“La sociedad colombiana no va a aceptar tan fácilmente el matrimonio entre parejas del mismo sexo”

A propósito del plazo perentorio, hasta julio de 2013, que la Corte Constitucional le dio al Congreso de Colombia para que legisle sobre una ley que regule las uniones entre parejas del mismo sexo y del debate en el Senado que fue aplazado para este 23 abril, Samuel Vélez, defensor del matrimonio gay en el país, opina al respecto.

Por Diego Zambrano Benavides (@diegozamben) 

Desde un cómodo sofá ubicado en la sala de su apartamento, me preparo para sostener una charla con él. Viste ropa deportiva de domingo y su pelo está revuelto, quizás denotando algunas características de su personalidad. Lo conozco desde hace algún tiempo. Sé quién es y sé cómo piensa. El tema lo emociona, pues siempre está atento a expresar sus opiniones en temas tan controversiales como el matrimonio gay en Colombia. Se llama Samuel Vélez, estudiante de octavo semestre de Medicina, bisexual, pero considera que los colombianos aún no están preparados para aceptar las diferencias entre las tendencias y orientaciones sexuales. Por eso me pide utilizar un seudónimo para la realización de esta entrevista. Después de un breve saludo, como quien está ansioso por hablar, comenzamos la entrevista.

Diego Zambrano Benavides.- En Julio se vence el plazo para legislar en el Congreso de Colombia acerca del matrimonio entre parejas del mismo sexo. El plazo fue fijado por la Corte Constitucional. ¿Sería conveniente que no hubiese legislación y las parejas del mismo sexo pudieran legalizar su unión tal como lo ha expresado la Corte?

Samuel Vélez.- El Congreso, como ente encargado de legislar, tiene la responsabilidad de garantizar que todos los colombianos tengamos los mismos derechos. Es, en últimas, el que nos posibilita para tomar nuestras propias decisiones. Se han demorado en legislar acerca del tema, y la sentencia de la Corte Constitucional me parece bastante acertada, porque si el Legislativo no se apresura a tomar una decisión, las parejas no tienen por qué prorrogar y vivir más tiempo sin que su unión sea reconocida plenamente por las leyes colombianas.

D.Z.B.O sea, en su opinión ¿el Congreso sí está dilatando el tiempo para tomar una decisión?

S.V.– El Congreso está dilatando el tema porque dependiendo de su posición y la decisión que allí se tome se desencadenarán distintas reacciones en la ciudadanía, tanto positivas como negativas. Ellos (los congresistas) piensan más en las reacciones políticas que puedan generarse de su decisión que en la importancia del reconocimiento del derecho para las parejas del mismo sexo.

D.Z.B.¿Qué opinión le merece la posición de la Iglesia Católica y la de un funcionario público como lo es el Procurador Alejandro Ordoñez acerca del matrimonio gay?

S.V.– Pienso que el Procurador debe obrar como un funcionario público dejando su moral y sus creencias de lado. La Iglesia Católica toma partido en temas que no le corresponden porque Colombia es por Constitución un Estado laico, multicultural, y respetuoso de las libertades de las personas. Respeto las posiciones que toman, pero me parece que no deberían tener injerencia en las decisiones políticas que se tomen en el país.

D.Z.B.El senador Armando Benedetti afirmó que la Corte Constitucional, en caso de que no se cumpla el plazo establecido para legislar acerca del matrimonio de parejas del mismo sexo, no autoriza a estas personas a legalizar su unión. Según él, en la sentencia emitida por la Corte se utiliza la expresión “vínculo contractual” y no matrimonio como tal. ¿Qué opina de la afirmación del senador?

S.V.– Es una posición que per se está discriminando a las personas. Si la institución del matrimonio se ha concebido a través de la historia como la unión de un hombre y una mujer, esto no significa que se está hablando de una institución rígida que no pueda variar. Los ciudadanos tienen derecho a unirse con ese nombre, no con otro tipo de relación contractual porque eso generaría discriminación. Por ejemplo, es como si dijéramos que la población afro es igual a nosotros, pero se les pusiera un nombre especial, no como seres humanos, sino como cualquier otra cosa. Ya en esas declaraciones está implícita una relación desigual entre los dos términos. Me parece inconcebible que un funcionario público no sepa ver más allá de sus propias narices. Desde el cómo se expresan nuestros representantes se puede generar intolerancia y violencia, y eso ha fragmentado nuestra sociedad desde hace muchísimo tiempo.

D.Z.B.Pero es que la Corte Constitucional efectivamente se refiere en la sentencia a la unión de parejas homosexuales bajo el término de vínculo contractual, no como matrimonio. ¿Cree que el senador interpretó a su acomodo las consideraciones y dictámenes de la Corte?

