Licencia para mentir

La delgada línea entre la ficción y la realidad, parece ser trazada no tanto por la fidelidad a los hechos como por la memoria de los personajes. La novela de Jorge Franco, El Mundo de Afuera, pone el dedo en llaga del mito de los Echavarría Misas.

Los Carnavales de Berlín sucedían entre un frío extremo y unas calles congeladas en 1932. Con un abrigo y botas de goma para poder caminar en esa ciudad aterida, Benedikta Zur Nieden salió para el baile del 4 de febrero, con la ausencia de su amiga Gerta quien había desistido de ir al evento en el último momento. Para no opacar sus ojos azules, esa noche se decidió por una estola roja sobre un vestido sencillo y unos aretes grandes de cobre. Con eso encima y un aire de aventura que ella misma reconocería después, vio a un hombre en esmoquin con una flor blanca de papel en el ojal y pensó, a manera de premonición: “es el único hombre con quien debo bailar”, y entonces bailó solamente con él, desde ese día hasta siempre.

Ese hombre era Diego Echavarría Misas, quien de la mano se la trajo en un barco para Colombia y quien le mostró que Medellín, mucho más caliente que la fría Alemania, también podía ser su casa. Fue él quien finalmente, el 8 de agosto de 1971, la dejó sin querer, sin pensarlo, para enfrentar 40 días de un secuestro que terminó en el abandono de su cuerpo sin vida en algún lugar de Santa Elena, en las afueras de la ciudad.

Los 40 días del secuestro, Benedikta Zur Nieden esperó a su esposo, negoció con los secuestradores muy al pesar de lo que le dijo Don Diego en el momento del secuestro “Ni un peso por mi, Dita”, y guardó silencio en el actual Museo El Castillo, que para ese momento era la residencia de la familia Echavarría Zur Nieden y que ahora es el lugar donde reposan todos sus tesoros. Obras de arte, mueblería de época, objetos personales y un aire entre la grandeza y el aislamiento.

Ese hecho, el secuestro de uno de los hombres más filántropos que ha tenido Medellín, del que muchos acusan al Mono Trejos, es el que Jorge Franco relata en su nueva novela El Mundo de Afuera. Premio Alfaguara de Novela 2014, el libro narra, junto con apartes de la vida y rutinas de la familia Echavarría Zur Nieden, el suplicio del secuestro con una mirada protagonista en los conflictos personales de los secuestradores.

Después de recibir el premio con un discurso en el que agradece a los ojos de su hija, el idioma de su país y el amor por el oficio que ejerce, Jorge Franco presentó su libro en la ciudad de Medellín en el teatro de la Librería Panamericana. El espacio inicialmente propuesto por la editorial y por Franco era el Museo El Castillo, pero a último momento se cambió el lugar y empezó una especulación que se resolvió con un comunicado de prensa y una acusación de censura.

Que no juzgan la obra pero que no les parece correcta, que las personalidades y las conductas de los Echavarría Zur Nieden son muy ajenas a la realidad, que era impresentable en su espacio porque irrespetaba la memoria de sus fundadores hasta llegar a caricaturizarlos y que no y que no y que no, dijo la junta directiva del Castillo en un comunicado de prensa que terminaba con esta frase: “Finalmente, el Museo El Castillo ratifica una vez más su apertura a la libre expresión de todas las formas de cultura, lo cual no pugna con su legítimo derecho a preservar la memoria de sus fundadores”.

Benny Duque, quien compartió muchos años una amistad con Benedikta y ahora es la biógrafa oficial de la familia, entiende pero no lo acepta: “Lo que pasa es que desafortunadamente los escritores tienen ciertos derechos que se dan para apropiarse de un personaje, de cualquier tema y hacer una ficción”. Ella, que se siente un poco incómoda por aparecer en la página de agradecimientos del libro de Franco, pues le facilitó un archivo de prensa, piensa que hubiera sido mejor si el autor hubiera cambiado los nombres, “son licencias literarias pero a mí no me parece, yo no estoy de acuerdo”.

Frente a la cancelación de su evento en El Castillo y el comunicado de prensa, Franco acusó y acusó por censura al contenido. En una entrevista con El Tiempo dijo que la decisión de El Castillo de impedir la presentación en ese lugar se debió a radicalismos morales de la junta directiva. “Lo que realmente les habrá molestado es haber bajado esos personajes del pedestal y dales connotaciones humanas. Esa es la labor fundamental de un novelista. Sobre todo con uno que trabaje con personajes que sí existieron”. También defendió el respeto con el que trató a los personajes y dijo que su oficio supone llegar a todas las facetas de un personaje, reales o ficticias. Y tiene un escudo protector.

La palabra novela funciona, en todos los casos sin ninguna excepción, como un muro de contención ante casi cualquier tipo de cargo. En la novela se miente. Tomás Eloy Martínez, quien pasó por una situación parecida a la de Franco con sus historias noveladas sobre los esposos Perón, en una entrevista con Juan Pablo Neyret lanzó unas palabras que más son un argumento para que un literato pueda apropiarse de la realidad sin ningún tipo de pugna: “Las novelas son tejidas sobre el bastidor de la historia de ciertos personajes históricos, pero no pretenden una reconstrucción prolija o fiel de los hechos”.

Y con este argumento históricamente irrefutable, son muchos los que aseguran que no se cometió ningún tipo de falta y que tampoco corresponde a El Castillo determinar si es o no fiel la versión de Franco. Reinaldo Spitaletta, a pesar de tener la realidad como materia prima en su trabajo, propone un ejemplo: “Una de las novelas colombianas más interesantes es Cóndores no entierran todos los días, de Gardeazábal. Aprendemos más del Cóndor Lozano en esa novela que lo que nos ha contado la historia ‘verdadera’. Así que no hay contradicción en novelar personajes históricos”.

Partiendo de lo evidente que es ficcionar la realidad dentro del plano literario, el escritor Pablo Montoya establece además que el caso de Jorge Franco no es algo novedoso. “En el caso de la literatura antioqueña, por ejemplo, comienza muy claramente con Tomás Carrasquilla, con Frutos de mi tierra, que la escribió para mostrarle al círculo de intelectuales al que pertenecía sobre realidades cotidianas y mostrar que de esa ciudad aburridora y provinciana que era Medellín sí se podía hacer una novela”.

Franco no escogió precisamente la Medellín “aburridora y provinciana”, sino que escogió como base para su libro la historia de una de las familias más emblemáticas e inmortales de la ciudad; es por eso que el escándalo ha sido tal que se siente ofensa y que, como muchas otras ficciones de historias o lugares reales, no ha pasado desapercibida.

El Mundo de Afuera, ganadora del premio Alfaguara 2014. Entre los jurados que integran el galardón se encuentran, entre otros, escritores como Laura Restrepo, Sergio Vila-Sanjuán e Ignacio Martínez de Pisón.

El Mundo de Afuera, ganadora del premio Alfaguara 2014. Entre los jurados que integran el galardón se encuentran, entre otros, escritores como Laura Restrepo, Sergio Vila-Sanjuán e Ignacio Martínez de Pisón.

Texto publicado en la edición 70 de De La Urbe