“El Medellinazo”

Medellín, 9 de abril de 1948. Al medio día, como parte de la ruta de ventas, Darío Pulgarín pregonaba los titulares de la primera página del periódico El Colombiano en las afueras de la Gobernación de Antioquia, el edificio gótico-renacentista que hoy obedece al nombre de Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, obra del arquitecto e ingeniero belga Agustín Goovaerts.

“Siete gobernadores conservadores nombró el presidente Ospina anoche”, “Chile atacó a Rusia en la Conferencia Panamericana”, “Dionisio Arango Ferrer gobernador de Antioquia”, “Se fijarán precios a los vestidos para hombres y mujeres”, “500 Millones de Dólares más Para Préstamos a Latinoamérica Pide el Presidente Truman”, “Nombrado Ignacio Mesa Salazar para la junta aduanera”, “Empiezan a sentirse los primeros Resultados de la IX Panamericana”.

Bogotá. Carrera Séptima con Jiménez. 1:05 pm. Tres disparos por la espalda. Asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán.  Los primeros informes que se escucharon en Medellín fueron a través de la voz de Rómulo Guzmán. Finalizando su programa diario de noticias conocido por los comentarios que simpatizaban con el gaitanismo en la Emisora Nueva Granada, donde además tenía el cargo de director, difundió sobresaltado el triste hecho.

Extra! Extra! El doctor Gaitán acaba de ser herido gravemente, las noticias son alarmantes, pueden ocurrir graves hechos en la capital… sentamos nuestra enérgica protesta…

Extra! Extra! Una gran multitud enfurecida grita “Sangre y fuego”, “Sangre y fuego”. La consigna de Jorge Antonio Montalvo para acabar con el liberalismo.

Extra! Extra! Arrastraron el cadáver del asesino por toda la avenida séptima. Crece la ola de gentes. Millares de hombres y mujeres lloran a Gaitán y llegan armados de palos y machetes.

Extra! Extra! A la una y quince minutos de la tarde dejó de existir el jefe único del partido liberal y caudillo del pueblo colombiano, doctor Jorge Eliecer Gaitán; en la clínica fueron inútiles los esfuerzos por salvarlo.

¡Atención! ¡Atención! A marcha forzada que enuncia que llegan refuerzos del ejército.

Extra! Extra! Atención, atención… Extra… y las voces se van acallando, silenciando en una agonía amenazadora.

Todos escucharon atentos lo que emitieron las emisoras. Los ríos de gente bajaban desde los barrios altos de Medellín. Empezaban a agruparse en la carrera Palacé, la calle de los liberales, unos metros arriba de donde se encontraban la alcaldía y la gobernación.

Darío, de 15 años, se dirigía hacia Aranjuez dejando atrás los puntos donde cada vez se acumulaba más la gente. Observó las revueltas y los estragos ocurridos ese 9 de abril en el centro de la ciudad desde su pedazo de montaña, advirtió cómo se incendiaban los edificios desde las tierras altas del valle.

Las turbas liberales, ofendidas, no arremetieron contra individuos que se encontraban en la cima de las jerarquías políticas, sino contra todo aquello que representara poder político, como edificios, instituciones y objetos.

El Palacio Municipal, el edificio estilo art decó diseñado por Horacio y Martín Rodríguez que hoy se conoce como el Museo de Antioquia, estuvo bajo el control popular hasta el amanecer del 10 de abril. La Policía Municipal, a cargo del teniente Bonnet, intentaba mantener el orden. Volquetas atestadas de policías departamentales llegaban cada tanto al frente del Palacio y hacían tiros al aire para dispersar la multitud y asustar a quienes se encontraban adentro.

Después de las 12 de la noche el comandante de la IV Brigada se presentó en el Palacio intentando convencer a los liberales, que se encontraban allí, de que se rindieran. Un grupo de obreros desarmados respondió: “estamos dispuestos a morir en lo que siempre ha sido nuestro”, según la primera página de El Diario del 10 de abril de 1948. Minutos antes le habían permitido el paso a seis soldados que se presentaron al Palacio a vigilar la planta de teléfonos, la misma noticia de El Diario indica que no fueron agredidos.

Agentes departamentales y del Ejército rodearon el edificio y lanzaron gases lacrimógenos. Dispararon por dos  a quienes se encontraban en el Palacio, mientras los seis soldados que habían logrado entrar pasada la media noche acorralaron a los ocupantes y abrieron fuego.

Según la prensa oficial e informes gubernamentales, el tiroteo arrojó más de 40 heridos y 10 muertos, además de los daños ocasionados al Palacio Municipal y a la Gobernación, avaluados en doscientos mil pesos oro.

