Espacios de memoria

Grafitis, murales, placas conmemorativas, esculturas y el nombre de una plazoleta. Parte  de la historia de la Universidad de Antioquia está ahí. Hechos que merecen conocerse y que no deberían repetirse.

La Universidad es un pequeño mundo, una pequeña ciudad: el reflejo de lo que pasa afuera.  Por eso, nuestra Alma Máter no es ajena a las historias de conflictos, de luchas, de tristezas. Historias que duelen y de las que deberíamos aprender como sociedad. Solo que muchos no las conocen, sobre todo quienes recién ingresan; otros ya las olvidaron; y para unos pocos que llevan años en estos claustros, todavía les causan lágrimas.  En todo caso, son historias que están ahí, que hacen de ciertos espacios una oportunidad para la memoria.

Luis Fernando Barrientos y la Plazoleta

Plazoleta Barrientos.

Plazoleta Barrientos. Foto: Natalia Botero.

Durante la conmemoración del Día del Estudiante Caído, luego de terminarse una Asamblea General de Estudiantes y salir en manifestación por la calle Barranquilla, el estudiante de Ciencias Económicas en la U. de A., Luis Fernando Barrientos Rodríguez, fue asesinado el 8 junio de 1973 por un agente del Das, cerca de la portería peatonal de Barranquilla. Se dice que el cuerpo fue llevado al bloque 16 en donde los estudiantes lo cubrieron con la bandera de la Universidad para hacerle una especie de velorio sobre el escritorio del rector de entonces, Luis Fernando Duque Ramírez. Posteriormente, los estudiantes incendiaron el edificio que quedó completamente en ruinas. Desde ese entonces, la Plazoleta en donde protestaron empezó a ser conocida con el apellido Barrientos.

Actualmente, el nombre es legítimo y se ha posicionado en la memoria universitaria. La Plazoleta Luis Fernando Barrientos es un espacio trascendental en la vida cultural de la Universidad: se juegan partidos de fútbol, se han realizado conciertos de distintos tendencias musicales, ferias de diverso orden  y, por supuesto, importantes protestas estudiantiles como la de hace 41 años.  Además, la mayoría de los estudiantes y visitantes pasan por esta Plazoleta, como si fuera  una calle principal en la Universidad.

Hernán Henao Delgado, director del Iner

Hernán Henao Delgado, director del Iner.

Hernán Henao Delgado, director del Iner. Foto: Paula Monsalve.

El martes 4 de mayo de 1999, dos hombres y una mujer irrumpieron en la oficina del  antropólogo, investigador social y docente Hernán Henao, director del Instituto de Estudios Regionales, Iner, argumentando que necesitaban hablar con él. Los encapuchados identificaron al director del Iner y lo condujeron hasta la sala de espera de la sede, donde le propinaron tres disparos con silenciador.  Falleció mientras era trasladado a la Policlínica Municipal.

Carlos Castaño, el jefe paramilitar, fue quien ordenó su muerte. Henao era  considerado como una persona de carácter fuerte y enemigo de los grupos al margen de la ley, destacado investigador de los problemas sociales en Medellín, en el Área Metropolitana y en Antioquia, con proyección en Colombia, y especialmente en temas como la violencia, los desplazados, los derechos humanos y el desarrollo urbano del país.

Este hecho fue considerado como un nuevo periodo de violencia dentro de la Universidad. “Con la muerte del profesor Hernán Henao Delgado se decretaron tres días de duelo, sin actividades académicas y administrativas, pero se mantuvo la universidad abierta para que los distintos sectores de la comunidad académica pudieran expresarse y reflexionar sobre la situación. Aceptamos las justas protestas, la movilización y las actividades dedicadas a exaltar su memoria, pero rechazamos los actos de violencia porque ellos propician que la guerra termine teniendo su expresión en la institución, lo que pone en grave riesgo la supervivencia de la universidad pública colombiana”. (Documentos Jurídicos, Rectoría, Comunicado 026, 18 de mayo de 1999).
Una vez al año, por los días en los que sucedió este asesinato, el INER organiza la Cátedra Hernán Henao como una forma de  hacer memoria de lo que fue la vida académica del docente. Desde aquellos años, el Iner está ubicado en el bloque 9 de la Ciudad Universitaria, un espacio que promueve la investigación en las regiones.

Hugo Ángel Jaramillo, administrador Cafetería bloque 9

Hugo Ángel Jaramillo, administrador cafetería bloque 9.

Hugo Ángel Jaramillo, administrador cafetería bloque 9. Foto: Paula Monsalve.

El viernes 6 de agosto de 1999 fue asesinado en el sitio de trabajo.  Al parecer, Jaramillo se rehusó a pagar una vacuna que le exigían los grupos insurgentes por ser el propietario de la Cafetería de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.  Después de su muerte, su esposa continuó con la cafetería hasta que se quedó sin dinero para seguir sosteniéndola; tuvo que entregarla a la administración de la Universidad.

Hoy no queda nada en este espacio cerrado de la anterior Cafetería. De la memoria, solo hay una placa en un costado, que no es suficiente para recordar. Muy pocos saben de la figura amable y carismática que era Hugo, quien se aprendía los nombres de sus clientes, fueran profesores o estudiantes.

