El veterano que regresa a una “guerra olvidada”

Hablar de Corea significa para don Jairo Alberto Suaza emprender un viaje de 60 años hacia el pasado, cuando sus mandos en el ejército lo sorprendieron con una noticia preocupante. Debía embarcarse hacia una península desconocida al otro lado del mundo para defender una causa ajena, impedir la expansión del comunismo en Corea del Sur.

A principios de los años 50, el actual veterano de guerra hizo parte de los 4.314 hombres del Batallón Colombia que se enlistaron bajo el mando de las Naciones Unidas e hicieron parte del primer conflicto armado de la guerra fría. Colombia fue el único Estado de Iberoamérica que envió un ejército para apoyar la lucha occidental contra el comunismo de oriente.

Son comunes las historias de soldados y hasta civiles voluntarios que se motivaron por el deseo de aventura y gloria en un conflicto de dimensiones internacionales, pero a muchos de los combatientes colombianos, incluido don Jairo, se les dio la orden irrevocable de asistir, porque de lo contrario su carrera militar podía terminarse. Él y otros 122 hombres que recuerda hacían parte de este grupo.

“Antes de Corea, hablé con todo el mundo, con personas conocidas mías pero la orden era cerrada para los 123, era no licenciar a nadie, de manera que era completamente negativo y fue negativo porque no hubo chance. Lo que me aconsejaban era que desertara, pero yo no era un niño y como hubo soldados que sí desertaron en Cartagena…”

Un matrimonio con cinco hijos pequeños era la principal preocupación que le angustiaba en ese momento al emprender un viaje con regreso incierto. Por cercanía hubiese preferido quedarse controlando el orden público en los llanos orientales, pero las circunstancias lo llevaron a vivir una intensa experiencia como parte del Estado Mayor del Batallón Colombia en labores de inteligencia en Corea.

El desarrollo de sus funciones no lo diezmó durante el conflicto, en el que hubo 163 soldados muertos, 448 heridos, 28 prisioneros canjeados y 47 desaparecidos, pertenecientes al Batallón Colombia. La tropa nacional arribó a Corea a mediados del año 1951, y los colombianos participaron en varias operaciones importantes dirigidas por Estados Unidos contra acciones guerrilleras norcoreanas.

Algunas de las batallas más recordadas son la Operación Nómada, la Old Baldy, prolongada durante diez días, y los enfrentamientos en los cerros 180 y 400. Respecto a estas misiones y operativos don Jairo menciona que “los soldados estaban muy preparados para eso y siempre ganaban uno o dos…lo que era el batallón Colombia siempre cogía dos o tres en cada operación”, rememora don Jairo Alberto.

Transcurridos cerca de seis decenios desde su participación en la llamada “guerra olvidada”, una de las que menos se ha escrito, el veterano conserva a sus 94 años, recuerdos vivos de este episodio. Muchas fotografías y una envidiable memoria le permiten traer a cuento cuál era su itinerario de operaciones, la cercana relación entre su división y la tropa puertorriqueña, anexa al ejército americano, así como la forma en que eran atendidos y remunerados durante la guerra. El pago lo recibía en “dólares de guerra” y su alimentación y sostenimiento eran suministrados por Estados Unidos. En una crónica de la época, Gabriel García Márquez menciona que “cada soldado colombiano en Corea devengaba 39,50 dólares mensuales”.

A su regreso de la guerra cambió parte del dinero recibido y solo recuerda haber obtenido un diploma en idioma inglés que certifica su participación. Con el paso del tiempo perdió contacto con aquellos militares que compartieron junto a él la experiencia de Corea, pero actualmente se encuentra afiliado a la Cooperativa de Militares Retirados de Antioquia, donde hay, según uno de sus coordinadores, cinco veteranos del conflicto coreano afiliados.

Pese a que se ha hecho una leve mención y algunos honores recientes a varios veteranos colombianos del conflicto, la atención por parte del gobierno nacional no ha sido suficiente. Al momento de indagar por los beneficios a los que tienen derecho los veteranos de guerra en Colombia, la respuesta es que de acuerdo a la ley 683 de 2001, quien reclame la pensión que el gobierno otorga, debe certificar un estado de “indigencia”.

Desde la Asociación de Veteranos de la Guerra de Corea (Adeveco) se ha intentado establecer una red con los descendientes de los partícipes de la guerra para ofrecerles oportunidades laborales y educativas en el país donde ayer combatieron sus padres y abuelos. El gobierno surcoreano y multinacionales de dicho país han abierto también convocatorias y estímulos para esta población.

De parte de Estados Unidos se brindaba también, según la esposa de don Jairo, la facilidad para que los veteranos ingresaran a este país e incluso fijaran una residencia. Pero quienes no volvieron a salir de Colombia tras su regreso de Corea y han necesitado apoyo del gobierno nacional se han sentido olvidados como la guerra en la que lucharon.

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