Ensortijando bigotes al estilo Caparrós

Lo que duró un cigarrilo Lucky Strike fue lo que duró nuestra entrevista con Martín Caparrós, un hombre que dice que el Papa Bergoglio es un peronista de los buenos.

Escribir un texto a tres manos es complejo. Yo (que puede ser cualquier de los tres) me atreví a sacar los trapitos al sol: queríamos escribir una vez más sobre Uribe, sus secuaces en la lista del Senado y su supuesto pasado oscuro. Pero “La ciudad y los escritores” obligaron,  y sin mucha opresión, a que termináramos escribiendo, como muchos ya lo han hecho, sobre un gato.

Pero no gato en el significado parlache colombiano. Uno casi animal, con bigotes juguetones, inquieto y que bosteza constantemente. Incluso podría ser comparado con los tan mencionados gatos negros; su vestuario monocromo así lo indica: zapatos negros, medias negras, pantalón negro, camiseta negra y hasta reloj negro. La diferencia con uno de los de cuatro patas es que él puede ensortijar los bigotes con sus propios dedos y al parecer lo hace con gran frecuencia. Este movimiento generó en los espectadores un comportamiento espejo: muchos llevaron sus dedos a la parte superior de la boca, intentando peinarse el bigote que no tenían. ¡Qué desilusión! Tener un bigote como el de Martín Caparrós  debió ser el antojo de muchos hombres -y mujeres- en ese momento.

Trapitos al sol número 2: Puedo ser la persona que escribió la primera, pero eso no compete. Para la última frase del párrafo anterior acabo de abrir un sitio web de Sinónimos y antónimos (aquel tan famoso, pero que no publicitamos porque no nos pagaron para eso) para buscar una palabra similar a deseo. Todo con el fin de que suene más sutil la expresión. Mentiras, eso es vicio de periodista que rebusca palabras para que los lectores noten que es culto y bien hablado. ¡Ay, vocación de egos! Esto lo decimos nosotros hoy, muchos lo dicen casi a diario y el viernes pasado fue una de las anotaciones que salieron de la charla con algunos exponentes del mejor oficio del mundo.

Ubíquese en un auditorio amplio como lo es el Teatro Universitario Camilo Torres en la Universidad de Antioquia, que tiene capacidad para 1200 asistentes, pero en donde se observa en promedio la mitad de sillas vacías o sillas llenas (depende de cómo vea el vaso, o el auditorio). Todos los presentes estábamos viendo hablar a nueve  personajes sentados en el escenario central, a quienes se les considera eminencias o vacas sagradas del periodismo. Sin embargo, ¿qué vamos a hablar nosotros sobre esta situación si nuestro futuro entrevistado nos hizo la mitad del trabajo mientras adivinaba nuestro papel allí?

“Estaba pensando mientras escuchaba todo esto, cómo sería de esto una crónica, a diferencia de cómo sería una nota periodística clásica que hablara sobre esto, porque es una de esas situaciones que aparentemente son más fácilmente narrables: hay nueve personas sentadas alrededor de unas sillas, cada uno dice algo. Si tu jefe de sección o lo que sea, te carga cuarenta líneas sobre esto lo que tenés que hacer supuestamente es poner cinco líneas de cada uno, “primero dijo tal, primero dijo cual” y con eso más o menos se soluciona el asunto”.

Pero a Caparrós no le bastó con sacar su bola mágica y hablar como si estuviera cubriendo el evento (el que era nuestro caso), sino que hizo el primer párrafo de lo que sería su propia crónica: “Sentado en el centro de la escena, el gordo de la camisa azul los manejaba con dos o tres palabras: él decía vocación, y Jon Lee Anderson hablaba de su madre; él decía independencia, Carlos Fernando Chamorro hablaba de su padre”.

Transcurrió la conferencia con la intervención de los otros escritores invitados y  llegó el turno de Héctor Abad Faciolince, quien editó el inicio de crónica de Caparrós diciéndole que si él describe a nueve personas sentadas alrededor de unas sillas, el que escuche tal cosa se podrá imaginar a un grupo de nueve con unas sillas en el centro. Mientras Abad hacía el ejercicio de crear su propia narración, nuestro gato hacía caras y expresiones que en Argentina se traducirían oralmente como “no me cargués, che”.

