Milena: historia de desplazamientos

El caso de una de las 200 personas que se encuentran albergadas en el antiguo coliseo de la Universidad de Antioquia. Asegura que primero fue desplazada por los paramilitares y ahora por la construcción de la hidroeléctrica más grande del país.

El 10 de marzo de 2013  a las 5:00 de la mañana, en La Vuelta del Bombillo, jurisdicción del municipio de Ituango, campesinos del norte de Antioquia iniciaron una protesta con carteleras y pancartas en contra de las obras realizadas por la Hidroeléctrica Ituango.

Hidroituango es reconocido como el proyecto de este tipo más ambicioso de Colombia. Aunque inició su construcción en 2010, desde 1969 ya estaba en planes.

Genaro Graciano es otro de los voceros de Ríos Vivos, movimiento que defiende a los campesinos afectados por esta Mega obra. Relata cómo desde los años 70 se iban cumpliendo estudios de factibilidad hasta mediados de los 90 cuando se forma la sociedad promotora del proyecto. Recalca que toda esta región del norte antioqueño siempre ha sido de un conflicto armado muy fuerte y por el tiempo de esta sociedad promotora, los campesinos sufrieron una arremetida por parte  de la guerrilla y las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. En esa década el 80 por ciento de la población de la  zona fue desplazada.”Esa época fue muy dura pero esta es mucho peor”, asegura.

Una de las principales razones de las protestas es que nunca se ha contado con la comunidad para decidir la creación de dicha obra. Así lo considera Mario David  otro de los voceros de Ríos Vivos, quien  hace un recuento de la travesía que iniciaron  los campesinos desde El Bombillo tras los choques con la fuerza pública. El Valle de Toledo, luego La Matanza en San Andrés de Cuerquia, Hatillo, Bello  y finalmente Medellín. Estas fueron las estaciones que recorrieron antes de llegar al coliseo de la Universidad de Antioquia.

Allí todo llama la atención. Desde las pancartas a las afueras del coliseo en contra del Gobernador de Antioquia y  de Hidroituango, hasta las decenas de tiendas de campaña que albergan en aquel sitio a cerca de 200 personas provenientes de Toledo, Sabanalarga, San Andrés de Cuerquia, Ituango y  Briceño. De este último municipio viene Milena Flórez.

Entre tantas carpas me asomo a donde veo una mujer. Está recostada. Mece los pies. Parece una adolescente que escribe su diario en varias hojas de cuaderno grande. Se nota como ajena a lo que sucede con todas las familias que padecen el desplazamiento forzado y se encuentran refugiados en esta universidad pública. Sigo observándola sin que ella se dé cuenta y  entre las hojas esparcidas veo el libro ¿Qué tiene ella que no tenga yo?, del padre Linero. Ya era suficiente información como para querer interrumpirle su escritura y convertirla en el personaje central de éste relato.

De inmediato me abrió la carpa por completo y para mí fue como abrir las puertas de su corazón porque estaba dispuesta a contarme las cosas que yo quisiera saber de su vida.

Milena no es una niña ni una adolescente, aunque sí es muy juvenil en su aspecto y en su forma de vestir. Tiene 28 años, aunque sigue transmitiendo la misma dulzura que al momento de verla recostada. Ella comparte como muchos labriegos de nuestro país, el lastre de vivir un desplazamiento tras otro.

Es oriunda de Mutatá, en el Urabá antioqueño. A los doce años, a causa del conflicto armado de la zona, salió del lugar con su madre y sus hermanos hacia Medellín, exactamente al barrio Carambolas, nororiente de la ciudad. Tiempo después conoció a quien sería el padre de sus hijos. Se iría con él hacia Briceño, municipio de donde viene desplazada. Más adelante  la tragedia la toca de nuevo y un derrumbe en Carambolas sega la vida de su madre.

Milena vive o vivía en la vereda Alto de Chirí, zona directa del impacto de la mega obra Hidroituango. Ella recuerda  el día en que tantos lugareños después de  estar en una protesta pacífica en contra de los atropellos ocasionados por las autoridades terminaron  rumbo hacia la capital de Antioquia. Ahora ya han pasado cerca de dos meses desde que sufrió  este  nuevo desplazamiento.

Rápidamente supe que aquellas hojas sueltas que estaban junto a ella cuando la abordé, sí eran una especie de diario que las personas de Ríos Vivos le habían solicitado. Es su historia de vida, uno de los requisitos que todos los campesinos requieren para demostrar que son reales damnificados

También entendí que le gusta leer, especialmente literatura de autoestima y este libro del padre Linero revelaba ciertas razones por las que ya no convivía con su ex pareja.

Ambos sentados en el suelo, la conversación no podía ser más amena, ella se sentía cómoda hablándome y yo concentrado preguntándole. Hablamos de la mujer que dio a luz viviendo en este exilio, de los niños que han estado enfermos, de la comida que, aunque colectiva, nunca es a deshoras, pero sobre todo del encierro y de las ganas de volver a su vida normal.

Sus hijos están por ahí, jugando cerca al nuevo coliseo. Ellos tienen 8 y 5 años, estaban estudiando en el pueblo. Milena ni  se imagina cómo debe estar su casa con hierba hasta el techo. Pese a tener que vivir tantos golpes de la vida, considera que hay muchos a los que les ha tocado peor. Como los que vivían a orillas  del  Cauca y subsistían con la labor de barequeo o extracción del oro del río.

Al preguntarle por su suerte a un futuro inmediato, es evidente la sensación de impotencia y desesperanza por lo que pueda pasar con su familia y con todos los demás huéspedes del coliseo de la Universidad.

Bien, la hora de este té invisible termina para que Milena pueda seguir con su escritura. Me voy de allí con las ganas de volver a una tertulia más, y de seguir conociendo las historias de desalojo que hay detrás cada una de las personas albergadas dentro de la universidad.

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