Sustancias psicoactivas, ¿todos somos consumidores?

Desde hace cinco años, la Organización Mundial de la Salud, OMS, incluyó el consumo de sustancias psicoactivas en su lista de enfermedades. El aumento del consumo de distintas sustancias, no necesariamente ilegales como productos industriales o productos de consumo cotidiano, ha prendido las alarmas en los últimos meses en ciudades como Medellín y las del eje cafetero.

Dice la OMS que la “droga” “es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas”. Esa alteración del sistema nervioso es más comúnmente conocida como alteración del estado de conciencia.

La conciencia se altera mediante el uso de sustancias psicoactivas que no necesariamente son ilegales. Por ejemplo el café, el té, la nicotina, los energizantes y algunos fármacos son considerados sustancias psicoactivas, pues según el médico Cristian Vargas Upegui, residente del último año de psiquiatría en el Hospital Universitario San Vicente de Paul, una sustancia psicoactiva “es cualquiera que entrando al cuerpo, específicamente al cerebro, le pueda modificar a uno cuatro cosas: comportamiento, pensamiento, sentimientos o percepciones”. Aclara que si se altera una sola de estas, se puede hablar de un psicoactivo.

“Para nosotros es una enfermedad porque cuando se miran los cerebros de las personas que son adictas, con los cerebros de las personas que no lo son, son cerebros que funcionan totalmente diferente”, enfatiza con tono de preocupación, pues para él es problemático que se trate el consumo como simple vicio o costumbre.

 

¿Por qué se consume?

Las causas que llevan a consumir de manera constante y a generar dependencia de estas sustancias pueden varias de persona a persona. Hice el ejercicio de preguntar a algunos amigos a través de Facebook por los motivos que los llevaban a consumir estas sustancias, previo conocimiento de que lo hacían. Por respeto a su privacidad, sus nombres serán omitidos.

Una de ellas, aunque reconoció que tiene “en el abandono” el consumo de marihuana, me contó que “cuando lo hacía era porque la alteración de los sentidos que genera me permitía un momento de tranquilidad muy alto, a veces para conversar con otros, y otras, conmigo”. Además, decía que le tiene mucho respeto, pues considera su función a partir del respeto a la naturaleza y algunas creencias indígenas sobre las plantas.

Otro tenía motivaciones menos ligadas con la naturaleza y más relacionadas con circunstancias sociales. “Parce, precisamente para alejarme de la realidad, para transformar mentalmente lo intransformable, para crear una realidad paralela en la que no tenga preocupaciones que tengo en esta”. Le pregunté a qué se refería con lo intransformable: “me refiero básicamente a lo que vemos y no debería ser, a las injusticias, desigualdades, sufrimiento… Yo en muchas ocasiones me pongo a imaginar un mundo completamente diferente”.

Sin embargo, no siempre los motivos son de esta naturaleza. Doris Buitrago, terapeuta ocupacional del Programa de Adicciones del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, cuenta que hay adicciones que se generan por motivos tan “sencillos” como que la gente busca formas rápidas de dormir o descansar, o de activarse para estudiar, trabajar o hacer deporte. Así sucede con el té y algunos productos relajantes, en el primer caso, o con el café y los energizantes en el segundo.

Otra de las personas consultadas dijo que, para ella, las drogas se convierten en catalizadores de lo que se tenga en la cabeza, “cualquier sustancia que se le meta al cuerpo afecta la conciencia”. Para ella algunas sustancias son constructivas y otras destructivas, señalando la diferencia en la posibilidad de construir algún saber o conocimiento, por ejemplo, dice, “el perico es bueno para leer”.

Esta droga es un derivado de la cocaína y es utilizada, en particular, por algunas personas para desarrollar trabajos de lectura o escritura, por ejemplo, en el contexto universitario, como lo confirma Buitrago. Tras la crisis económica mundial que se desató desde 2008, se conoció que muchas decisiones precipitadas se debieron al consumo de cocaína en Wall Street.

Además de estas explicaciones, hay quienes explican las motivaciones desde el deseo de diversión. ¿Por qué? “Porque no todo en la vida tiene que tener sentido, porque a mi manera de ver, las cosas sin sentido también le dan sentido a la vida. Además, porque se siente bien”, afirma otra de las personas consultadas por Facebook.

A mediados del siglo XX, Max Horkheimer y Theodor Adorno, pensadores alemanes de la Escuela de Frankfurt, escribieron Dialéctica de la Ilustración, una conocida obra en la que se criticaban las contradicciones de la modernidad. Allí hablaban de los lotófagos, viajeros de la antigua Grecia que se detenían en su viaje por los efectos que recibían del consumo de loto como sustancia psicoactiva. Según ellos, el “idilio” que producía esta ebriedad había permitido a las clases sometidas soportar “lo insoportable” en “estructuras sociales petrificadas”: “Ese idilio es, en efecto, mera apariencia de felicidad, un obtuso vegetar, indigente como la existencia de los animales. En el mejor de los casos sería la ausencia de conciencia de la infelicidad.”

Al respecto, el médico Cristian Vargas afirma que existe una discusión que toca con lo antropológico y lo filosófico: “La cultura occidental se ha ido en la búsqueda de ‘no problemas’, ‘no ansiedad’, ‘no dificultades’ en el camino, y no como facilismo sino a no sentir el dolor.

Estanislao Zuleta muestra en el Elogio a la dificultad lo importante que es tener problemas, dificultades y ansiedad.”

Dice que el consumo de drogas es usado como “anestesia” frente al dolor, y que frente a cualquier problema los pacientes piden que los mediquen. “Si las drogas fueran inocuas casi que nosotros hasta las mandaríamos. El problema es que hay unos efectos muy graves de las drogas sobre el sistema nervioso central, y esos efectos son constantes y crónicos”, a tal punto de necesitar consumir todo el tiempo, agrega.

El consumo de sustancias psicoactivas puede generar neurodependencia y problemas de salud, así como problemas en el entorno familiar, laboral y social. Sin embargo, parece que todos en algún momento de la vida accedemos a algún tipo de psicoactivo, bien sea para dormir, tranquilizarnos, o estar más despiertos, aunque todas tienen niveles de dependencia distintos. Además de un problema de salud pública, parece convertirse en un problema cultural relacionado con la presión ejercida por la sociedad sobre cada persona en sus experiencias particulares. Pero frente a las problemáticas sociales que las generan, el consumo se convierte en placebo, pues aunque genera cambios momentáneos, realmente no cambian el entorno.

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