ella no lo iba a buscar. En la casa del otro amigo habló con la madre y la respuesta de la señora fue que su hijo no estaba desaparecido. Al no encontrar apoyo en ninguna parte, doña Carmen se dedicó a criar a sus hijos.

En 2005, una amiga le comentó que un grupo de señoras que tenían familiares desaparecidos o hijos muertos por la violencia en el país se reunían los viernes frente a la iglesia de La Candelaria en el Parque Berrío. De esa manera se unió a la Asociación Madres de La Candelaria. Recibió ayuda para denunciar en la Fiscalía la desaparición de Héctor y comenzó el proceso para buscarlo vivo o muerto.

Ramón Isaza se desmovilizó a principios del 2006 junto a 990 hombres. Al acogerse a la Ley de Justicia y Paz confesó haber cometido 580 crímenes. Entre ellos está la desaparición de Héctor Múnera y sus dos amigos, aunque dijo no recordar el lugar donde habían dejado los cuerpos.

En ese momento, en que pudieron denunciar sin miedo a las amenazas, doña Carmen buscó nuevamente a las parientes de los chicos de la familia para que comenzaran el proceso y les ayudaran a buscar los restos de sus hijos pero la respuesta fue la misma de la primera vez. “Ya no les insistí más, pero cuando van a buscar cuerpos en ese sitio yo siempre pregunto por los tres”, asegura doña Carmen.

Sola y sin ayuda

“Desde eso hago todo el papeleo sola porque para mis hijos es como si su hermano nunca hubiera existido y a mi esposo le da igual. A la única que le duele mi hijo es a mí y ya sé que él no está vivo pero yo solo quiero que me entreguen sus restos. Necesito sentir que regresó”, dice doña Carmen con los ojos aguados.

El papeleo al que se refiere doña Carmen, es el que le da el derecho a recibir una indemnización por vía administrativa de cerca de 40 salarios mínimos legales vigentes como beneficio por la Ley de Víctimas.

Teresita Gaviria, representante de la Asociación Madres de la Candelaria, asegura que “la plata es lo de menos. La mayoría de las víctimas quiere escuchar la verdad, una explicación y una disculpa. No que el victimario confiese que mató o desapareció a su familiar. Aunque vienen personas para que le ayudemos a que le paguen el hijo solamente. No quieren los restos, solo la plata”.

“Veinte millones de pesos no sirven para cambiar a un hijo. El papeleo es mucho y no solo para que le ayuden a buscar el cuerpo sino también para la plata. Me han redactado mal algunos documentos donde ponen ‘homicidio’ en lugar de ‘desaparición’ o escriben otro apellido y eso demora más el proceso”.

Para dedicarse a los trámites que le ayuden a encontrar a su hijo, doña Carmen dejó hace un año a su trabajo como vendedora de tintos en el centro, aquel con el que mantuvo a sus otros hijos. “Estoy cansada”, dice, cuando mira la pequeña foto que conserva de su hijo, “solo quiero el cuerpo y saber por qué, por qué desaparecieron mi muchacho”.

 *Alumna de Periodismo III (Judicial).