Asistencia médica carcelaria: ¿En detrimento de los internos?

Tayson estaba preparado. En su celda tenía listo el botiquín: la toalla, los trapos, el agua, el papel higiénico y unos brazos fuertes. En cualquier momento Berni, un compañero del patio 16, llegaría para deshacerse de cierta incomodidad en el cuerpo, una que otra protuberancia llena de pus, esas a las que se les conoce como nacidos.

Antes de ir a su celda, Tayson les recomendaba a los internos que fueran aseados. Cuando llegaban procedía a hervir el agua con electrodos, luego mojaba un trapo con el agua caliente y limpiaba la zona donde estaba el nacido. En este caso, la nalga derecha de Berni.  Posteriormente enrollaba una toalla, que funcionaba como un silenciador de gritos. Berni se quejaba y babeaba la toalla. Tayson apretaba para sacar la pus, que luego limpiaba con trozos de papel higiénico.

“El que saca los nacidos”, como muchos lo conocían en la cárcel Bellavista, ingresó al penal el primero de diciembre del 2010 a cumplir una condena de 28 meses por inasistencia alimentaria. Este hombre de 36 años, nacido en Andes, tiene un aspecto corpulento y la cabeza rapada, que fueron suficientes  para que sus compañeros lo apodaran Tayson.

Tener un nacido en la cárcel no es una razón de peso para ser atendido por un médico. “No es urgencia, una intoxicación o una infección urinaria”, dice Tayson. Por eso, su celda se convirtió en el alivio de quienes tenían que vivir con esa infección sin ser atendidos. Comenzó ayudando a Berni, y desde entonces, quien tuviera un nacido ya sabía donde ir.

Lo suyo era  “algo suave” en comparación con los graves casos de inasistencia médica que vivió y fue testigo: Un compañero tenía un tumor. Constantemente vomitaba sangre y solo lo atendían cuando tenía mucha hemorragia, se la controlaban y después lo devolvían a la celda. Nunca lo trataron. Tiempo después murió.

En mi caso me intoxiqué muchas veces y una vez me dio una infección urinaria y para que a uno lo atiendan hay que ir primero donde está el encargado del patio, que es un distinguido del INPEC. Después, él avisa a Sanidad y averigua si hay camillas y tiempo para atender. En mi caso, a los 15 días pude ir y se demoraron más de 5 horas en atenderme. En todo ese tiempo me aguanté la piquiña y el malestar. Después, cuando me enfermé por colesterol o algo así por ese sebo de las sopas, me mandaron dieta, qué risa, no comía sino avena que era lo único que daban allá diferente al grasero”.

D e acuerdo con el decreto número 1141 de 2009, la entidad responsable de la atención en la salud en las cárceles colombianas es Caprecom. Esta entidad contrató a la IPS pública Metrosalud para prestar los servicios de primer nivel en los establecimientos del Valle de Aburrá; sin embargo, la IPS solo prestó el servicio entre el 1 de agosto de este año y el 20 de septiembre..

“Se venían presentando amenazas aisladas al personal de salud, pero el 29 de septiembre recibimos un panfleto de parte un grupo armado en el cual nos declaraban como objetivo militar”, afirma Cecilia Taborda, directora operativa de mercadeo y desarrollo de servicios de Metrosalud.

El abandono y la mala atención a los internos han sido denunciados ante la Procuraduría y la Personería. El 26 de agosto de este año, familiares de los presos marcharon para exigir un mejor servicio, debido a algunas muertes que se han presentado, según ellos, por negligencia médica.

“El aseo y el hacinamiento son paupérrimos, yo me lavaba los pies con límpido para que no me dieran hongos. A los de tuberculosis los aislaban, pero no les dan cama, dormían en cartones y periódicos, les llevan la comida en bolsas, no les permitían visitas. Eran 13 en un solo calabozo”, recuerda Tayson.

Taborda asegura que el hacinamiento se evidencia en los tipos de enfermedades: enfermedades de la piel, enfermedades asociadas al estrés, enfermedades osteomúsculares e intoxicaciones por alimentos, que congestionan la prestación del servicio.

Otra de las razones que dificulta la atención médica, según la directora, es el desplazamiento hasta el área de sanidad, pues el interno debe solicitar una serie de permisos formales que corresponden a la guardia del INPEC y otros no formales que corresponden a las jerarquías y estructuras de poder que se crean en los patios, esto implica, en ocasiones, dar dinero para poder llegar al área de sanidad.

Ante la renuncia de Metrosalud, Caprecom asumió de nuevo la atención médica en los establecimientos penitenciarios y carcelarios del Valle de Aburrá. No obstante, los internos continúan manifestándose ante el mal servicio de atención a la salud.