Ya son 15 años de tristezas en Nariño

El 30 de julio de 1999 los frentes 9 y 47 de las Farc se tomaron Nariño (Antioquia).  Asesinaron 16 personas  (9 agentes de Policía y 7 civiles, entre ellos 3 niños). Otras 16 personas resultaron heridas y 8 uniformados fueron secuestrados.

La guerrilla de las Farc acabó con el 80 por ciento de lo que había en pie en Nariño (Antioquia) en la toma de 1999. Los recuerdos del terror sobreviven. Foto: Noticias Oriente Antioqueño.

La guerrilla de las Farc acabó con el 80 por ciento de lo que había en pie en Nariño (Antioquia) en la toma de 1999. Los recuerdos del terror sobreviven. Foto: Noticias Oriente Antioqueño.

Por Alejandra Vergara*
alejandravgj@gmail.com


El
30 de julio de 1999 los frentes 9 y 47 de las Farc se tomaron Nariño (Antioquia) en un ataque armado que duró cerca de 36 horas.  Asesinaron 16 personas  (9 agentes de Policía y 7 civiles, entre ellos 3 niños). Otras 16 personas resultaron heridas y 8 uniformados fueron secuestrados.

Viernes 30 de julio de 1999.
16:00 horas.

Decenas de hombres y mujeres armados aparecieron por las calles de Nariño. Minutos después, un Willis entró a alta velocidad por la plaza principal. Antes de llegar a la Estación de Policía, un hombre se tiró del carro en movimiento que chocó en la esquina. Segundos después, explotó.

Hugo López estaba en la vereda Damas cuando escuchó el estallido. Pese a la lejanía que hay entre ese sector y la zona urbana del municipio, el ruido del carrobomba y la humareda que provocó, hicieron que percibiera lo que estaba pasando. “Cuando vi eso dije: me voy ya para la casa. Tenía que volver al pueblo lo más rápido posible porque allá estaba mi mamá con el resto de mi familia”, relata.

Escuchando las ráfagas de balas, y después de casi dos horas de camino, logró llegar al pueblo donde, en medio del caos encontró a un niño solo en la cancha de fútbol. Al acercarse, el niño lloraba pidiendo que por favor no lo asesinara. “Me decía que estaba buscando a la mamá, que no le hiciera nada. Casi que no lo convenzo de que solo estaba tratando de ponerlo a salvo”, cuenta López.

La noche siguió así. Los guerrilleros atacaban el Comando de Policía, ubicado en la plaza principal, con armas y cilindros bomba. Mientras tanto, los 25 policías que se encontraban allí atrincherados trataban de defenderse con la ayuda de un avión fantasma y un par de helicópteros del Ejército Nacional, que disparaban desde el aire.

Nadie durmió esa noche, para la madrugada del sábado ya los heridos eran varios, y los muertos cuatro, dos mujeres adultas y dos niños que vivían en la casa ubicada al lado del Comando y que quedó en ruinas tras la explosión del carro bomba cuando apenas comenzaba la toma.

Sábado 31 de julio de 1999.
09:00 horas.

Los bombardeos y tiros no paran. No hay luz, ni agua y la comida empieza a escasear. Dado que muchos se tuvieron que refugiar donde estaban cuando empezó el ataque, hay familias enteras dispersas por todo el pueblo que no tienen información sobre sus seres queridos. No saben si están a salvo o no.

A José Gabriel Olivo, el ataque guerrillero lo tomó por sorpresa en la Institución Educativa Inmaculada Concepción. “A esa hora no se suponía que hubiera gente en el colegio. Sin embargo, había varios jóvenes jugando y ensayando las danzas. También algunos profesores y directivas trabajando”, agrega, además, que la Institución, al quedar justo detrás de la Estación, era un punto estratégico de la guerrilla para poder atacar desde allí a la Policía.

Al darse cuenta de que habían personas civiles allí, los guerrilleros les dijeron que debían abandonar el lugar porque iban a “liberar al pueblo de las garras de la oligarquía”. Allí varias personas, entre ellos José Gabriel, decidieron buscar refugio en una casa cercana.

En la tarde del sábado, varios de los compañeros de José Gabriel se vieron obligados a salir de la casa hacia una tienda cercana a ver si era posible conseguir algo de comer. “La tienda no estaba abierta. Sin embargo, los muchachos encontraron la forma de meterse, porque en el afán no cerraron bien, y trajeron cosas para poder alimentarnos”, dice.

Habían pasado casi 24 horas y la situación seguía igual. Las condiciones de la gente no eran buenas, la ayuda no llegaba, y los destrozos eran cada vez mayores pues varias casas y negocios habían empezado a quemarse. Entonces, sin saberse cómo, se desató un rumor que decía que la guerrilla iba a prenderle fuego a la estación de gasolina para volar todo el pueblo, esto generó pánico colectivo y muchos civiles que salieron a la calle resultaron heridos por balas perdidas.

En la noche las cosas parecieron llegar a un nivel más extremo. Los bombardeos desde el aire fueron mucho más intensos y la guerrilla no se quedó atrás. Respondió con fuerza ante el asedio que trataban de hacer las Fuerzas Militares para recuperar la población. Mientras tanto, Nariño seguía ardiendo.

Domingo primero de agosto.
Madrugada.

Todo parece una pesadilla sin final. Ni en películas los habitantes de Nariño habían visto una situación semejante. Entre las 03:00 y las 05:00 los bombardeos y los tiros se empiezan a hacer cada vez más lejanos… hasta que de pronto desaparecen, empieza a sentirse una tensa calma ¿todo terminó?

