Mil y una historias de una maestra de preescolar

En el marco del Día Nacional de la Niñez y la recreación, que se celebra en en Colombia el último sábado de abril, de acuerdo a la Ley 724 de 2001, es pertinente exaltar la labor de una mujer que lleva más de tres décadas educando niños en una de la zonas más complejas de Medellín. 

Flor Liliana Yepes Hernández, de los años de su vida, no diré cuántos por aquello de que a las mujeres nos les gusta revelar su edad, lleva 31 dedicada al Jardín Infantil  Los Sauces, en el barrio Versalles I de la Comuna 3 de Medellín. Son décadas de enseñanza, innumerables  experiencias y cerca de 1.500 niños en  los que  ha dejado  huella y por quienes ha quedado marcada también.

Todo empezó con una campaña política que ella recuerda  se llamaba “Camina” dirigida por el fallecido Luis Carlos Galán. Ella aún estaba en el bachillerato y describe cómo nació su preescolar: “La campaña consistía en alfabetizar adultos. No asistió mucha gente mayor porque les daba pena que los jóvenes fueran los que les enseñaran. Los niños si se acercaron. Yo los sentaba en adobes y tablones.  Así empecé  con un grupo de 50”.

Patricia Hernández,  su prima, recuerda como antes de que  ella tuviera el preescolar  jugaban a la escuelita: “Nos sentábamos en una banca larga y Liliana era la profesora”.

Las cartillas que habían dado en aquella campaña sirvieron para trabajar en el nuevo centro infantil y como la docencia era algo natural en Liliana, rápidamente elaboró un cronograma: “Que las vocales, los números, los colores…”.

Con tan solo siete meses de iniciar este proyecto educativo, el director de la escuela Versalles, Francisco Aguilar, le aseguro que sus alumnos pasarían a la escuela al terminar el año, luego de ver la calidad de su preescolar.

¿Y dónde quedaba el preescolar?

“En la sala de la casa. Guardamos los muebles donde mi mamá y colocamos los tablones. En unos se apoyaban  y en el otro se sentaban”.

¿Y cómo logró que el kínder tuviera tanta asistencia desde el comienzo?

“Durante varias semanas en el sector se comentaba que donde Flor Liliana estaban enseñando a  leer y escribir a los niños que no estaban estudiando. De esa manera  se fueron acercando”.

Hace 31 años la violencia en estos barrios estaba a la orden del día (y lo sigue estando). Liliana era consciente de que muchos de los niños que estudiaban en su kínder  a la postre serían  integrantes de las pandillas del barrio. Obvio, su labor es edificadora pero no salvadora. “En aquella época cuando cumplían 14, 15,16 años se metían a bandas.  A muchos los mataron”.

¿Y cómo se comportaban en el kínder esos muchachos?

“Todos venían con muchos problemas en la casa, hogares sin papás, con unas mamás que tenían que trabajar (sobre todo en casa de familia), entonces los dejaban al cuidado de otra persona. Los niños llegaban de estudiar, soltaban el maletín y la pasaban todo el día en la calle. En todas las épocas ha habido niños difíciles pero eso es lo normal.

Fue así como La profe Liliana, a base de paciencia  y cariño, se ganó el respeto tanto de los pequeños como de las familias. Al punto que hacia finales de los 80 y principios de los 90, cuando la violencia entre pandillas proliferaba en cada rincón, ella fuera una de las pocas personas  que podía pasar por las esquinas de aquel barrio de la comuna nororiental de Medellín sin miedo a ser abaleada.

Relata con humor  como podía pasar por una esquina donde había un pillo con un arma pero como él había sido su alumno, le daba pena y la escondía. “Y yo le decía que  si no le daba pena estar en esas. No me daba miedo regañarlo. A él no le temblaba la mano para matar a otra persona pero yo podía reprenderlo sin ningún temor”.

Hoy en día muchos de esos “calientes”  que fueron sus estudiantes tienen sus hijos en el Jardín Infantil Los Sauces. Y aunque todos sepan que son hombres toscos, son dóciles cuando “la señorita Flor Liliana”, como muchos la llaman, los cita para reconvenirlos porque sus hijos se están portando mal. “Es gratificante ser merecedor  de tanto respeto y saber que durante tantos años le he enseñado a tantos niños. No solo a leer sino a cosas sencillas de la vida como los lugares de la casa que son prohibidos (como la cocina) para los menores y cuál es el lugar para cada cosa”.

Dentro de las anécdotas sobresale la historia del único niño que por poco se muere en su kínder. “Sebastián, hace como 15 años, eso nunca lo voy a olvidar. Él era muy inquieto. Y mientras yo le amarraba el zapato a otro niño veía a Sebastián creyendo que solamente estaba molestando. En realidad se estaba ahogando con un sacapuntas. Salí como loca y unos trabajadores en la calle me ayudaron a llevarlo al hospital. Finalmente él vomitó el sacapuntas. Llamé a la mamá llorando y ella me dijo que tranquila, que esa misma semana se había metido un muñeco  de los que venían en los yupis a la boca. Desde entonces lo puse adelante. Lo vigilaba todo el tiempo”.

Liliana es una maestra empírica.  No profesora como ella lo dice. “Un profesor es aquel que transmite lo que  aprendió en cambio yo enseño de lo que siento. Afecto”.

¿Después de tanto tiempo, que será de la vida de tantos y tantos niños? ¿Se han acercado después del tiempo a saludarla?

“Entre tantos ex alumnos hay cuatro que son profesores de preescolar, varios taxistas, conductores de bus, secretarias, enfermeras, policías. Siempre me recuerdan después de muchos años”.

Hace 31 años existían pocos preescolares pero ahora que aumentan estos centros infantiles, el de Liliana sigue en pie.

¿Cuál será el secreto de su éxito?

“Que muchas veces les doy el cariño que no reciben en la casa, porque para mí son tan importantes. Los trato como si fueran míos”.

¿Ha pensado Liliana en dejar su hogar infantil?

“Lo he pensado pero no soy capaz. En vacaciones ya me hacen falta”.

A esta mujer de cuarenta y tantos años podríamos escucharle infinidad de anécdotas pero sería como  sentarse a escuchar noche a noche las historias de Sherezada.

En Colombia el Día de la Niñez es el último sábado del mes de abril. Este año será el 27 de abril  Es en esta fecha en la que  los centros educativos, entidades públicas y privadas, Gobiernos locales y Nacional, pero sobre todo las familias, deben virar su mirada a la importancia del cuidado de los menores y el respeto de sus derechos.

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