Eran las 12:30 p. m. y Caparrós salió casi corriendo por un cigarrillo, seguro para calmar ansias. Estar dos horas sentado en un conversatorio pudo ser tedioso para él, o al menos así parecía mientras se retorcía en su silla, bostezaba y  jugaba con su bigote. Estos tres pelagatos estudiantes corrieron con grabadora en mano, con el temor de que fuera un poco burlón y se diera cuenta de la inexperiencia al abordar gente. Él compró su cigarrillo, lo encendió con un fósforo de madera y la conversación duró lo que demoró en fumarse su Lucky Strike.

Comenzó en el periodismo a los 16 años, ¿por qué empezar tan joven y qué fue lo llamativo de este medio?

¿Por qué empecé tan joven? Porque mi madre enferma necesitaba comida, entonces yo salía a la calle a robarla y como me pareció que robarla era demasiado decente, dije “voy a hacer algo que realmente me ponga al borde de la ley”, entonces decidí hacer periodismo.

Porque tenía ganas de trabajar. Me ofrecieron la posibilidad de hacerlo y me gustó. Y como en esa época no había la posibilidad de universidades o escuelas donde se estudiara periodismo… Como decía hace un rato Germán Rey: periodista era el que era capaz de hacer periodismo, no el que había pasado una especie de rituales para que las instituciones les enseñaran como tal, entonces nada, empecé a trabajar.

¿Qué fue lo atractivo del periodismo para quedarse en él?

Yo no me quedé, siempre me estuve yendo. De hecho el diario ese donde empecé a trabajar (diario Noticias) lo cerraron al cabo de un año. Así que, este,… no hice periodismo… bueno sí, después seguí haciendo. Pero yo soy… a mí me gusta hacer periodismo pero no me pongo a hacer así grandes proclamas. Me parece que está bien, que es un buen trabajo, que uno la pasa bien, hace cosas que se cree que sirven para algo, pero hay otras tantas cosas qué hacer en el mundo. ¿Qué se yo? No voy a defender mi triste profesión por encima de otras tantas tristes profesiones.

¿Cómo fue la etapa durante su exilio?

Pasé muy bien. Yo siempre digo que le debo a los militares argentinos que me hayan dado la oportunidad de formarme en Francia, cosa que no habría pasado sin ellos seguramente. Yo tenía 18 años y para vivir en París y estudiar allí y demás, era un descubrimiento permanente, un placer extraordinario. Por supuesto, me dolía lo que le estaba pasando a muchos de mis amigos en la Argentina y otra gente para la cual el exilio fue más duro. ¡Yo la pasé bárbaro!

¿Cómo captó usted la entrevista del Papa y las nuevas percepciones que planteó?

Mi tesis básica es que el Papa es peronista, lo cual a ustedes quizá no les diga nada, pero pasemos entonces a definir que peronista es aquel que sirve para conservar el poder a toda costa, y que la Iglesia católica era una institución que estaba perdiendo poder aceleradamente porque cada vez más personas la veían como un espacio de refugio de fidencistas confusos, de pederastas, sectores enfadados y conservadores a ultranza y que necesitaban un cambio de cara para poder mantener su poder y que quien mejor que un peronista, que son quienes realmente se han pasado la vida cambiado la cara de instituciones permitidas, para conservar la base poder para hacer este trabajo sucio. Entonces es justo lo que  está haciendo el señor Bergoglio. Me parece que hasta ahora lo está haciendo muy bien; es un peronista de los buenos.

¿Cree usted que él puede llegar a intercambiar los principios fundamentales de la Iglesia?

Ni uno. Justamente en eso consiste el peronismo: en no cambiar los principios fundamentales sino en hacer creer que lo hacen. ¿Qué dijo? ¿Que no tienen que hablar tanto del aborto? Dijo: “pobres las que abortan, vamos a consolarlas”. Lo dijo. Este, el aborto es un derecho de las mujeres que tienen que poder decidir sobre su propio cuerpo. Entonces decía: pobrecitas, que las vamos a consolar. El principio fundamental que es que el aborto es una catástrofe, de la cual hay que consolar o de la cual hay que condenar o de la cual hay que ceder, sigue siendo el mismo. Este, eso es increíble. Me parece extraordinario que el mundo esté teniendo un curso acelerado de peronismo.

(Click aquí para escuchar a Martín Caparrós)

Texto realizado por estudiantes de Taller de Medios I, que coordina el profesor José Guarnizo.