S.V.– Independientemente de la posición de cualquier funcionario público o institución estatal, nosotros como colombianos debemos tener claro que se trata de reconocer que las personas somos iguales, o sea, es algo que trasciende la opinión, no tiene que ver con la opinión de nadie, es un derecho que se le reconoce a un ser humano independientemente de cualquier interpretación subjetiva. Todos somos libres, no importa si algún representante piensa que no lo somos, porque la verdad es que lo somos.

D.Z.B.¿El matrimonio gay atenta contra la moral y las buenas costumbres?

S.V– La actual moral de nuestra sociedad es bastante conservadora, se basa en principios netamente judeo-cristianos. Un matrimonio homosexual podría cambiar la dinámica en la que esta moral se viene dando, y no significa que esté mal. Es más, es lo que nuestra sociedad necesita. Colombia es un país que ha atravesado por diversos procesos que han destruido el tejido social y que nos ha dejado en una situación muy compleja, y ha sido bajo esta supuesta moral y buenas costumbres. Entonces yo me pregunto por qué no un cambio de moral, por qué no abrir nuestra mente y tratar de ser más progresistas como país. Entonces, definitivamente sí, podría afectar la moral y las buenas costumbres de las que habla mucha gente, pero es eso lo que necesita el país para salir del retroceso, necesitamos un cambio rápido.

D.Z.B.¿Cree en la institución y todo lo que representa el matrimonio? ¿Es necesario luchar por este vínculo? ¿No se puede prescindir de él?

S.V.– No se necesita estar legalmente unido a alguien para de verdad sentirse casado con alguien, para compartir una vida con una persona. Sin embargo, el matrimonio es una institución que normativiza esta unión de acuerdo con las leyes de cada país. Entonces el matrimonio es importante en la medida en que todas las sociedades están regidas por normas. Si por estar casado con alguien se va a tener una serie de beneficios y voy a estar bajo regulación de ciertas normas especializadas, por qué unas personas si van a poder acceder a ellas y otras no. Si bien, el matrimonio no es la única forma de estar unido a alguien, sí resulta favorable en algunas ocasiones. La verdad, a mí sí me gustaría casarme, no por ahora, lo veo lejano, pero creo que sí lo haré.

D.Z.B.Dejando de lado su posición. ¿Cree que una sociedad como la colombiana pueda llegar al punto de aceptar el matrimonio entre parejas del mismo sexo? O por el contrario ¿Se quedará Colombia rezagada con respecto a otras naciones que ya han legislado a favor de este tema?

S.V.– No debería importar que la sociedad no lo acepte porque los derechos no se deben someter a la democracia, los derechos son inalienables, entonces deben ser aceptados incluso en contra de la opinión de la sociedad. No es algo que se pueda discutir. Sin embargo, nuestra sociedad ha sido afectada por tantos años de injerencia católica en el ámbito político. La Iglesia promueve abiertamente la intolerancia y aliena a las personas. Ha hecho de Colombia una sociedad cerrada al cambio, una sociedad que solo acepta algunas maneras de pensar. La sociedad colombiana no va a aceptar tan fácilmente el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

D.Z.B.Finalmente. ¿Por qué quienes no están de acuerdo con el matrimonio gay tienen que someterse a la imposición del mismo en caso de ser aprobado? ¿No representan ellos también una población que aclama sus derechos? ¿Acaso el pensamiento progresista debe imponerse sobre los demás por ser el “más acertado”?

S.V.– Desde el momento en que empezamos a creer que un pensamiento se va a oponer a otro, estamos mal. Ninguna opinión debe prevalecer sobre las otras. Tenemos leyes que nos rigen como pueblo. Y yo puedo no estar de acuerdo con alguna ley en específico, o puede que una ley no me cobije como yo quisiera que lo hiciese. Sin embargo, en materia de derechos humanos, no importa quién va a estar por encima del otro, lo que importa es asegurar que cada persona tenga goce pleno de sus derechos. No creo que una y otra parte de la sociedad deban estar estrictamente de acuerdo en llegar a un consenso con respecto a este tema, porque como ya dije no creo que se deba a entrar a opinar con respecto a esto. La legislación se debe hacer con respeto a la ética universal, le ética no está sujeta a las opiniones de las personas. Es importante que como colombianos caigamos en cuenta de esto. Por ejemplo, si yo pienso que mis derechos se van a ver afectados por los derechos de un guerrillero, que lo que ha hecho es fragmentar y fomentar violencia en nuestra sociedad, esto no tendría importancia porque no podría entrar a discusión. Este guerrillero que decidió estar al margen del Estado, también tiene unos derechos y se le tienen que garantizar. Si nosotros dejamos que se prorrogue este círculo vicioso de preguntarse el por qué otro va a tener derechos y yo no, estamos fomentando la intolerancia y todas aquellas cosas que nos desintegran como pueblo. En la juventud y en la niñez está el cambio, hay que empezar a respetar las diferencias que existen entre las personas. El problema no es que todos seamos o no iguales, sino que exista equidad.

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