Una voz que nace en la cárcel

Iván Gutiérrez  sabe de cárceles. Habla en profundidad sobre el Complejo Penal y Penitenciaro El Pedregal. “Es una cárcel hecha para 1.500 hombres y ya tiene 1.700”. El Pedregal, entregado en 2010, ayudaría a solucionar el hacinamiento de la cárcel Bellavista. En ese momento se pasó de 6 mil internos a 5 mil. Hoy hay 8 mil internos en Bellavista y sobrecupo en El Pedregal.

“La solución no es crear cárceles. La solución es que el que está interno no vuelva a la cárcel y que el que está afuera delinquiendo no tenga que hacerlo, para que no llegue allá”, dice Iván Gutiérrez. A parte de haber estado preso por el delito de lavado de activos, hoy es el director de la Corporación Pro Internos y sus Familias de Colombia (Corpifamco), una fuente recurrente para hablar sobre las cárceles y los Derechos Humanos de los internos.

De estudiante a preso

Iván Darío estudiaba Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Antioquia. En medio de su carrera consiguió un empleo como “Jefe de Comunicaciones, Relaciones Públicas y Seguridad” de un empresario de vuelos chárter en Medellín. “Faltándome un semestre para terminar la carrera, me vinculo a trabajar del todo con él”, dice Gutiérrez.

Un día cualquiera, el jefe le pidió que le recibiera un dinero del exterior. Seguro de que el dinero no provenía de fuentes legales, pero tranquilo por las relaciones públicas que su jefe tenía con autoridades locales y regionales, aceptó la propuesta y de ahí en adelante siguió recibiendo dineros. “Eran giros de 5.000, 10.000 dólares, que me llegaban de muchas partes”.

Un día cualquiera se le apareció una fiscal a su jefe y le pidió 200 millones de pesos para que la investigación que le tenían “no progresara”. El empresario entregó el dinero y según Iván, la fiscal, adicionalmente, le pidió 100 millones de pesos prestados. El jefe se los prestó y ella aseguró que en una semana se los entregaría. Seis meses después Iván encontró a la fiscal en un centro comercial y tras solicitarle que pagara el dinero, ella, con miedo, le dijo que pasara al otro día.

Así lo hizo. “Cuando fui reclamarlo, ella puso una denuncia por extorsión”, dice Iván. Fue acusado de extorsión, concierto para delinquir con fines de narcotráfico y enriquecimiento ilícito.  Lo mínimo que le esperaba eran 35 años. “Mi jefe nunca estuvo detenido. Está prófugo”.

De reo a defensor de Derechos Humanos

Iván pudo defenderse y aclarar su inocencia, pero el lavado de activos sí lo llevó a Bellavista. Estuvo 15 meses en la cárcel. Allí hizo parte de la Mesa de Paz, Convivencia y Derechos Humanos y jalonó procesos como el de evitar el tacto vaginal a las visitantes. Iván conoció la ley e hizo valer sus derechos y los de sus compañeros.

La fiscal que le debía dinero a su jefe fue asesinada. Lo llamaron a declarar, pero había cerca de nueve hipótesis diferentes. “La señora como que había hecho eso con mi jefe y otros más”, dice.

Estuvo en el Pabellón de Máxima Seguridad. Al ser menor la población en este espacio de Bellavista, el control es mayor, al igual que las garantías y la comida. Cuando el INPEC iba a trasladar a los presos de máxima seguridad, volvió a alzarse la voz de Iván. “De un bolillazo me rompieron la nariz en dos. Nos agarramos con la guardia, eso fue un caos”. Después de esos hechos lograron una mesa de concertación con el director nacional del INPEC para que los internos fueran enviados a cárceles de pueblos. “Yo sabía que había internos que si los mandaban a Bellavista los mataban”.

Iván Gutiérrez fue trasladado a Yarumal, donde también alzó su voz por la mala alimentación que ofrecían. “No cumplían con el gramaje establecido por el INPEC y en ese frío allá es muy complicado”. Según cuenta, era una clara muestra, de muchas, de corrupción en este centro penitenciario. Al mes, Iván cumplió su condena y nació Corpifamco.

Hoy ayuda a los internos y a sus familias. Recuerda que en la navidad de 2009 llevó 3.500 hijos de internos al Parque Norte. “Fue un día muy especial para ellos, pues la mayoría son de escasos recursos”. Dice que gracias a la cárcel pudo desligarse del narcotráfico. “Si no hubiera sido por eso, de pronto estaría en ese mundo, o condenado por un delito mucho más grave, o estaría extraditado, o ya uno no sabe, hasta muerto”.