Unas pocas cuadras al sur otra turba atacaba el periódico El Colombiano, sin éxito alguno, y destruía el periódico conservador La Defensa, ubicado en la Calle Boyacá a un costado de la Iglesia de La Veracruz, donde hoy se encuentra Almacenes El Mar, el primer mercado autoservicio que tuvo Medellín. La multitud cobró venganza rociando con gasolina las instalaciones del medio de ultra-derecha que promovía el sectarismo en Antioquia. Tenía una gran influencia de Laureano Gómez y en él escribían personajes como Belisario Betancur.

Los Bomberos no pudieron evitar que la turba incendiara el edificio y el fuego se extendió sin ningún obstáculo acabando hasta con el archivo de la Notaria Cuarta del Circuito y dejando a tres de los bomberos heridos.

“Abajo los curas, viva Gaitán”, era la frase que había plasmado la turba en las puertas de la Iglesia de San José, de la Veracruz y de La Candelaria. Un poco más al norte, en la biblioteca de la Universidad Pontificia Bolivariana, ubicada en la calle Caracas con carrera Palacé, un grupo de personas tiró los libros a la calle y les prendió fuego. El edificio también ardió en llamas.

El centro de Medellín era un hervidero, luego de saquear almacenes y edificios, la turba, encolerizada, procedía a incendiar lo que quedaba.  En el barrio Coltejer, la carrera Carabobo, en los bajos del edificio Álvarez Santa María, en la calle Junín, en el Parque Berrío y en el barrio Guayaquil, desde el Palacio Nacional hasta la Plaza Cisneros, ni un solo almacén, licorera, café o joyería corrió con suerte. Todos terminaron con las vitrinas rotas, vacíos y echando humo.

El periódico El Colombiano informó que 500 almacenes habían sido destruidos. El periódico El Diario informó que había más de 150 muertos y 500 heridos ese 9 de abril, y que entre las tres de la tarde del día del asesinato de Gaitán y las seis de la mañana del 10 de abril, la Policlínica Municipal atendió 120 heridos.

Entre el 9 y el 12 de abril, en el Hospital Municipal se registraron un promedio de 570 personas apuñaladas, abaleadas y quemadas, y más de 350 necropsias practicadas.

El 15 de abril el periódico El Diario publicó un promedio de las pérdidas del 9 de abril. El comercio local perdió 620 mil pesos oro, según las denuncias de robo de los comerciantes ante Fenalco.

Darío observó el centro de la ciudad ardiendo, desde las lomas de Aranjuez, hasta las doce de la noche, momento en el que un aguacero apagó las llamas y refrescó el ambiente.

Medellín, 10 de abril de 1948. Darío bajó a vender los periódicos al centro, como todos los días. Pregonaba los titulares de la primera página de El Colombiano como parte de su rutina diaria. Se puso una camisa blanca ese día. Ya se había acostumbrado a evitar vestirse de rojo y de azul para evitar problemas cuando estaba tomando trago. No lograba olvidar las imágenes del centro ardiendo unas horas antes y de los saqueos que presenció cuando se dirigía a su casa el día anterior. Ahora solo veía vitrinas rotas e incertidumbre.

“Lleve El Colombiano por $0.10”… “GOLPE COMUNISTA. Los liberales fueron víctimas de premeditado engaño comunista”, “El Gobierno Controla la Situación en Todo el País”, “Los Jefes Liberales Ofrecen Apoyo a Ospina Pérez”, “Sangrientamente se Cumplió la Consigna Roja Contra la Conferencia Panamericana”, “Gaitanistas y Comunistas Saquearon Ciudades y Almacenes”, “Gaitán, Víctima del Comunismo”, “Sevicia, destrucción, incendios y pillajes de gaitanistas comunistas en Medellín”, “Un Comunista fue el Asesino del Jefe del Partido Liberal”, “El Comunismo tenía preparado el asesinato del doctor Giaitán”, “Destrucción en Bogotá. El Siglo víctima de los comunistas”, “Ruptura de relaciones con Rusia”.

 

Cronología de una noticia histórica

Rómulo Guzmán fue una de las voces que informó a Colombia sobre los hechos del 9 de abril de 1948. Esta es una transcripción del minuto a minuto de la emisión extraordinaria de la emisora Nueva Granada. (Tamado del libro Patricios o asesinos de Gilberto Zapata Isaza)

Extra! Extra! El doctor Gaitán acaba de ser herido gravemente, las noticias son alarmantes, pueden ocurrir graves hechos en la capital… sentamos nuestra enérgica protesta…

Extra! Extra! Acaba de ser herido Gaitán. ¿Cómo describir el estupor momentáneo que nos embarga a todos?

