Trespalacios, el héroe que evitó una tragedia

Gabriel Trespalacios arriesgó su vida para salvar la de cientos de empleados de El Colombiano, el 10 de marzo de 1988. Ese día el diario sufrió un atentado con explosivos.

Por Luisa Fernanda Arbeláez Ríos* (luisa.fernanda789@hotmail.com)

Gabriel Trespalacios, un vigilante de turno, sacó a la calle dos artefactos expolosivos que dejaron en la vieja sede de El Colombiano, en la calle Juanambú. Su acción salvó muchas vidas. Foto- Cortesía.

Diez y veinte de la noche. Dos desconocidos fuerzan las puertas de las instalaciones del periódico El Colombiano, ubicada en la antigua sede del centro, dejando dos artefactos explosivos. Diez y veinticinco, los artefactos explotan dejando un muerto, nueve heridos y cuantiosas pérdidas materiales en las instalaciones del periódico y sus alrededores. Sin embargo, y gracias a la rapidez de Gabriel Trespalacios, vigilante de turno, ese 10 de marzo de 1988 no fallecieron más personas.

Veintisiete años después, Liliana Vélez de Restrepo, quien era periodista en ese diario, recuerda que al día siguiente, atemorizada y conmocionada por lo ocurrido, caminó entre los escombros que fueron entonces su oficina y supo que tanta “amenazadera” se había convertido en realidad.

Vivir como periodista  en esos años no era fácil, el Cartel de Medellín,  y grupos armados ilegales estaban dispuestos a callar y amenazar a cuanto periodista tratara de denunciar actividades criminales. “Esto convirtió el periodismo en una profesión de alto riesgo en el país”, recuerda Vélez.

No solo las bombas, también el secuestro, los asesinatos y la zozobra de un nuevo peligro los acompañaban cada día. Esa noche, y en cumplimiento de su deber, Trespalacios logró percatarse de la presencia de dos artefactos humeantes, una caja y una bolsa roja que segundos antes habían sido dejadas por dos hombres que con rapidez escaparon en un campero azul.

Sin pensarlo sacó los dos artefactos y los puso en medio de la calle. Alertó a periodistas y empleados del periódico y a personas que pasaban por la concurrida carrera Juan del Corral conla calle  Juanambú. “¡Bomba, Bomba!”, gritaba Trespalacios. “Nos resguardamos en la parte de atrás del periódico”, recuerda Amparo Restrepo, secretaria de Redacción desde hace 39 años en El Colombiano.

Un transeúnte borracho que no quiso atender la alerta que hizo Trespalacios, fue quien murió a causa de este atentado, asegura una edición de los cien años de El Colombiano publicada el 6 de febrero de 2012.

Días de terror

El día de la explosión, el diario registró en Medellín cinco homicidios, la detonación de una bomba en las instalaciones de la planta de Sodeca, en el barrio Santa Rita, y una bomba de bajo poder en el barrio El Poblado, en el edificio Nova Tempo.

Los daños causados en el edificio del periódico pudieron haber sido más fuertes de no haber sido por el acto valeroso de Gabriel Trespalacios, asegura Carlos Mario Gómez, quien en ese tiempo se desempeñaba como corresponsal de Colprensa, con sede en ese diario, y quien actualmente es editor del mismo.

Trespalacios, quien fue policía y tenía un carácter fuerte, es recordado por sus compañeros como alguien muy serio. “Un señor rígido en el cumplimiento de su deber, muy apegado a su cargo en el sentido de ser muy estricto en su proceder”, asegura Gómez.

Ya no solo los edificios gubernamentales, de las Fuerzas Militares y de la Policía eran lugares que no se debían frecuentar por ser posibles blancos. Eso cambió y  todos los rincones de Medellín pasaron a ser vulnerables al terrorismo de la época.

En esa oportunidad le tocó el turno a El Colombiano. Era un edificio fuerte, asegura Vélez, pero a pesar de su vigoroso concreto no pudo proteger vidrios, cielosrasos y puertas. Las salas fueron destruidas. “Esa sensación de impotencia tan grande,  porque uno piensa, que tanto nos amenazaron hasta que nos pegaron el pepazo”, agrega al recordar las condiciones en las que quedó el edificio. Relata, además, que el tercer piso fue el lugar más afectado. Allí en la reja de una ventana, encontraron “un dedo completico, ¿de quién? no tengo idea, nunca se supo”.

Restrepo recuerda que quien encontró el dedo fue Pablo Arbeláez, periodista de la sección de Deportes, y tras rumorearse que podría ser de uno de tantos travestis que frecuentaban la zona, la Policía se dispuso a llevárselo.

Seguir publicando

La explosión no impidió que El Colombiano dejara de publicar. Los periodistas limpiaron y recogieron los escombros del desastre. No permitieron que esto callara sus voces y apagara su rotativa. “La premura del personal de ese momento por salir con el periódico al otro día  era el reto a pesar del acto terrorista. Todo el mundo se debía reponer de lo ocurrido y cumplir el objetivo de cada día y cada noche: publicar el periódico”, comenta Gómez.

La violencia azotaba la ciudad de Medellín, las provocaciones hechas por el “Cartel de Cali” poniendo una bomba en el edificio Mónaco, desataron la ira de Pablo Escobar, el capo arremetió contra sus enemigos y le declaró la guerra al Estado, asegura Gómez.

Gabriel Trespalacios, fue homenajeado por las directivas del diario y reconocido por su acto. Un reconocimiento económico y un coctel en su honor fueron los eventos de agradecimiento por salvar la vida de los periodistas y empleados e impedir la posible destrucción de las instalaciones por la onda explosiva.

En 1989, y con las nuevas amenazas de Pablo Escobar, el  gerente Jorge Hernández  citó a todos los integrantes del periódico para manifestarles no poder resguardar más sus vidas, invitando a las personas que desearan abandonar el periódico hacerlo si así lo deseaban.

A pesar de ello todos decidieron continuar, “nos unimos, dijimos esto es una familia y vamos para adelante”, cuenta Vélez.  Y agrega que, a partir de ese momento y en tiempo de constante conflicto, los periodistas  decidieron tener una rutina de autocuidado para asegurar sus vidas en el ejercicio del periodismo y no callar.

El vigilante valeroso, al igual que los periodistas continúo su trabajo. Trespalacios dedicó 25 años de su vida al resguardo del periódico y sus integrantes, primero como apoyo de la Policía y posteriormente como vigilante vinculado.

El 21 de octubre de 1990 cumplió sus años de servicio y se jubiló. Tras  26 años de su valerosa acción falleció a los 83 años el 10 de enero de 2014. “Era un hombre orgulloso de su labor y dedicado a su familia”, asegura su hija Nancy Trespalacios, en un artículo homenaje que publicó El Colombiano un día después de su muerte.
*Alumna de Periodismo III (Judicial).

 

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