La madrugada del domingo llegó con la calma. A eso de las 06:00 de la mañana la gente empezó a salir de sus casas para encontrarse con las ruinas de su pueblo. Cadáveres en el medio de la plaza. Algunos heridos esperando ser auxiliados y la falta de Policía o Ejército.  De los primeros, los que no estaban muertos, habían sido secuestrados; y de los segundos, todavía no se sabía si llegarían o no.

Tuvieron que pasar un par de horas más para que los primeros soldados empezaran a asomar. Venían caminando desde el municipio de Argelia, por lo que su llegada se vio retrasada hasta que casi no quedó nada del pueblo. El 80 por ciento de Nariño estaba convertido en escombros.

Un habitante del pueblo, que por seguridad prefirió no revelar su nombre, recuerda que lo más sorprendente, con la llegada del Ejército fue el trato que empezaron a recibir de los uniformados. “Muchos de ellos llegaron a decirnos que éramos una manada de guerrilleros hijueputas, que lo mejor era que nos fuéramos a esconder. Un atropello, que uno bien traumatizado tenga que aguantar que otro lo trate de esa manera”.

Para el mediodía ya habían empezado a llegar las ayudas desde otros municipios, se habían empezado a recoger los muertos y los escombros. En ese momento solo quedaba llorar por lo que había pasado.

Pasaron 15 días en los que el pueblo tuvo constante presencia militar y el Presidente de aquél entonces, Andrés Pastrana Arango, se lamentó por lo sucedido. Sin embargo, pasado este tiempo, desde el Gobierno Nacional “se dio la orden de que se retirara de Nariño la Fuerza Pública, tanto el Ejército como la Policía”, cómo lo diría en 2011 a El Gran Precursor (medio regional), Orlando Medina, quien entonces era Alcalde del municipio.

Así pues se dio paso para que a mediados de agosto de 1999, apenas 15 días después de la toma, el frente 47 de las Farc al mando de “Iván Ríos”, regresara al municipio y tomara el control del mismo. José Olivo dice con tristeza que “el Estado nos dejó desamparados. Nos dejó tirados a nuestra suerte, con el pueblo a medias e invadido por un montón de guerrilleros”.

Raúl Franco, habitante del municipio, adhiere con Olivo y dice que ese fue “un año de abandono total del Estado”. Menciona, además, que durante este tiempo el número de muertos y desaparecidos en Nariño se volvió incalculable. A su vez cuenta que el comercio, y la actividad económica del municipio estuvieron casi al borde de la desaparición. Muchos agricultores dejaron de sembrar café, cacao y de tener los trapiches de panela para empezar a cultivar coca.

“Aquí la gente hacía lo que quería, o lo que quería el frente 47 que hicieran. Ellos se volvieron la autoridad”, cuenta Franco, quien además recuerda que alias “Karina”, en 2000, hizo el lanzamiento del “Movimiento Bolivariano” en la mitad de la plaza del pueblo.

Después de esto, un martes de agosto del mismo año, la Fuerza Pública volvió a hacer su aparición en Nariño. El Ejército llegó para retomar el control y la autoridad sobre el pueblo. En una nueva noche de combates, no tan intensa como la que habían vivido un año atrás, las Fuerzas Militares lograron su objetivo.

Sin embargo, Medina ya había renunciado a su cargo de Alcalde, y es por eso que se debió esperar hasta 2001 para que Nariño realmente empiece a sobrepasar la tragedia que había vivido. Bajo la alcaldía de Jhon Carlos Zuluaga (2001-2003) se empezó el proceso de reconstrucción y reparación del pueblo. Sin embargo, se hizo más énfasis en la parte de infraestructura que en la reparación social.

De unos seis años para acá el pueblo se ha recuperado de manera más acelerada que en años anteriores. Así lo afirma Franco, que además considera que aunque nadie quiera volver a escuchar de guerrilla en Nariño, y la gente se haga muy fuerte ante el tema, el pueblo realmente no ha superado esta situación.

Mauricio Sánchez, Secretario de Educación del municipio considera que a los nariñenses les hace falta hacer memoria histórica, esto en pro de que se pueda llevar a cabo la búsqueda de reparación mental en comunidad. “Trabajar todos unidos para ayudarse entre sí a aceptar e intentar superar lo que les pasó”, agrega.

En noviembre de 2011, después de la acusación hecha por un fiscal de Derechos Humanos y DIH, un juez del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Antioquia condenó a los guerrilleros Pablo Montoya alias “Rojas”, Hernán Gutiérrez Villada, Carlos Buitrago Osorio, Iván de Jesús Zuluaga y Arnulfo Ríos Henao a 40 años de cárcel, al haber sido hallados culpables de los delitos de terrorismo, homicidio agravado, secuestro extorsivo agravado y rebelión, cometidos en la toma guerrillera a Nariño en 1999.

En materia de reparación por parte del Estado, algunos la han buscado y logrado de manera individual. No obstante, varios habitantes de Nariño, con la ayuda del abogado Juan Alberto Zuluaga, presentaron en junio de 2013 una denuncia en contra del Estado Colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por los hechos ocurridos entre julio de 1999 y agosto de 2000 en el municipio. La denuncia fue recibida y registrada en la CIDH para objeto de estudio bajo la referencia P-929-13 en septiembre de 2014.

Por ahora se espera que más personas se unan a este proceso, que el resultado sea positivo para las víctimas y que la búsqueda de la reparación pueda seguir su curso.

*Alumna de Periodismo III (Judicial)

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