Extra! Extra! La multitud acorraló al asesino y lo golpeó violentamente. La policía trata de salvarlo.

Extra! Extra! Una gran multitud enfurecida grita “Sangre y fuego”, “Sangre y fuego”. La consigna de Jorge Antonio Montalvo para acabar con el liberalismo.

Extra! Extra! Arrastraron el cadáver del asesino por toda la avenida séptima. Crece la ola de gentes. Millares de hombres y mujeres lloran a Gaitán y llegan armados de palos y machetes.

Extra! Extra! Numerosos choques se han presentado. Vitrinas rotas. El cadáver del asesino es llevado por la multitud y lanzado a las gradas del capitolio completamente triturado a golpes.

Extra! Extra! A la una y quince minutos de la tarde dejó de existir el jefe único del partido liberal y caudillo del pueblo colombiano, doctor Jorge Eliecer Gaitán; en la clínica fueron inútiles los esfuerzos por salvarlo.

Extra! Extra! Varios edificios han sido incendiados por la multitud enfurecida. Arde el Palacio de Justicia “Sangre y fuego”, “Sangre y fuego”.

Extra! Extra! Los presos se amotinaron y los guardianes abandonan sus puestos para sumarse a la revuelta.

Extra! Extra! La Policía Nacional se ha amotinado. Se mezcla con la multitud que se dirige al palacio de San Carlos a pedir la renuncia de Ospina Pérez. Laureano Gómez, Ministro de Relaciones Exteriores, es buscado por la multitud enfurecida, “Sangre y fuego”.

Extra! Extra! El periódico El Siglo es atacado, la turba multa se lo toma, lo incendian. Estallan peligrosamente objetos en su interior que produce el derrumbe de sus muros y acelera el incendio. Hay peligro en Bogotá, sus calles empiezan a verse llenas de cadáveres. El Siglo es un arsenal de “Sangre y fuergo”.

Extra! Extra! El Palacio Arzobispal es atacado.

Extra! Extra! Luchan en las calles de Bogotá la turba y el ejército. Ha sido un ataque y dispara sobre la multitud y no retrocede. Los muertos son muchos. Arde la plaza de San Vitoriano. Son asaltadas las joyerías centrales, los almacenes. Se pide la renuncia de Ospina, la entrega del poder, “Sangre y fuego”.

Extra! Extra! Más de doscientas mil personas han llegado hasta el palacio de San Carlos. Las ametralladoras apostadas en el capitolio vomitan fuego. Han surgido dirigentes de la turbamulta que organizan la batalla.

Extra! Extra! Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, Plinio Mendoza Neira, pugnan por llegar al palacio de San Carlos; cruzan la Plaza de Bolívar poniendo en peligro sus vidas. Levantan pañuelos blancos en señal de que suspendan los disparos, llegan al palacio… van a pedirle la renuncia a Ospina Pérez… calma… calma que dentro de poco se sabrá el resultado de las conversaciones con Ospina.

Extra! Extra! Por la entrada cochera un grupo de numerosas personas están a punto de derrumbar la pesada puerta para entrar al palacio. Está en peligro Ospina. Se derriba la puerta. Por allí entran los amotinados. El pueblo quiere a Ospina, pide a Montalvo, reclama a Laureano Gómez… ¡Sangre y fuego! La puerta es golpeada con fuerza, le dan con gruesos troncos, empieza a ceder… está el pueblo a punto de tomarse el palacio. Ospina será colgado.

Extra! Extra! Alguien les ha informado que los jefes liberales han logrado entrar al palacio. Que Ospina renunciará y será encargado el ministro de gobierno, un liberal y suspenden el ataque.

¡Atención! ¡Atención! Ospina será obligado a renunciar.

¡Atención! Una junta manejará el país.

¡Atención! Nada se sabe de los jefes liberales que están con Ospina. Las comunicaciones están interrumpidas.

¡Atención! ¡Atención! No disparar sobre el palacio de San Carlos pues podría peligrar la vida de nuestros jefes que negocian la entrega del gobierno al liberalismo.

La multitud delirante canta el himno nacional, canta la Marsellesa. Enarbolan machetes, llevan hachas, escopetas, picos, carabinas. Todos los almacenes son asaltados.

¡Atención! ¡Atención! A marcha forzada que enuncia que llegan refuerzos del ejército.

Extra! Extra! Atención, atención… Extra… y las voces se van acallando, silenciando en una agonía amenazadora.

 

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