Gustavo Alonso Marulanda García, estudiante de Filosofía

Gustavo Alonso Marulanda García, estudiante de Filosofía.

Gustavo Alonso Marulanda García, estudiante de Filosofía.

El dirigente  estudiantil y defensor de los derechos humanos fue asesinado el sábado 7 de agosto de 1999, al frente de la portería de la Avenida El Ferrocarril, en la Universidad de Antioquia.  Marulanda fue llamado “Señor Revoltoso” por los paramilitares. Con ese nombre le llegó la primera amenaza de muerte a la cual no le prestó mucha atención. Carlos Castaño, quien contaba en esos años  con las Autodefensas de la U. de A. y como dirigente de las Autodefensas Unidas de Colombia, fue quien dio la orden de segar la vida de Marulanda.

Este estudiante de Filosofía hizo parte de la Mesa de Relaciones Externas, del Comité de Estudiantes. Por esos días, se encontraba participando en la discusión sobre el Plan de Desarrollo de la Universidad. Marulanda también fue muy cercano al abogado Jesús María Valle, asesinado en 1998. Ambos compartían la vocación por ser defensores de los derechos humanos y líderes de la Universidad.

El mural en homenaje a Gustavo se encuentra en el bloque 16, sede de la administración central en la Ciudad Universitaria. Acompañado de mariposas y colores, desgastado por el tiempo, el mural todavía permanece ahí, presente con la memoria. Hoy existe la Corporación Comité Universitario de Derechos Humanos Gustavo Marulanda que trabaja por la recuperación de la memoria de los luchadores sociales.

Ante los asesinatos de Marulanda y de Jaramillo, con un día de diferencia, la administración universitaria consideró “prudente y necesario suspender las actividades académicas y administrativas, sin ingreso a sus instalaciones, en todas las dependencias de la institución, el lunes 9, el martes 10 y el miércoles 11 de agosto, con el fin de que la comunidad universitaria analice y evalúe la situación actual”. (Documentos Jurídicos, Rectoría, Comunicado 030, 8 de agosto de 1999).

Jesús María Valle Jaramillo, prohibido olvidar

(Ituango, 1948 – Medellín, 1998).  Jesús María Valle fue asesinado el 27 de febrero de 1998 en el Centro de Medellín, en su oficina en el edificio Colón. Era abogado y defensor de los derechos humanos, considerado un líder cívico y social, un hombre solidario y desprendido.

Dicen quienes lo conocieron que Valle no era un hombre que estuviera preocupado por tener ambiciones personales. En los Consejos Verbales de Guerra, defendía –sin costo alguno– a los presos políticos. Fue presidente del Comité Permanente por la Defensa de Derechos Humanos, después del asesinato de Héctor Abad Gómez (médico, investigador en ciencias de la salud, fundador y director de la Facultad de Salud Pública de la U. de A., defensor de los Derechos Humanos, político, escritor y ensayista), de Leonardo Betancur Taborda (médico salubrista y profesor en la U. de A.) y de Luis Felipe Vélez Herrera (abogado y presidente de ADIDA), los tres en 1987, en menos de 12 horas en el mismo lugar (sede de ADIDA).

El abogado Valle fue especialmente solidario con los estudiantes que no tenían cómo costear sus gastos, pasajes, fotocopias y alimentación. Antes de su muerte, hizo una fuerte denuncia sobre unas masacres en El Aro y La Granja (corregimientos de Ituango), donde fueron asesinadas 19 personas por las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), con la complicidad del Ejército Nacional.

En el bloque 16, en letras mayúsculas y coloridas, un mural advierte: ‘Prohibido olvidar’, realizado en 2008 por el grupo Shamanika. Además de la sentencia, está dibujado el rostro de Jesús María con una expresión meditabunda y firme.

Luis Fernando Vélez Vélez

Luis Fernando Vélez

Luis Fernando Vélez. Foto: Natalia Botero.

 

(Salgar, 1944 – Medellín, 1989). Muchos no lo saben, pero aquella escultura salpicada por el excremento de las palomas, entre el Teatro Camilo Torres Restrepo y el bloque 22, es conmemorativa de Luis Fernando Vélez Vélez. Este abogado, profesor y Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Vicerrector y Rector encargado de la U, de A.,  teólogo, Director del Museo Universitario, Presidente de la Asociación de Profesores de dicha entidad, Presidente de la Asociación Colombiana de Museos (ACOM) y Director Ejecutivo de la Asociación Colombiana Indigenista (ASCOIN), entre otros, fue asesinado el 17 de diciembre de 1989, seis días después de posesionarse como presidente del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, en remplazo del asesinado Héctor Abad Gómez.

Siempre dijo que se quería “morir bien pasito”. Quizás así fue: lo mataron a balazos en la vía entre Medellín y San Pedro de los Milagros. La Universidad de Antioquia le otorgó el título Honoris Causa de Antropología por su libro Relatos tradicionales de la cultura Catía, trabajo en el que rescató parte de la cultura indígena a partir de su formación como teólogo y antropólogo, y la Orden al Mérito Universitario Francisco Antonio Zea, en grado póstumo, como homenaje a su memoria.

El crimen del defensor de los derechos humanos, Luis Fernando Vélez Vélez, continúa en la impunidad.

Este especial hace parte de la edición 69 de De La Urbe.