La enterraron como NN sin avisarle a la familia

En el lote 194 de la zona 2 del Cementerio Universal de Medellín descansa, desde hace un mes y tres semanas, el cuerpo de Yenifer Alejandra Restrepo Ochoa, una habitante de calle de 27 años que murió y fue enterrada como NN sin que se le avisara a su familia.

El 31 de agosto de 2012, los encargados del proceso de Yenifer en un centro de rehabilitación en San Cristóbal, corregimiento de Medellín, decidieron que la mujer podía volver a la ciudad y albergarse en los hoteles de Centro Día, sitios ubicados al frente de la Alpujarra en los que los habitantes de calle reciben acompañamiento para poder reintegrarse a la vida social y laboral. Centro Día es un programa de la Alcaldía de Medellín.

No era la primera vez que Yenifer permanecía en Centro Día, la primera vez que ingresó fue el 2 de marzo de 2010, según los registros. Adriana Ochoa, su madre, siempre estuvo acompañándola en su rehabilitación y en las recaídas; iba a visitarla constantemente. Además, mientras estuviera en los hoteles, Yenifer tenía permiso para salir cada ocho días y visitar a sus seres queridos.

Yenifer Alejandra pasó la Navidad y el Año Nuevo con su familia, que vive en el barrio Enciso de la Comuna 8 de la ciudad. “Vine a pasar la última navidad con ustedes”, le dijo Yenifer a su familia. La joven tenía una grave infección pulmonar, producto del consumo de estupefacientes.

El primer día del 2013 fue la última vez que su madre la vio. El 2 de enero, Adriana Ochoa se fue para Bogotá, donde consiguió un trabajo, y cuatro días después su hija la llamó.

-Cucha, yo fui a despedirme y usted ya se había ido. Voy a estudiar.

-Yenifer: manéjese bien-, le dijo Adriana y colgó.

“En los meses siguientes no volví a saber de ella. Yo le mandaba plata a mi mamá para que fuera a preguntar en los patios o en los hoteles, pero en Centro Día le respondieron: Yenifer no ha vuelto por acá”, explica Adriana Ochoa. La abuela de Yenifer creía que la muchacha había vuelto a las calles, y se lo hizo saber a Adriana, quien decidió volverse para Medellín a buscar a su hija. Eso fue el día de la madre.

El 15 de mayo, en los patios de Centro Día le dijeron a Adriana que hace muchos días no veían a Yenifer, que preguntara por un señor Juan, que él le daba la razón. El hombre le dijo que en el 2013 no aparecían registros de Yenifer Alejandra en el Centro. Un hombre que escuchó la conversación pidió hablar con Adriana, explicando que él era portador de malas noticias.

-Buenas. Señora, ¿usted pregunta por Yenifer?

-Sí, señor.

-¿Ella era una muchacha bajita de gorrita?

-Sí, señor.

-Con el perdón suyo y el respeto que usted se merece, ella era lesbiana, ¿cierto?

-Sí, señor.

-Ella hace dos meses que murió.

-¡No! ¿pero cómo así? Ella no es entonces.

-Sí, ella es.

-¿Pero por qué no me avisaron si allá tenían mis números? Si yo era la que la llevaba todos los días a que le dieran los medicamentos, ¿por qué no me avisaron?

-Señora: todo eso es con Centro Día.

El 29 de marzo, Yenifer llegó a los patios de Centro Día, en Prado Centro, con un terrible dolor en el pecho. Los trabajadores del Centro, a sabiendas de que la mujer sólo tenía la mitad de un pulmón sano, la llevaron inmediatamente a un centro asistencial cercano. De allí la remitieron al Hospital La María, en Castilla, una institución con énfasis en neumología.

Tres días después de estar hospitalizada, el 2 de abril a las 10:30 de la mañana, el médico Rigoberto Espinosa fue el encargado de firmar los papeles que certifican la defunción de Yenifer Alejandra Restrepo Ochoa por un paro respiratorio. Ni en los tres días que llevaba hospitalizada, ni en los tres siguientes que su cuerpo estuvo esperando sepultura, ningún familiar de Yenifer se enteró de lo sucedido.

Según Lina Marcela Duque, funcionaria de Centro Día, apenas recibieron aviso de la muerte de Yenifer la trabajadora social María del Pilar Mecino llamó al número fijo que aparecía en el registro de Yenifer desde que ésta ingresó por primera vez al Centro, tres años atrás. La persona que contestó, al otro lado de la línea, sí conocía a una Yenifer Alejandra, pero no era la misma que esperaba en el hospital una sepultura.

Los funcionarios de Centro Día no intentaron más comunicarse con la familia de Yenifer y decidieron encargar a la Alcaldía, a través de la funeraria Los Olivos, del cuerpo de la muchacha. Según Adriana Ochoa, en Centro Día conocían a la familia de Yenifer y pudieron haberlos contactado a tiempo.

La funeraria Los Olivos recogió el cuerpo de Yenifer en el Hospital La María e hizo los trámites para el entierro de la muchacha, que fue el 5 de abril. Sin misa, sin oraciones, sin nadie que lo acompañara, un sepulturero cavó la tumba donde aún está el cuerpo de Yenifer esperando una lápida con su nombre y un entierro digno.

Adriana Ochoa ha hecho dos derechos de petición: uno para el Hospital La María, en el que solicita la historia clínica de su hija, ya que la institución exigió ese trámite; otro para la Secretaría de Salud, en el que pide la exhumación del cuerpo de su hija. Adriana quiere verla por última vez y darle una cristiana sepultura.

Según el abogado Nelson Agudelo, el deber del Hospital La María y de Centro Día era informar a la familia de la muerte de Yenifer. Como supuestamente no apareció ningún familiar, de acuerdo con Agudelo el hospital debió comunicarse con Medicina Legal, quienes se encargarían del cuerpo hasta que apareciera algún doliente.

 

 

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